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¿Una nueva Doctrina?
El “Arte de la Guerra” es uno solo desde Karl Von Klausewitz
a Sun Tzu, la continuación de la guerra por otros medios, un juego que no
reconoce empates, teniendo en cuenta a los contendientes, el medio y las
circunstancias. Estas consideraciones valen tanto para el combate entre dos
personas, entre grupos de personas, como entre ejércitos o entre ejércitos y
guerrillas.
Estados Unidos está aparentemente
fundamentando su estrategia militar contra los Talibanes y al Qaeda en una
nueva doctrina denominada Doctrina para Operaciones Conjuntas, según Michel
Gordon del New York Times. Todo
indica que es una doctrina creada para combatir a guerrillas distribuidas en una gran área pero bien refugiada y
con profundo conocimiento del terreno, casos Viet Nam, Somalia, las FARC en
Colombia y ahora contra los Talibanes y los seguidores de Osama ben Laden en
Afganistán.
Atacar
a éste tipo de enemigo mediante doctrinas convencionales, por ejemplo como
hizo Rusia en Afganistán a lo largo de 10 años con divisiones motorizadas
instaladas en el terreno, no demostró ser aconsejable: perdieron 15.000
soldados, tuvieron centenares de miles de heridos y finalmente tuvieron que
retirarse derrotados.
Golpeo y me voy
La
doctrina parece “a priori” adecuada y de mínimo riesgo en término de pérdida
de vidas humanas aunque pueda parecer demasiado lenta y enervante. Consiste
en mantener al enemigo confuso y en desestabilizarlo con muchos golpes
rápidos, aguijonazos dolorosos no necesariamente letales, sin darle la
oportunidad de responder a los ataques. Algunos medios han impuesto un
neologismo designando al actual procedimiento militar como incursiones “Hit_and_Run”, golpeo y me voy. Para ello,
necesitan primero disponer de un control absoluto del espacio aéreo, un
“cielo limpio” de presencia enemiga. Luego, sobre la base de golpes comando
de paracaidistas en dos niveles, primero en muy pequeños grupos de hasta 5
soldados del tipo “Boinas Verdes”, que básicamente acopian inteligencia y a
lo sumo aprovechan militarmente alguna “ “puerta abierta”, seguido de Rangers
en grupos de hasta 100, que son los que asestan el golpe.
Para
Gordon, ésta estrategia podría significar para los Talibanes y al Qaeda el
“Fin del Comienzo”, parafraseando a Winston Churchill, el conductor de
Inglaterra en la Segunda Guerra Mundial. El manual mencionado, que habría
sido terminado justamente un día antes del atentado, cita a ésta etapa como
de “toma de la iniciativa”, sin abandonarla hasta que el enemigo ya no atine
a defenderse, etapa denominada de “Culminación Defensiva”.
Todo combate es enfrentamiento de doctrinas
Ahora
bien, siempre ocurren los imponderables, lo que al ser humano acorralado se
le ocurre para sobrevivir o si está absolutamente dispuesto a morir para
arrastrar al “más allá” a la mayor cantidad de sus enemigos. Entre los
imponderables están la imaginación y la paciencia ante la adversidad
manifiesta. Es reconocido el arrojo de los Talibanes y de los seguidores de
Osama ben Laden, pero eso no demuestra que son soldados eficaces, sino a lo
sumo que cumplen con creces uno de los requisitos del buen soldado: morir con
dignidad. Además de eso, un buen soldado debe ser imaginativo, infinitamente
paciente y no sucumbir a la desmoralización del desangramiento lento y
continuo, aprender a vivir con la frustración de no poder infligir bajas al
enemigo, pasar hambre y penurias, presenciar deserciones y vivir en continua
vigilia temiendo ser apresado sin permitírsele morir.
Interrogantes
Cabe
entonces que nos hagamos las siguientes preguntas: ¿Cuán eficaces pueden
llegar a ser estos guerrilleros?. ¿Qué pasaría, se pregunta Gordon y nos
preguntamos nosotros, si el enemigo se acostumbra y mejora sus defensas?.
¿Qué pasa si el enemigo decide ignorar esos ataques y decide incluso dejarse
“acorralar”, comportándose como ente pasivo ante la estrategia de
acorralamiento progresivo, reservándose para una lucha-holocausto final?.
¿Qué pasa si el enemigo decide contraatacar por sorpresa en otro lado?. ¿Qué
pasa si en éste caso sobreviene un sublevamiento popular en Pakistán.
La
doctrina parece apropiada para combatir a bandas de delincuentes y de
delincuentes-guerrilleros y existen sobradas experiencias de su éxito en
acorralamiento de delincuentes urbanos pues es en esencia muy similar a la
planteada por las fuerzas de seguridad pero no pude predecirse un éxito
seguro contra fundamentalistas religiosos o contra soldados que ansían morir
para cubrirse de gloria. Por otra parte, ésta estrategia necesita tener como
“telón de fondo” bombardeos, lo que contribuye a crear una escalada
internacional de anticuerpos de rechazo al operativo.
Finalmente,
si los Talibanes y los seguidores de al Qaeda no son tan buenos soldados como
se a dado en suponer, es probable que la doctrina los haga salir de sus
refugios y puedan ser llevados a su juzgamiento como aspira el Presidente
George W. Bush. Mucho dependerá de los tiempos: si se apuran las acciones
antes del comienzo del Invierno o si se espera al fin del Invierno. Creemos
que en el primer escenario, con la Coalición firmemente dispuesta a atacar,
el tiempo conspira en contra de los Talibanes y al Qaeda, pero si congelan el
ataque final para el fin del Invierno, el tiempo conspira en contra de la
Coalición.
La Situación en Pakistán, contexto crítico
En
función de nuestros estudios previos y en el criterioso análisis realizado
por Tod Robberson del Dallas Morning News, la continuidad de los
bombardeos de la Coalición contra Afganistán está debilitando día a día en
forma alarmante la ya precaria situación del gobierno de Pakistán presidido
por el General Pervez Musharrat. Ya el Lunes pasado Musharrat le transmitió a
Colin Powell literalmente: “lo que deban hacer háganlo pero lo más rápido
posible” y en particular le pidió que se suspendieran los bombardeos.
Al
respecto, dice Robberson: el 87% del pueblo Pakistaní quiere que se detengan
los bombardeos y la cúpula militar, los cuadros intermedios y soldados, más
los oficiales de inteligencia han transmitido a Musharrat que opinan que el
pueblo tiene razón. El General retirado Mirza Aslam Beg, ex Comandante en
Jefe de las Fuerzas Armadas pakistaníes le transmitió a Musharrat que se
estaría llegando al límite de la tolerancia y que pese a que aún el
“generalato” lo apoya (a Musharrat) los cuadros medios e intermedios dicen
que esto es un enfrentamiento entre El Islam y Occidente y que apoyan el
sentimiento del pueblo de Pakistán.
En
general reconocen que Estados Unidos está en su derecho de represalia pero
exigen que lo haga en forma rápida. Por otra, parte no hay que olvidar que la
inteligencia pakistaní es simpatizante de los Talibanes.
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