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¿Globalización versus Anti-Globalización? Presentamos tres
puntos de vista sobre la Globalización y sus reacciones en el mundo, que
algunos dan en llamar anti-Globalización. Una, la de Guy
Verhofstadt, Primer Ministro de Bélgica y actual Presidente en ejercicio de la Unión Europea, del
sociólogo Fernando Rojo, columnista del diario El ABC de España y la
invocación del Papa a la pobreza efectiva dirigida a los obispos en el Sínodo
del Tercer Milenio. Creemos que éstas tres opiniones cubren bastante bien el
espectro del conflicto planetario. Hemos puesto nuestras acotaciones en
tipografía itálica de color azul. La Paradoja de la Globalización
Por Guy
Verhofstadt, Primer
Ministro de Bélgica y actual presidente de la Unión Europea. Movimiento antiglobalización: la revolución que viene Por Fernando Rojo, diario el ABC de Madrid Las palabras del Papa Juan Pablo II Comentarios
de un artículo de Elisabetta Piqué, Corresponsal en
Roma del diario La Nación de Argentina Homilía del Papa Juan Pablo II De la oficina de Prensa Vaticana en
Español La
Paradoja de la Globalización
Por Guy Verhofstadt, Primer Ministro de Bélgica y actual presidente de la
Unión Europea. Nota de la RedacciónResulta increíble que una
persona de tan alto rango pueda decir cosas tan inconexas. Se dirige
inicialmente con todo tipo de generalizaciones torpes a los que denomina
“Antiglobalizadores”, metiendo en una bolsa a la mayoría de la humanidad que
no goza de los beneficios de algo indiscutiblemente universal, evolutivo y
positivo como la Globalidad y a los que tilda de derechistas, racistas,
populistas, fanáticos religiosos, incultos, antidemocráticos y deseosos de
retrotraerse a la edad de piedra. Luego de las diatribas
reconoce que la Globalización actual es egoísta y propone una Globalización
Ética y la creación de una entidad internacional superadora del G-8.
Como positivo realiza una autocrítica
al cerrar su discurso refiriéndose a las diferencias existentes entre los
países ricos del Norte y los pobres del Sur, diciendo: “Puesto que en este
aspecto ustedes tienen razón, incluso cuando tengamos las mejores
intenciones, a menudo estamos más interesados en los intereses de una compañía
petrolera multinacional, o de los remolacheros europeos, que de la suerte del
pueblo de Ogoni en el delta del Níger, o los escasos ingresos de los
trabajadores de las plantaciones de caña de azúcar en Costa Rica.” Mensaje a los antiglobalizadores Seattle, Göteborg, Génova...
Miles de personas que salen a la calle a expresar su opinión. Un alivio en
nuestra época postideológica. Si no fuera solamente violencia inútil, hasta
darían ganas de aplaudir. La antiglobalización forma una resistencia
bienvenida en una época en la que la política se ha vuelto estéril, aburrida
y técnica. Esta resistencia es buena para nuestra democracia. Sin embargo, ¿Qué
es lo que realmente quieren decirnos ustedes, los anti-globalizadores? ¿Desean
reaccionar con violencia ante cualquier forma de propiedad privada, como el black
bloc?, o bien, ¿son adeptos al movimiento slow food, un club
mundano que edita lujosos folletos en donde siempre se pregona el consumo de
alimentos correctos en los mejores restaurantes? El principio del mensaje
alcanza casi nivel de grosería. No participamos de la idea del fin de las
ideologías pues ello significaría que el ser humano involuciona. Creemos que
la evolución no se ha detenido, todo lo contrario. La misma globalización es
una ideología, lo que ha ocurrido es que no ha surgido sobre la base de ideas
fuerza sino que ha sido el resultado de una acción conjunta y sinérgica del
crecimiento, del neocapitalismo y de la alta tecnología. Es decir, no surge
del crecimiento, ni del capitalismo ni de las motivaciones científicas que
impulsan la alta tecnología sino de la sinergia de su acción conjunta. ¿Qué hay repentinamente de
malo en la globalización? Hasta hace poco, incluso los intelectuales
progresistas alababan el comercio mundial, que va a llevar prosperidad y
bienestar a países en los cuales antes sólo había pobreza y recesión. Y con
razón. La práctica nos muestra que cada porcentaje de apertura extra en la
economía de un país hace aumentar en un 1% el ingreso per cápita de su
población. Esto explica la riqueza de los habitantes de Singapur, en agudo
contraste con la pobreza en la economía cerrada de Myanmar. No se ponen en tela de
juicio las ventajas macroeconómicas de la Globalidad. Lo que se cuestiona es
la distribución de sus beneficios. Puede demostrarse y vamos a intentarlo en
nuestra próxima entrega, que incluso sin reacción violenta, la Globalización
sin distribución justa lleva a la larga al colapso de la economía mundial. Hasta la cumbre de
Seattle, la mundialización no era un pecado, sino una bendición para la
humanidad. Un enorme contraste con la extrema derecha que seguía insistiendo
acerca de la pérdida de identidad. Sin embargo, desde entonces, ustedes
reniegan de la globalización como una especie de peste bubónica que solamente
siembra pobreza y ruinas. Naturalmente que la globalización, el hecho de sobrepasar las fronteras
puede decaer rápidamente en egoísmo sin fronteras. Para el occidente
rico, el libre comercio es evidente, aunque de preferencia a productos que no
afecten su propia economía. Nada de azúcar de países del Tercer Mundo. Nada
de textiles o confecciones de África del Norte. Allí ustedes, los
antiglobalizadores tienen razón. El comercio mundial anunciado a voces tan
altas, por lo general se trata de un tráfico en un solo sentido: desde el
norte rico hacia el sur pobre, y no a la inversa. ¡Al fin ataca la raíz del problema!. Insistimos que el rótulo de
antiglobalizadores es reduccionismo. Yo me considero un “globalista”, opuesto
al egoísmo del actual proceso de globalización liderado fundamentalmente por
las grandes concentraciones de capital en unas pocas corporaciones gigantes.
Aunque
también veo contradicciones en vuestra manera de pensar. Ustedes están en
contra de las hamburgueserías estadounidenses, contra la soja genéticamente
manipulada por consorcios multinacionales, contra nombres de marcas mundiales
que determinan el comportamiento de compra. Para algunos de vosotros, todo
debe volver a la pequeña escala. Debemos volver a los mercados locales, a las
comunidades locales. ¡Pero no cuando se trata de migración! Entonces la globalización
se convierte en objetivo. Enormes masas de exiliados que deambulan por las
fronteras de Europa y Norteamérica y que se quedan admirando los escaparates
de la sociedad de consumo. Millones de ilegales que viven como parias
exiliados en las condiciones más míseras esperando poder coger aunque sea
unos granitos de la riqueza occidental. ¿No es precisamente la falta de libre
comercio e inversiones lo que les obliga a huir hacia occidente? Por otra parte, ustedes
también son partidarios de la tolerancia con respecto a diferentes formas de
sociedades y estilos de vida. ¿No creen que es gracias a la globalización que
actualmente vivimos en una sociedad multicultural y tolerante, que hace
posible todo esto? Yo
pensaba que eran solamente los conservadores los que ensalzaban el pasado, o
la extrema derecha que jura por su propia raza, o fanáticos religiosos que
idolatran la Biblia o el Corán, los que sentían nostalgia de las intolerantes
sociedades locales de antaño. ¿Qué quiere el Ministro
que haga la gente?. ¿ Morirse de hambre en sus localidades desbastadas?. Se
huye hacia los lugares privilegiados de Occidente para poder sobrevivir. Los
globalizadores o mejor dicho la gente que goza de los beneficios de la
globalidad conforman una sociedad multicultural y tolerante. Los que se
mueren de hambre son de hecho tanto o más mul;ticulturales aunque
obligadamente son más intolerantes ante las desigualdades porque las
desigualdades que les toca sufrir son enormes. Los pueblos que hoy pasan
hambre no quieren volver al pasado, ni a la Edad Media ni al Renacimiento ni
al Paleolítico Inferior sino que van a apoyar a los que aún de palabra les
comunican esperanzas de una vida mejor. De nuevo se expresa el Sr. Ministro,
investido de Presidente de la Unión Europea, de una forma muy peligrosa,
presentando a los que se oponen a la globalización injusta como de extrema
derecha, racistas, o fanáticos religiosos. No se puede poner en una misma
bolsa a bin Laden y al Papa Juan Pablo II. De esta manera, y aunque
no lo experimenten así, muchos de los antiglobalizadores avanzan
peligrosamente en la dirección de la extrema derecha o populista, con la
diferencia de que los primeros están en contra de las multinacionales debido
al presunto perjuicio que provocan al sur, mientras que la extrema derecha,
como Le Pen en Francia, condena a las multinacionales porque desea que la
economía nacional siga en manos nacionales. A menudo, ustedes plantean las preguntas correctas. Sin embargo, ¿presentan
ustedes las respuestas correctas? ¿Quién puede desmentir las modificaciones climáticas y el
recalentamiento de la tierra? ¿Pero no es menos cierto que la única manera de
hacer frente a ello es mediante acuerdos globales a escala mundial? ¿Quién no
ve la utilidad del libre comercio mundial para los países pobres? ¿Pero esto
no exige normas sociales y ecológicas globales? Veamos por ejemplo la inmoral
especulación contra las monedas débiles, como ocurrió hace unos años con el
peso mexicano, o el ringgit en Malaisia. ¿No es menos cierto que es gracias a
las zonas monetarias más grandes, es decir, la globalización, que se puede
hacer frente a la especulación? Porque especular contra el dólar o el euro,
asusta a los especuladores más que cualquier impuesto. En cualquier declaración
de técnicos y científicos sobre Desarrollo Sustentable hay propuestas
concretas para resolver los problemas ecológicos de una forma sensata y para
el bien de todos. Vaya a los informes de la FAO, de la UNCTAD y encontrará
centenares de propuestas inteligentes y bien fundamentadas con sólidas
estadísticas. Creo que no tiene sentido
estar a favor o en contra de la globalización sin espíritu crítico. Sin
embargo, la pregunta es más bien, ¿de qué manera todos, inclusive los pobres
pueden gozar de los manifiestos beneficios que trae consigo la globalización
sin experimentar sus perjuicios? ¿Cuándo podemos estar seguros de que la
globalización no es solamente para unos cuantos privilegiados, sino que también
ofrece beneficios para las grandes masas de pobres en el Tercer Mundo? Al fin se hace la pregunta
fundamental, vamos a ver si esboza alguna respuesta. Una vez más, vuestras
preocupaciones como antiglobalizadores son correctas. Aunque para encontrar
también buenas soluciones a vuestras preguntas, no necesitamos menos, sino más
globalización, como muy bien lo plantea James Tobin. Esta es la paradoja de
la antiglobalización. Sí, si están de acuerdo
con eso comiencen entonces a implementar en la Unión Europea la Tasa Tobin. Además, la globalización
[...] puede ser utilizada para bien o para mal. Por consiguiente, lo que
realmente necesitamos es un enfoque ético mundial tanto para el medio
ambiente, las relaciones laborales como para la política monetaria. En otras
palabras, no frenar la globalización, sino rodearla de ética, este es el
desafío al cual nos enfrentamos. Yo le llamaría globalización ética, un triángulo compuesto de libre
comercio, conocimientos y democracia. O dicho en otras palabras: comercio,
ayuda y prevención de conflictos. ¡No está mal la
propuesta!. Ahora deberíamos analizar cómo obtener conocimientos y como se
puede vivir en una democracia al estilo de loa países ricos partiendo de
condiciones de extrema miseria: caso concreto Latinoamérica. La democracia y el respeto
a los derechos humanos es la única manera durable para evitar violencia y
guerras, para crear comercio y bienestar. Sin embargo, la comunidad
internacional todavía no ha sido capaz de imponer una prohibición a nivel
mundial de armas pequeñas, o de instalar un tribunal de justicia
internacional permanente. Además, es necesario
contar con más ayuda del occidente rico. Por otra parte es un escándalo que más
de 1,2 mil millones de personas todavía no dispongan de cuidados médicos y
una sólida educación. El comercio solo, no va a sacar del subdesarrollo a los
países menos desarrollados. También con un aumento del comercio sigue siendo
necesaria la cooperación al desarrollo para la construcción de puertos y
caminos, para la creación de escuelas y hospitales, para desarrollar un
sistema jurídico estable. Finalmente, seguir
liberando el comercio mundial. 700 mil millones de dólares al año, catorce
veces la cantidad total de ayuda al desarrollo que reciben actualmente: ese
sería el aumento de los ingresos para los países en vías de desarrollo en
caso de una liberalización total de todos los mercados. Ya no más dumping
del superávit agrícola occidental en los mercados del Tercer Mundo. Ya no más
excepciones injustas para plátanos, arroz o azúcar. Unicamente para armas
[...]. 'Everything but arms' (cualquier cosa menos armas) debe ser el lema
para las siguientes rondas de negociaciones de la Organización Mundial del
Comercio. Más libre comercio, más democracia y respeto por los derechos humanos, más
ayuda para el desarrollo. ¿Es de esta manera un hecho la globalización ética?
¡Por supuesto que no! Lo que falta es un arma política para su imposición. Una respuesta política mundial que sea tan
poderosa como el mercado globalizado en el que vivimos. El G-8 de países ricos, debe ser
reemplazado por un G-8 de las organizaciones de cooperación regionales
existentes. Un G-8 en el cual el Sur reciba un lugar importante y justo, y
que conduzca por buen camino la globalización de la economía. En otras
palabras, un foro en el cual las importantes organizaciones de cooperación
continental puedan hablar en igualdad de condiciones: la Unión Europea, la
Unión Africana, Mercosur, Asean, el Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio
NAFTA (North American Free Trade Agreement),... Este nuevo G-8 puede y
debe convertirse en un lugar para realizar acuerdos obligatorios acerca de
estándares éticos globales para condiciones laborales, propiedad intelectual,
good governance (buena gestión). Y al mismo tiempo, desde este nuevo
G-8 pueden salir las directivas e impulsos necesarios hacia las grandes instituciones
internacionales y foros de negociaciones, como por ejemplo la Organización
Mundial del Comercio, el Banco Mundial, Kioto. Un G-8 que ya no esté dominado
exclusivamente por los países ricos, sino del que formen parte todos los
integrantes de nuestra comunidad mundial, y en donde también se pueda dar una
respuesta fuerte a los problemas mundiales, como por ejemplo el tráfico
internacional de personas. ¿Y las naciones Unidas?.
¿Ya son cosa muerta?. Eso implica que el ente máximo de la globalización en
el planeta sería ese nuevo cuerpo?. De manera embrionaria,
hemos visto crecer un proceso de este tipo durante la ronda de negociaciones
sobre el protocolo de Kyoto en Bonn, en donde finalmente se logró un adelanto
mediante acuerdos entre el grupo Umbrella, la Unión Europea y el grupo de los
países menos desarrollados, contra la potencia más grande del mundo, los
Estados Unidos de América. Naturalmente no tenemos que esperar a la primera reunión de este nuevo
G-8 para iniciar la globalización ética. Podemos empezar en nuestro propio
patio europeo. ¿Por qué no podríamos verificar cada vez el impacto que tendrían
las decisiones que toma la Unión sobre los más débiles del planeta? ¿Aumenta
la distancia entre el norte rico y el sur pobre? ¿Cuáles son las consecuencias
de tal o cual decisión para los problemas ecológicos mundiales? ¿Y por qué no
pedir la ayuda de personas inteligentes fuera de la UE?. Puesto que en este aspecto
ustedes tienen razón, incluso cuando tengamos las mejores intenciones, a
menudo estamos más interesados en los intereses de una compañía petrolera
multinacional, o de los remolacheros europeos, que de la suerte del pueblo de
Ogoni en el delta del Níger, o los escasos ingresos de los trabajadores de
las plantaciones de caña de azúcar en Costa Rica.A los antiglobalizadores: Seattle, Göteborg, Génova...
Miles de personas que salen a la calle a expresar su opinión. Un alivio en
nuestra época postideológica. Si no fuera solamente violencia inútil, hasta
darían ganas de aplaudir. La antiglobalización forma una resistencia
bienvenida en una época en la que la política se ha vuelto estéril, aburrida
y técnica. Esta resistencia es buena para nuestra democracia. Sin embargo, ¿Qué
es lo que realmente quieren decirnos ustedes, los anti-globalizadores? ¿Desean
reaccionar con violencia ante cualquier forma de propiedad privada, como el black
bloc?, o bien, ¿son adeptos al movimiento slow food, un club
mundano que edita lujosos folletos en donde siempre se pregona el consumo de
alimentos correctos en los mejores restaurantes? Opino que todas las
violencias son retrógadas, tanto la rápida como la violencia “a fuego lento”
que se ejerce contra la enorme masas de desprotegidos del mundo. Nuevamente
NO, no es tan simple, los antiglobalizadores, supuestamente se den cuenta que
están comprendidos en ese concepto, np desean reaccionar con violencia per
se. Como Usted y como yo, se recurre a la violencia inútil y retrógada como
un reflejo instintivo que nada resuelve pero al menos puede dar lugar a una
nueva cosmovisión. ¿Qué hay repentinamente de
malo en la globalización? Hasta hace poco, incluso los intelectuales
progresistas alababan el comercio mundial, que va a llevar prosperidad y
bienestar a países en los cuales antes sólo había pobreza y recesión. Y con razón.
La práctica nos muestra que cada porcentaje de apertura extra en la economía
de un país hace aumentar en un 1% el ingreso per cápita de su población. Esto
explica la riqueza de los habitantes de Singapur, en agudo contraste con la
pobreza en la economía cerrada de Myanmar. Hasta la cumbre de
Seattle, la mundialización no era un pecado, sino una bendición para la
humanidad. Un enorme contraste con la extrema derecha que seguía insistiendo
acerca de la pérdida de identidad. Sin embargo, desde entonces, ustedes
reniegan de la globalización como una especie de peste bubónica que solamente
siembra pobreza y ruinas. Naturalmente que la
globalización, el hecho de sobrepasar las fronteras puede decaer rápidamente
en egoísmo sin fronteras. Para el occidente rico, el libre comercio es
evidente, aunque de preferencia a productos que no afecten su propia economía.
Nada de azúcar de países del Tercer Mundo. Nada de textiles o confecciones de
África del Norte. Allí ustedes, los antiglobalizadores tienen razón. El comercio
mundial anunciado a voces tan altas, por lo general se trata de un tráfico en
un solo sentido: desde el norte rico hacia el sur pobre, y no a la inversa. Aunque también veo
contradicciones en vuestra manera de pensar. Ustedes están en contra de las hamburgueserías
estadounidenses, contra la soja genéticamente manipulada por consorcios
multinacionales, contra nombres de marcas mundiales que determinan el
comportamiento de compra. Para algunos de vosotros, todo debe volver a la
pequeña escala. Debemos volver a los mercados locales, a las comunidades
locales. ¡Pero no cuando se trata de migración! Entonces la globalización se
convierte en objetivo. Enormes masas de exiliados que deambulan por las
fronteras de Europa y Norteamérica y que se quedan admirando los escaparates
de la sociedad de consumo. Millones de ilegales que viven como parias
exiliados en las condiciones más míseras esperando poder coger aunque sea
unos granitos de la riqueza occidental. ¿No es precisamente la falta de libre
comercio e inversiones lo que les obliga a huir hacia occidente? Por otra parte, ustedes
también son partidarios de la tolerancia con respecto a diferentes formas de
sociedades y estilos de vida. ¿No creen que es gracias a la globalización que
actualmente vivimos en una sociedad multicultural y tolerante, que hace
posible todo esto? Yo pensaba que eran solamente los conservadores los que
ensalzaban el pasado, o la extrema derecha que jura por su propia raza, o fanáticos
religiosos que idolatran la Biblia o el Corán, los que sentían nostalgia de
las intolerantes sociedades locales de antaño. De esta manera, y aunque
no lo experimenten así, muchos de los antiglobalizadores avanzan
peligrosamente en la dirección de la extrema derecha o populista, con la
diferencia de que los primeros están en contra de las multinacionales debido
al presunto perjuicio que provocan al sur, mientras que la extrema derecha,
como Le Pen en Francia, condena a las multinacionales porque desea que la
economía nacional siga en manos nacionales. A menudo, ustedes plantean
las preguntas correctas. Sin embargo, ¿presentan ustedes las respuestas
correctas? ¿Quién puede desmentir las modificaciones climáticas y el
recalentamiento de la tierra? ¿Pero no es menos cierto que la única manera de
hacer frente a ello es mediante acuerdos globales a escala mundial? ¿Quién no
ve la utilidad del libre comercio mundial para los países pobres? ¿Pero esto
no exige normas sociales y ecológicas globales? Veamos por ejemplo la inmoral
especulación contra las monedas débiles, como ocurrió hace unos años con el
peso mexicano, o el ringgit en Malaisia. ¿No es menos cierto que es gracias a
las zonas monetarias más grandes, es decir, la globalización, que se puede
hacer frente a la especulación? Porque especular contra el dólar o el euro,
asusta a los especuladores más que cualquier impuesto. Creo que no tiene sentido
estar a favor o en contra de la globalización sin espíritu crítico. Sin
embargo, la pregunta es más bien, ¿de qué manera todos, inclusive los pobres
pueden gozar de los manifiestos beneficios que trae consigo la globalización
sin experimentar sus perjuicios? ¿Cuándo podemos estar seguros de que la
globalización no es solamente para unos cuantos privilegiados, sino que también
ofrece beneficios para las grandes masas de pobres en el Tercer Mundo? Una vez más, vuestras
preocupaciones como antiglobalizadores son correctas. Aunque para encontrar
también buenas soluciones a vuestras preguntas, no necesitamos menos, sino más
globalización, como muy bien lo plantea James Tobin. Esta es la paradoja de
la antiglobalización. Además, la globalización
[...] puede ser utilizada para bien o para mal. Por consiguiente, lo que
realmente necesitamos es un enfoque ético mundial tanto para el medio
ambiente, las relaciones laborales como para la política monetaria. En otras
palabras, no frenar la globalización, sino rodearla de ética, este es el
desafío al cual nos enfrentamos. Yo le llamaría globalización ética, un triángulo
compuesto de libre comercio, conocimientos y democracia. O dicho en otras
palabras: comercio, ayuda y prevención de conflictos. La democracia y el respeto
a los derechos humanos es la única manera durable para evitar violencia y
guerras, para crear comercio y bienestar. Sin embargo, la comunidad
internacional todavía no ha sido capaz de imponer una prohibición a nivel
mundial de armas pequeñas, o de instalar un tribunal de justicia
internacional permanente. Además, es necesario
contar con más ayuda del occidente rico. Por otra parte es un escándalo que más
de 1,2 mil millones de personas todavía no dispongan de cuidados médicos y
una sólida educación. El comercio solo, no va a sacar del subdesarrollo a los
países menos desarrollados. También con un aumento del comercio sigue siendo
necesaria la cooperación al desarrollo para la construcción de puertos y
caminos, para la creación de escuelas y hospitales, para desarrollar un
sistema jurídico estable. Finalmente, seguir
liberando el comercio mundial. 700 mil millones de dólares al año, catorce
veces la cantidad total de ayuda al desarrollo que reciben actualmente: ese
sería el aumento de los ingresos para los países en vías de desarrollo en
caso de una liberalización total de todos los mercados. Ya no más dumping
del superávit agrícola occidental en los mercados del Tercer Mundo. Ya no más
excepciones injustas para plátanos, arroz o azúcar. Unicamente para armas
[...]. 'Everything but arms' (cualquier cosa menos armas) debe ser el lema
para las siguientes rondas de negociaciones de la Organización Mundial del
Comercio. Más libre comercio, más
democracia y respeto por los derechos humanos, más ayuda para el desarrollo. ¿Es
de esta manera un hecho la globalización ética? ¡Por supuesto que no! Lo que
falta es un arma política para su imposición. Una respuesta política mundial
que sea tan poderosa como el mercado globalizado en el que vivimos. El G-8 de
países ricos, debe ser reemplazado por un G-8 de las organizaciones de
cooperación regionales existentes. Un G-8 en el cual el Sur reciba un lugar
importante y justo, y que conduzca por buen camino la globalización de la
economía. En otras palabras, un foro en el cual las importantes
organizaciones de cooperación continental puedan hablar en igualdad de
condiciones: la Unión Europea, la Unión Africana, Mercosur, Asean, el Acuerdo
Norteamericano de Libre Comercio NAFTA (North American Free Trade
Agreement),... Este nuevo G-8 puede y
debe convertirse en un lugar para realizar acuerdos obligatorios acerca de
estándares éticos globales para condiciones laborales, propiedad intelectual,
good governance (buena gestión). Y al mismo tiempo, desde este nuevo
G-8 pueden salir las directivas e impulsos necesarios hacia las grandes
instituciones internacionales y foros de negociaciones, como por ejemplo la
Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, Kioto. Un G-8 que ya no
esté dominado exclusivamente por los países ricos, sino del que formen parte
todos los integrantes de nuestra comunidad mundial, y en donde también se
pueda dar una respuesta fuerte a los problemas mundiales, como por ejemplo el
tráfico internacional de personas. De manera embrionaria,
hemos visto crecer un proceso de este tipo durante la ronda de negociaciones
sobre el protocolo de Kyoto en Bonn, en donde finalmente se logró un adelanto
mediante acuerdos entre el grupo Umbrella, la Unión Europea y el grupo de los
países menos desarrollados, contra la potencia más grande del mundo, los
Estados Unidos de América. Naturalmente no tenemos
que esperar a la primera reunión de este nuevo G-8 para iniciar la
globalización ética. Podemos empezar en nuestro propio patio europeo. ¿Por qué
no podríamos verificar cada vez el impacto que tendrían las decisiones que
toma la Unión sobre los más débiles del planeta? ¿Aumenta la distancia entre
el norte rico y el sur pobre? ¿Cuáles son las consecuencias de tal o cual
decisión para los problemas ecológicos mundiales? ¿Y por qué no pedir la
ayuda de personas inteligentes fuera de la UE? Puesto que en este aspecto ustedes tienen razón, incluso cuando tengamos
las mejores intenciones, a menudo estamos más interesados en los intereses de
una compañía petrolera multinacional, o de los remolacheros europeos, que de
la suerte del pueblo de Ogoni en el delta del Níger, o los escasos ingresos
de los trabajadores de las plantaciones de caña de azúcar en Costa Rica. Movimiento antiglobalización: la revolución
que viene Por Fernando Rojo, Columnista del diario ABC de Madrid Nota de la Redacción Tenemos aquí el otro extremo. Rojo plantea
decididamente un movimiento “anti”, en el cual también pone en una bolsa a
todo el que no está de acuerdo con la Globalización o con sus resultados a la
fecha. La define como “La Revolución que viene”. Creemos más en un
acercamiento inteligente entre las partes en conflicto en la medida que se
demuestre que es posible un escenario “gana-gana” armonioso. Rojo menciona a
Internet, que es un modelo libertario, anárquico pero democrático y que puede
contribuir en forma catalítica a ese acercamiento. El mensaje del Presidente
de la Unión Europea es un ejempolo de acercamiento. Sin renunciar
abiertamente a su postura admite que
goza de una globalización ego’;ista y propone una Globalización Etica pues en
su yo íntimo no desea la violencia generalizada. Mensaje de Fernando Rojo Desde Seattle hasta Génova, el movimiento antiglobalización
ha conseguido en menos de dos años elevar sus mensajes y sus acciones hasta
las primeras páginas de los medios de comunicación mundial. Y esto no ha
hecho más que empezar. Las reuniones del Fondo Monetario Internacional,
el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, el G-8 o la
Unión Europea se han topado, cada vez con más virulencia, con la oposición
frontal de unos grupos que han multiplicado el número de militantes hasta
convertirse en el primer germen revolucionario del siglo XXI. En Londres,
Ginebra, Praga, Niza, Gotemburgo, Barcelona o Génova ya conocen la
capacidad subversiva de los sectores más radicales de los
"antiglobalización" o "antisistema". Pero detrás de este
reguero de destrucción se parapeta un amplio y heterogéneo abanico de
organizaciones de izquierda, que van desde ONGs cristianas hasta los
anarquistas, pasando por feministas o grupos en defensa de los derechos
humanos, y que, perfectamente coordinados a través de Internet, defienden
unos postulados que empiezan a ser aceptados incluso por quienes hasta hace
muy poco eran sus principales enemigos. El frontal rechazo
al neoliberalismo, la lucha contra el sistema capitalista, el odio a las
multinacionales, la instauración de la denominada "tasa
Tobin", la exigencia de la condonación de la deuda externa de los
países subdesarrollados y la defensa a ultranza del medio ambiente son
algunos de los mandamientos de un ideario tan amplio que igual caben los
agricultores franceses como los empleados de Sintel acampados en la Castellana.
Cualquiera que tenga
algo contra el sistema parece tener sitio últimamente dentro de los
"antiglobalización", quienes satisfechos por su éxito,
amenazan con estar presentes en cualquier reunión que organicen los que ellos
denominan representantes de la opresión globalizadora. Es la revolución que
viene. Las palabras del
Papa Juan Pablo II
Resumen
extraído de un artículo de Elisabetta Piqué,
Corresponsal del diario La Nación de Buenos Aires en Roma Finalmente tenemos la palabra del justo medio, la del Papa Juan
Pablo II. Todo indicaría que la Iglesia Católica estaría dispuesta a cambiar
significativamente en cuanto a su posición efectiva, “terrenal”, entre el
lujo y la pobreza extrema y en cuanto a su democratización. Nunca se lo ha
visto tan decidido en ésta justa al decirle a los obispos: ser "profetas
que evidencien con coraje los pecados sociales vinculados con el consumismo,
el hedonismo y una economía que produce una inaceptable diferencia entre lujo
y miseria". En oportunidad del Primer Sínodo del Tercer
Milenio, el Papa pide a los Obispos ser “efectivamente pobres” para levantar
con autoridad la voz en defensa de los marginados En la reunión
inaugural del Sínodo del Tercer Milenio
mundo actual, ante unos 280 Obispos, el Papa Juan Pablo II los instó a
ser efectivamente pobres para ser creíbles y a estar al lado de los
marginados. Dijo textualmente: "Es la vía de
la pobreza la que nos permitirá transmitir a nuestros contemporáneos los
frutos de la salvación: como obispos, estamos llamados a ser pobres y al
servicio del Evangelio", dijo Juan Pablo II en su fuerte homilía, que
giró en torno del tema central de este importante sínodo: ¿cómo tiene que ser
el obispo del tercer milenio? El Papa enfatizó la
labor de servicio del ministro y demostrar con el ejemplo la actitud que hay
que tener ante los bienes terrenales y su uso individual y colectivo. . "La pobreza es un rasgo esencial de la persona de
Jesús y de su ministerio de salvación, y representa uno de los requisitos
indispensables para que el anuncio evangélico sea escuchado por la humanidad
de hoy", sostuvo el Santo Padre ante una multitud de 6000 personas
reunidas en la imponente basílica de San Pedro. Categórico, pese al cansancio acumulado en su gira de
seis días, el Papa llamó a los obispos a "levantar su voz en defensa de
los últimos". También les pidió ser "profetas que evidencien con
coraje los pecados sociales vinculados con el consumismo, el hedonismo y una
economía que produce una inaceptable diferencia entre lujo y miseria". "Para que la
voz de los pastores sea creíble -dijo-, es necesario que ellos mismos den
prueba de una conducta desapegada de los intereses privados y solícita hacia
los más débiles. Es necesario que sean el ejemplo para la comunidad a ellos
asignada, enseñando y sosteniendo ese conjunto de principios de solidaridad y
justicia social que forman la doctrina social de la Iglesia. "Aunque se
trata de una tarea ardua y fatigosa, que nadie pierda el ánimo", los
exhortó el Pontífice. El más numeroso En medio de coros,
el Papa utilizó el ya habitual “papamóvil” empujado por transportadores
humanos para trasladarse en ocasión de la ceremonia, que concelebró junto a
los participantes del Sínodo, es decir, junto a 55 cardenales, 7 patriarcas,
70 arzobispos, 106 obispos, 10 presbíteros, 5 auditores y 15 colaboradores. La reunión, que
durará hasta el 27 de este mes, tiene como lema "El obispo: servidor del
Evangelio de Cristo para la esperanza del mundo", y apunta justamente a aggiornar
la figura de los que pertenecen al purpurado. Si bien la agenda de
este sínodo es amplia, uno de los temas centrales será el rol de los obispos
en la Iglesia universal, y su relación con la Curia de Roma. En los últimos
años, en efecto, algunos obispos criticaron abiertamente a la Curia por
ostentar demasiado poder y por actuar como un cuerpo aparte entre ellos y el
Papa. También se abordará
el espinoso tema del primado papal, aunque el cardenal belga Jan Schotte
manifestó anteayer en una conferencia de prensa que para ello haría falta
llamar a un "sínodo extraordinario". Los vientos de
guerra que soplan en el mundo después de los ataques en los Estados Unidos
también estarán presentes, y se espera que esta reunión concluya con un
mensaje sobre el terrorismo. El sínodo de obispos
es una institución permanente creada por el papa Pablo VI el 15 de septiembre
de 1965, en respuesta a los deseos de los padres del Concilio Vaticano II,
para mantener vivo el buen espíritu nacido de la experiencia conciliar. La
palabra sínodo deriva de los términos griegos "syn" (que significa
"juntos") y hodos (que significa "camino"). Analfabetismo Durante el sínodo,
los obispos debatirán lo que el cardenal belga Jan Schotte, a cargo del
encuentro, definió como "analfabetismo religioso" de los fieles, es
decir, la falta de conocimiento de muchos principios de fe. Según Schotte,
los obispos indicaron que querían hablar de lo que el Vaticano llama "colegialidad",
una manera de denominar la democracia en la Iglesia. A principios de este
año, algunos cardenales plantearon la posibilidad de que las diócesis
compartieran algunas facultades vaticanas, por ejemplo, en la selección de
obispos.
SOLEMNE
INAUGURACIÓN DE LA X ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS
, 30 Septiembre 2001 A las 9:30 horas de esta
mañana, domingo 30 de septiembre de 1999, en la Patriarcal Basílica Vaticana,
junto a la tumba del apóstol san Pedro, el Papa Juan Pablo II ha presidido la
Solemne Concelebración de la Eucaristía con los Padres Sinodales, con ocasión
de la apertura de la X Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos,
que se celebrará en el Aula del Sínodo en el Vaticano dal 30 de septiembre al
27 de octubre de 2001, sobre el tema: El Obispo: Servidor del Evangelio de
Jesucristo para la esperanza del mundo. Concelebraban con el Papa
los Padres Sinodales y los Colaboradores (55 Cardenales, 7 Patriarcas, 70
Arzobispos, 106 Obispos, 10 Presbíteros, 5 Oyentes e 15 Colaboradores).
Mientras el Santo Padre y los Concelebrantes se dirigían hacia el Altar, se
cantaban las Laudes Regiae.. Durante el Sacro Rito,
después de la proclamación del Evangelio, el Santo Padre ha pronunciado la
siguiente homilía. HOMILÍA DEL SANTO PADRE "El Obispo
servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo". Sobre este tema se
desarrollarán los trabajos de la X Asamblea General ordinaria del
Sínodo de los Obispos, que estamos abriendo ahora en el nombre del Señor.
Ésta es continuación de la serie de Asambleas especiales de carácter
continental que tuvieron lugar en preparación del Gran Jubileo del Año 2000.
Asambleas todas ellas reunidas por la perspectiva de la evangelización,
como testimonian las Exhortaciones Apostólicas post-sinodales publicadas
hasta ahora. En esta misma perspectiva se sitúa la actual Asamblea que se
ubica en continuidad con las precedentes Asambleas ordinarias, dedicadas a
las diversas vocaciones en el Pueblo de Dios: los laicos en 1987; los sacerdotes
en 1990; la vida consagrada en 1994. La disertación sobre los obispos
completa de este modo el cuadro de una eclesiología de comunión y de misión,
que debemos siempre tener ante los ojos. Con gran alegría os acojo,
queridísimos y venerados Hermanos en el Episcopado, llegados de todas partes
del mundo. Vuestro encontraros y trabajar juntos, bajo la guía del Sucesor de
Pedro, manifiesta "que todos los Obispos en comunión jerárquica
participan en la solicitud de toda la Iglesia" (Christus Dominus,
5). Extiendo mi cordial saludo a todos los otros miembros de la Asamblea y a
cuantos en los próximos días cooperarán para su eficaz desarrollo. De modo
particular expreso mi agradecimiento al Secretario General del Sínodo, el
Cardenal Jan Pieter Schotte, junto con sus colaboradores, que han preparado
activamente la presente reunión sinodal. 2.En la noche de Navidad de 1999, inaugurando el Gran Jubileo, después de
haber abierto la Puerta Santa la he cruzado teniendo entre las manos el
Libro de los Evangelios. Era un gesto altamente simbólico. En él podemos
ver incluido, de algún modo, todo el contenido del Sínodo que hoy
abrimos y que tendrá como tema: "El Obispo servidor del Evangelio de
Jesucristo para la esperanza del mundo". El Obispo es "minister,
servidor". La Iglesia está al servicio del Evangelio. "Ancilla
Evangelii": así podría definirse evocando las palabras pronunciadas
por la Virgen en el anuncio del Ángel. "Ecce ancilla Domini",
dijo María; "Ecce ancilla Evangelii", continúa diciendo hoy
la Iglesia. "Propter spem
mundi". La esperanza del mundo está en Cristo. En Él las esperanzas
de la humanidad hallan un real y sólido fundamento. La esperanza de todo ser
humano emana de la Cruz, signo de la victoria del
amor sobre el odio, del perdón sobre la venganza, de la verdad sobre la
mentira, de la solidaridad sobre el egoísmo. Es nuestro deber comunicar este
anuncio salvífico a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo. 3. "Bienaventurados
los pobres de espíritu", hemos cantado en el estribillo del Salmo
responsorial. La bienaventuranza evangélica de la pobreza que hoy, domingo, la
Palabra de Dios propone nuevamente, constituye un mensaje valioso para la
Asamblea sinodal que estamos iniciando. La pobreza es, de hecho, un rasgo
esencial de la persona de Jesús y de su ministerio de salvación,
representando uno de los requisitos indispensables para que el anuncio
evangélico sea escuchado y acogido por la humanidad de hoy. A la luz de la primera Lectura, del profeta Amós, y aún más de la célebre
parábola del "rico malo" y del pobre Lázaro, narrada por el
evangelista Lucas, nosotros, venerados hermanos, estamos estimulados a
examinarnos sobre nuestra actitud hacia los bienes terrenales y sobre
el uso que de ellos se hace. Estamos invitados a verificar hasta dónde en la
Iglesia ha llegado la conversión personal y comunitaria a una efectiva
pobreza evangélica. Vuelven a la memoria las palabras del Concilio
Vaticano II: "Mas como Cristo efectuó la redención en la pobreza y en la
persecución, así la Iglesia está destinada a seguir ese mismo camino para
comunicar a los hombres los frutos de la salvación" (Lumen gentium,
8). 4.Es el camino de la
pobreza el que nos permitirá transmitir a nuestros contemporáneos
"los frutos de la salvación". Como Obispos estamos llamados, por lo tanto, a ser pobres
al servicio del Evangelio. Ser servidores de la palabra revelada que en caso
necesario elevan la voz en defensa de los últimos, denunciando los
abusos de aquellos a los que Amós llama "los que se sienten
seguros" y los "sibaritas". Ser profetas que ponen de
manifiesto con coraje los pecados sociales vinculados al consumismo, al
hedonismo, a una economía que produce una inaceptable distancia entre lujo y
miseria, entre pocos "malos" e innumerables "Lázaros"
condenados a la miseria. En toda época, la Iglesia ha sido solidaria con
estos últimos, y ha tenido Pastores santos que se han alineado, como
apóstoles intrépidos de la caridad, con los pobres. Mas para que la voz de los Pastores sea creíble, es necesario que ellos
mismos den prueba de una conducta distanciada de intereses privados y
solícita hacia los más débiles. Es necesario que sean ejemplo para la
comunidad a ellos confiada, enseñando y sosteniendo ese conjunto de
principios de solidaridad y de justicia social que forman la doctrina
social de la Iglesia. 5."Tú ... hombre de
Dios" (1Tm 6,11): con este título San Pablo califica a Timoteo en
la segunda Lectura, proclamada hace poco. Es una página en la cual el Apóstol
traza un programa de vida perennemente válido para el Obispo. El Pastor debe
ser "hombre de Dios"; su existencia y su ministerio están
completamente bajo el señorío divino y extrae del más que eminente misterio
de Dios luz y vigor. Continúa San Pablo:
"Tú, ... hombre de Dios ... corre al alcance de la justicia, de la
piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el sufrimiento, de la
dulzura" (v. 11). ¡Cuánta sabiduría en ese "corre al
alcance"! La Ordenación no infunde la perfección de las virtudes: el
Obispo está llamado a proseguir su camino de santificación con mayor
intensidad para alcanzar la estatura de Cristo, Hombre perfecto. Añade el Apóstol: "combate
el buen combate de la fe, conquista la vida eterna ..." (v. 12).
Avanzando hacia el Reino de Dios nos enfrentamos, queridos Hermanos, a
nuestra cotidiana fatiga por la fe, no buscando otra recompensa si no aquella
que Dios nos dará al final. Estamos llamados a hacer esta "solemne
profesión delante de muchos testigos" (vv. 12). El esplendor de la
fe se hace, de este modo, testimonio: reflejo de la gloria de Cristo en las
palabras y en los gestos de cada uno de sus fieles ministros. Concluye San Pablo: "Te
recomiendo ... que conserves el mandato sin tacha ni culpa hasta la
Manifestación de nuestro Señor Jesucristo" (vv. 13-14). ¡"El
mandato"! En esta palabra está Cristo todo: su Evangelio, su
testamento de amor, el don de su Espíritu que cumple la ley. Los Apóstoles
han recibido de Él esta herencia y nos la han confiado a nosotros para que
sea conservada y transmitida intacta hasta el final de los tiempos. 6.¡Queridísimos Hermanos
en el Episcopado! Cristo hoy nos repite: "Duc in altum - Boga
mar adentro" (Lc 5,4). A la luz de esta invitación suya
nosotros podemos leer de nuevo el triple munus que nos ha confiado la
Iglesia: munus docendi, sanctificandi et regendi (Cf. Lumen gentium,
25-27; Christus Dominus, 12-16). Duc in docendo! "Proclama la palabra -diremos con el
Apóstol-, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda
paciencia y doctrina" (2 Tm 4,2). Duc in sanctificando! Las "redes" que estamos llamados a
echar entre los hombres son, sobre todo, los Sacramentos de los cuales somos
los principales dispensadores, reguladores, custodios y promotores (Cf. Christus
Dominus, 15). Ellos forman una especie de "red" salvífica que
libera del mal y conduce a la plenitud de la vida. Duc in regendo! Como Pastores y verdaderos Padres
coadyuvados por los Sacerdotes y otros colaboradores, tenemos el deber de
reunir la familia de los fieles y fomentar en ella la caridad y la comunión
fraterna (Cf. ivi, 16). Aunque se trate de una
misión ardua y fatigosa, que nadie se pierda de ánimo. Con Pedro y con los
primeros discípulos, también nosotros renovamos confiados nuestra sincera
profesión de fe: Señor, ¡"por tu palabra, echaré las redes"
(Lc 5,5)! ¡Sobre tu Palabra, oh Cristo, queremos servir a tu Evangelio
para la esperanza del mundo! Y también en tu materna
asistencia nosotros confiamos, oh Virgen María. Tú, que has guiado los
primeros pasos de la comunidad cristiana, sé también para nosotros apoyo y
estímulo. Intercede por nosotros, María, que con las palabras del siervo de
Dios Pablo VI invocamos "auxilio de los Obispos y Madre de los Pastores".
Amén. |