Globalidad – Segunda Parte
Juan Chamero, Editor Jefe de aunmas.com, 17 de
Septiembre 2001

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Introducción Es
realmente muy difícil tratar de encontrar un credo común entre los distintos
grupos que se oponen al actual sistema económico dominante y en particular a
la Globalización. Por otra parte, como ya hemos analizado en nuestro artículo
Globalidad - Primera Parte, están
apareciendo grupos menos radicalizados aunque no por eso menos firmes, que
sustentan que el problema no reside en la Globalización sino en su mal
aprovechamiento. Un Mundo Justo Un mundo más justo, es
sin lugar a dudas el tema central al que absolutamente nadie puede dejar de
considerar. A su manera, las grandes corporaciones, también lo pretenden pero
de la boca para afuera. Los
defensores del neocapitalismo y los grandes ejecutivos de las grandes
corporaciones internacionales están íntimamente convencidos, aunque se cuidan
de decirlo públicamente, de que el que queda fuera del sistema y cae en la miseria
es porque es realmente inferior, no está bien preparado para la lucha por la
vida en las actuales condiciones. Lo realmente cierto y
alarmante es que de los 6.000 millones de personas que habitamos éste planeta
1.200 viven con menos de un dólar diario y que la tasa de “presión social”, definida como la relación entre los que más ganan a los
que menos ganan dentro de una economía nacional, está adquiriendo niveles
alarmantes para prácticamente todas las naciones de la tierra incluso las
altamente desarrolladas. Si en un país altamente
desarrollado, los ejecutivos ganan en promedio 10.000 dólares al mes y la
gran masa de la clase media de la PEA, Población Económicamente Activa, gana
digamos 1.000 dólares mensuales, hay una presión social de valor 10 fuerte
pero soportable en la medida que en el nivel inferior se puedan satisfacer
las necesidades básicas con esos 1.000 dólares. Pero si por el contrario,
tenemos un país en el que los ejecutivos ganan en promedio 10.000 dólares
mensuales y la “clase media” se ha convertido ya en una “clase pobre” por
ganar 100 dólares mensuales, hay una presión social prácticamente
insoportable de 100 a 1 y esto se agrava aún más si con esos 100 dólares no
se pueden satisfacer las necesidades humanas básicas. Creemos que el ser humano
es intrínsecamente desigual en cuanto a sus aspiraciones no en cuanto a sus
talentos y no habría problema en que unos pocos acumulen demasiado capital en
la medida que todos, absolutamente todos, puedan satisfacer sus necesidades
básicas. La condonación de la Deuda Externa Les sugerimos ver nuestro ensayo sobre
el tema. La conclusión, es que es absolutamente imposible de pagar de no
cambiar las actuales reglas de juego de la distribución de la riqueza en el
mundo. Consideramos que hay
que pagar la Deuda Externa pero para ello hay que crear fuentes de trabajo.
Sin trabajo hay miseria y a la larga genocidio, no solo para los desamparados
sino para los ricos, pues el sistema deja de ser sustentable y muere, no hay
consumo y el capital deja de generar más capital. Con trabajo hay vida,
dignidad y ahorro, para pagar las deudas primero y para crecer en segunda
prioridad. Hay que imponer
limitaciones al crecimiento del capital a costa de vitalidad El concepto de capital ya
está instaurado en nuestras culturas y no tiene demasiado sentido hablar de
antinomias capital - trabajo. El capital ya sea real o virtual o de
intercambio es una realidad necesaria. Lo inadmisible es que crezca a costa de
vitalidad y a la larga de vidas. El crecimiento del capital a costa de
vitalidad paralizará a la vida en la tierra y eso es lo que se conoce como
“capitalismo salvaje”. Han aparecido ideas
interesantes para limitar al menos su especulación irracional yendo de allá
para acá destruyendo fuentes de trabajo locales. Una de las más interesantes
es la propuesta por el premio Nóbel de Economía James Tobin en el año 1972,
conocida justamente como “Tasa
Tobin” y promovida por ATTAC. Lo realmente interesante y de futuro es
que sería la semilla de un nuevo sistema de fiscalización internacional y a
la larga, de redistribución de la riqueza. Es éste un claro ejemplo de lucha
pacífica con posibilidades de crecimiento sostenido. Desdichadamente, las organizaciones antisistema
consideran a las Organizaciones Internacionales que canalizan y ordenan la
actividad económica y comercial internacional son el principal enemigo.
Creemos que es un enfoque incorrecto. Esas organizaciones hacen lo que
pueden. Las soluciones no van a venir de esas organizaciones hacia las
naciones sino desde las naciones hacia las organizaciones internacionales. Son los Estados Nacionales
los que tienen que reaccionar El verdadero poder de control sigue estando “todavía”
en manos de los Estados Nacionales aunque hay que reconocer que hay una
tendencia a pasar a manos de las grandes corporaciones. En las democracias
hay que luchar políticamente para regular la acción de la economía desde sus
gobiernos. Veamos lo que ocurre en nuestra región. Nuestros gobiernos tienen
enormes e impagables Deudas Externas. Para seguir pagando sus servicios piden
y piden vendiendo hasta “las joyas de la abuela”, endeudándose más y más,
pero para seguir mal usando los créditos recibidos, sin siquiera tomar
medidas económicas internas radicales. Al no tomarlas, están alimentando
soluciones “radicalizadas” desde el seno de sus pueblos. La Protección del Medio Ambiente, del Desarrollo
Sustentable y de los Derechos Humanos forman parte de la estrategia de lucha
pacífica con posibilidades de crecimiento sostenido y de éxito. Una semilla
en la protección del medio ambiente son las medidas acordadas en la Cumbre de
Kioto, si bien son insuficientes para
evitar el calentamiento global del planeta. Los Derechos Humanos
en cambio peligran, sobre todo si desgraciadamente entramos en una nueva
guerra planetaria. Estados Unidos, país líder en esos derechos, podría
sentirse inclinado a amordazarlos por cuestiones de seguridad, creando un
clima de desconfianza y de segregación de minorías “sospechosas”. Este
comportamiento podría dar señales de vía libre a los siempre latentes grupos
totalitarios y fascistas de la región y del mundo en general, es decir, la
llegada de la hora del sable y del águila sobre el apretón de manos y la
paloma. |