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Viernes 28 de abril del 2017
 
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¿Globalización versus Antiglobalización?

Globalidad – Cuarta Editorial

Juan Chamero, Editor Jefe de aunmas.com

 

 

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¿Globalización  versus Anti-Globalización?

 

Presentamos tres puntos de vista sobre la Globalización y sus reacciones en el mundo, que algunos dan en llamar anti-Globalización. Una, la de Guy Verhofstadt, Primer Ministro de Bélgica y actual Presidente en ejercicio de la Unión Europea, del sociólogo Fernando Rojo, columnista del diario El ABC de España y la invocación del Papa a la pobreza efectiva dirigida a los obispos en el Sínodo del Tercer Milenio. Creemos que éstas tres opiniones cubren bastante bien el espectro del conflicto planetario. Hemos puesto nuestras acotaciones en tipografía itálica de color azul.

 

 

 

La Paradoja de la Globalización

Por Guy Verhofstadt, Primer Ministro de Bélgica y actual presidente de la Unión Europea.

 

Movimiento antiglobalización: la revolución que viene

Por Fernando Rojo, diario el ABC de Madrid

 

Las palabras del Papa Juan Pablo II

Comentarios de un artículo de Elisabetta Piqué, Corresponsal en Roma del diario La Nación de Argentina

Homilía del Papa Juan Pablo II

De la oficina de Prensa Vaticana en Español

 

 

 

 

 

La Paradoja de la Globalización

Por Guy Verhofstadt, Primer Ministro de Bélgica y actual presidente de la Unión Europea.

 

 

Nota de la Redacción

Resulta increíble que una persona de tan alto rango pueda decir cosas tan inconexas. Se dirige inicialmente con todo tipo de generalizaciones torpes a los que denomina “Antiglobalizadores”, metiendo en una bolsa a la mayoría de la humanidad que no goza de los beneficios de algo indiscutiblemente universal, evolutivo y positivo como la Globalidad y a los que tilda de derechistas, racistas, populistas, fanáticos religiosos, incultos, antidemocráticos y deseosos de retrotraerse a la edad de piedra.

Luego de las diatribas reconoce que la Globalización actual es egoísta y propone una Globalización Ética y la creación de una entidad internacional superadora del G-8. Como  positivo realiza una autocrítica al cerrar su discurso refiriéndose a las diferencias existentes entre los países ricos del Norte y los pobres del Sur, diciendo:

“Puesto que en este aspecto ustedes tienen razón, incluso cuando tengamos las mejores intenciones, a menudo estamos más interesados en los intereses de una compañía petrolera multinacional, o de los remolacheros europeos, que de la suerte del pueblo de Ogoni en el delta del Níger, o los escasos ingresos de los trabajadores de las plantaciones de caña de azúcar en Costa Rica.”

 

Mensaje a los antiglobalizadores

Seattle, Göteborg, Génova... Miles de personas que salen a la calle a expresar su opinión. Un alivio en nuestra época postideológica. Si no fuera solamente violencia inútil, hasta darían ganas de aplaudir. La antiglobalización forma una resistencia bienvenida en una época en la que la política se ha vuelto estéril, aburrida y técnica. Esta resistencia es buena para nuestra democracia. Sin embargo, ¿Qué es lo que realmente quieren decirnos ustedes, los anti-globalizadores? ¿Desean reaccionar con violencia ante cualquier forma de propiedad privada, como el black bloc?, o bien, ¿son adeptos al movimiento slow food, un club mundano que edita lujosos folletos en donde siempre se pregona el consumo de alimentos correctos en los mejores restaurantes?

El principio del mensaje alcanza casi nivel de grosería. No participamos de la idea del fin de las ideologías pues ello significaría que el ser humano involuciona. Creemos que la evolución no se ha detenido, todo lo contrario. La misma globalización es una ideología, lo que ha ocurrido es que no ha surgido sobre la base de ideas fuerza sino que ha sido el resultado de una acción conjunta y sinérgica del crecimiento, del neocapitalismo y de la alta tecnología. Es decir, no surge del crecimiento, ni del capitalismo ni de las motivaciones científicas que impulsan la alta tecnología sino de la sinergia de su acción conjunta.

¿Qué hay repentinamente de malo en la globalización? Hasta hace poco, incluso los intelectuales progresistas alababan el comercio mundial, que va a llevar prosperidad y bienestar a países en los cuales antes sólo había pobreza y recesión. Y con razón. La práctica nos muestra que cada porcentaje de apertura extra en la economía de un país hace aumentar en un 1% el ingreso per cápita de su población. Esto explica la riqueza de los habitantes de Singapur, en agudo contraste con la pobreza en la economía cerrada de Myanmar.

No se ponen en tela de juicio las ventajas macroeconómicas de la Globalidad. Lo que se cuestiona es la distribución de sus beneficios. Puede demostrarse y vamos a intentarlo en nuestra próxima entrega, que incluso sin reacción violenta, la Globalización sin distribución justa lleva a la larga al colapso de la economía mundial.

Hasta la cumbre de Seattle, la mundialización no era un pecado, sino una bendición para la humanidad. Un enorme contraste con la extrema derecha que seguía insistiendo acerca de la pérdida de identidad. Sin embargo, desde entonces, ustedes reniegan de la globalización como una especie de peste bubónica que solamente siembra pobreza y ruinas.

Naturalmente que la globalización, el hecho de sobrepasar las fronteras puede decaer rápidamente en egoísmo sin fronteras. Para el occidente rico, el libre comercio es evidente, aunque de preferencia a productos que no afecten su propia economía. Nada de azúcar de países del Tercer Mundo. Nada de textiles o confecciones de África del Norte. Allí ustedes, los antiglobalizadores tienen razón. El comercio mundial anunciado a voces tan altas, por lo general se trata de un tráfico en un solo sentido: desde el norte rico hacia el sur pobre, y no a la inversa.

¡Al fin ataca la raíz del problema!. Insistimos que el rótulo de antiglobalizadores es reduccionismo. Yo me considero un “globalista”, opuesto al egoísmo del actual proceso de globalización liderado fundamentalmente por las grandes concentraciones de capital en unas pocas corporaciones gigantes.


No frenar la globalización, sino rodearla de ética: es el desafío al que nos enfrentamos

Aunque también veo contradicciones en vuestra manera de pensar. Ustedes están en contra de las hamburgueserías estadounidenses, contra la soja genéticamente manipulada por consorcios multinacionales, contra nombres de marcas mundiales que determinan el comportamiento de compra. Para algunos de vosotros, todo debe volver a la pequeña escala. Debemos volver a los mercados locales, a las comunidades locales. ¡Pero no cuando se trata de migración! Entonces la globalización se convierte en objetivo. Enormes masas de exiliados que deambulan por las fronteras de Europa y Norteamérica y que se quedan admirando los escaparates de la sociedad de consumo. Millones de ilegales que viven como parias exiliados en las condiciones más míseras esperando poder coger aunque sea unos granitos de la riqueza occidental. ¿No es precisamente la falta de libre comercio e inversiones lo que les obliga a huir hacia occidente?

Por otra parte, ustedes también son partidarios de la tolerancia con respecto a diferentes formas de sociedades y estilos de vida. ¿No creen que es gracias a la globalización que actualmente vivimos en una sociedad multicultural y tolerante, que hace posible todo esto? Yo pensaba que eran solamente los conservadores los que ensalzaban el pasado, o la extrema derecha que jura por su propia raza, o fanáticos religiosos que idolatran la Biblia o el Corán, los que sentían nostalgia de las intolerantes sociedades locales de antaño.

¿Qué quiere el Ministro que haga la gente?. ¿ Morirse de hambre en sus localidades desbastadas?. Se huye hacia los lugares privilegiados de Occidente para poder sobrevivir. Los globalizadores o mejor dicho la gente que goza de los beneficios de la globalidad conforman una sociedad multicultural y tolerante. Los que se mueren de hambre son de hecho tanto o más mul;ticulturales aunque obligadamente son más intolerantes ante las desigualdades porque las desigualdades que les toca sufrir son enormes. Los pueblos que hoy pasan hambre no quieren volver al pasado, ni a la Edad Media ni al Renacimiento ni al Paleolítico Inferior sino que van a apoyar a los que aún de palabra les comunican esperanzas de una vida mejor. De nuevo se expresa el Sr. Ministro, investido de Presidente de la Unión Europea, de una forma muy peligrosa, presentando a los que se oponen a la globalización injusta como de extrema derecha, racistas, o fanáticos religiosos. No se puede poner en una misma bolsa a bin Laden y al Papa Juan Pablo II.

De esta manera, y aunque no lo experimenten así, muchos de los antiglobalizadores avanzan peligrosamente en la dirección de la extrema derecha o populista, con la diferencia de que los primeros están en contra de las multinacionales debido al presunto perjuicio que provocan al sur, mientras que la extrema derecha, como Le Pen en Francia, condena a las multinacionales porque desea que la economía nacional siga en manos nacionales.

A menudo, ustedes plantean las preguntas correctas. Sin embargo, ¿presentan ustedes las respuestas correctas? ¿Quién puede desmentir las modificaciones climáticas y el recalentamiento de la tierra? ¿Pero no es menos cierto que la única manera de hacer frente a ello es mediante acuerdos globales a escala mundial? ¿Quién no ve la utilidad del libre comercio mundial para los países pobres? ¿Pero esto no exige normas sociales y ecológicas globales? Veamos por ejemplo la inmoral especulación contra las monedas débiles, como ocurrió hace unos años con el peso mexicano, o el ringgit en Malaisia. ¿No es menos cierto que es gracias a las zonas monetarias más grandes, es decir, la globalización, que se puede hacer frente a la especulación? Porque especular contra el dólar o el euro, asusta a los especuladores más que cualquier impuesto.

En cualquier declaración de técnicos y científicos sobre Desarrollo Sustentable hay propuestas concretas para resolver los problemas ecológicos de una forma sensata y para el bien de todos. Vaya a los informes de la FAO, de la UNCTAD y encontrará centenares de propuestas inteligentes y bien fundamentadas con sólidas estadísticas.

Creo que no tiene sentido estar a favor o en contra de la globalización sin espíritu crítico. Sin embargo, la pregunta es más bien, ¿de qué manera todos, inclusive los pobres pueden gozar de los manifiestos beneficios que trae consigo la globalización sin experimentar sus perjuicios? ¿Cuándo podemos estar seguros de que la globalización no es solamente para unos cuantos privilegiados, sino que también ofrece beneficios para las grandes masas de pobres en el Tercer Mundo?

Al fin se hace la pregunta fundamental, vamos a ver si esboza alguna respuesta.

Una vez más, vuestras preocupaciones como antiglobalizadores son correctas. Aunque para encontrar también buenas soluciones a vuestras preguntas, no necesitamos menos, sino más globalización, como muy bien lo plantea James Tobin. Esta es la paradoja de la antiglobalización.

Sí, si están de acuerdo con eso comiencen entonces a implementar en la Unión Europea la Tasa Tobin.

Además, la globalización [...] puede ser utilizada para bien o para mal. Por consiguiente, lo que realmente necesitamos es un enfoque ético mundial tanto para el medio ambiente, las relaciones laborales como para la política monetaria. En otras palabras, no frenar la globalización, sino rodearla de ética, este es el desafío al cual nos enfrentamos. Yo le llamaría globalización ética, un triángulo compuesto de libre comercio, conocimientos y democracia. O dicho en otras palabras: comercio, ayuda y prevención de conflictos.

¡No está mal la propuesta!. Ahora deberíamos analizar cómo obtener conocimientos y como se puede vivir en una democracia al estilo de loa países ricos partiendo de condiciones de extrema miseria: caso concreto Latinoamérica.

La democracia y el respeto a los derechos humanos es la única manera durable para evitar violencia y guerras, para crear comercio y bienestar. Sin embargo, la comunidad internacional todavía no ha sido capaz de imponer una prohibición a nivel mundial de armas pequeñas, o de instalar un tribunal de justicia internacional permanente.

Además, es necesario contar con más ayuda del occidente rico. Por otra parte es un escándalo que más de 1,2 mil millones de personas todavía no dispongan de cuidados médicos y una sólida educación. El comercio solo, no va a sacar del subdesarrollo a los países menos desarrollados. También con un aumento del comercio sigue siendo necesaria la cooperación al desarrollo para la construcción de puertos y caminos, para la creación de escuelas y hospitales, para desarrollar un sistema jurídico estable.

Finalmente, seguir liberando el comercio mundial. 700 mil millones de dólares al año, catorce veces la cantidad total de ayuda al desarrollo que reciben actualmente: ese sería el aumento de los ingresos para los países en vías de desarrollo en caso de una liberalización total de todos los mercados.

Ya no más dumping del superávit agrícola occidental en los mercados del Tercer Mundo. Ya no más excepciones injustas para plátanos, arroz o azúcar. Unicamente para armas [...]. 'Everything but arms' (cualquier cosa menos armas) debe ser el lema para las siguientes rondas de negociaciones de la Organización Mundial del Comercio.

Más libre comercio, más democracia y respeto por los derechos humanos, más ayuda para el desarrollo. ¿Es de esta manera un hecho la globalización ética? ¡Por supuesto que no! Lo que falta es un arma política para su imposición. Una respuesta política mundial que sea tan poderosa como el mercado globalizado en el que vivimos. El G-8 de países ricos, debe ser reemplazado por un G-8 de las organizaciones de cooperación regionales existentes. Un G-8 en el cual el Sur reciba un lugar importante y justo, y que conduzca por buen camino la globalización de la economía. En otras palabras, un foro en el cual las importantes organizaciones de cooperación continental puedan hablar en igualdad de condiciones: la Unión Europea, la Unión Africana, Mercosur, Asean, el Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio NAFTA (North American Free Trade Agreement),...

Este nuevo G-8 puede y debe convertirse en un lugar para realizar acuerdos obligatorios acerca de estándares éticos globales para condiciones laborales, propiedad intelectual, good governance (buena gestión). Y al mismo tiempo, desde este nuevo G-8 pueden salir las directivas e impulsos necesarios hacia las grandes instituciones internacionales y foros de negociaciones, como por ejemplo la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, Kioto. Un G-8 que ya no esté dominado exclusivamente por los países ricos, sino del que formen parte todos los integrantes de nuestra comunidad mundial, y en donde también se pueda dar una respuesta fuerte a los problemas mundiales, como por ejemplo el tráfico internacional de personas.

¿Y las naciones Unidas?. ¿Ya son cosa muerta?. Eso implica que el ente máximo de la globalización en el planeta sería ese nuevo cuerpo?.

De manera embrionaria, hemos visto crecer un proceso de este tipo durante la ronda de negociaciones sobre el protocolo de Kyoto en Bonn, en donde finalmente se logró un adelanto mediante acuerdos entre el grupo Umbrella, la Unión Europea y el grupo de los países menos desarrollados, contra la potencia más grande del mundo, los Estados Unidos de América.

Naturalmente no tenemos que esperar a la primera reunión de este nuevo G-8 para iniciar la globalización ética. Podemos empezar en nuestro propio patio europeo. ¿Por qué no podríamos verificar cada vez el impacto que tendrían las decisiones que toma la Unión sobre los más débiles del planeta? ¿Aumenta la distancia entre el norte rico y el sur pobre? ¿Cuáles son las consecuencias de tal o cual decisión para los problemas ecológicos mundiales? ¿Y por qué no pedir la ayuda de personas inteligentes fuera de la UE?.

Puesto que en este aspecto ustedes tienen razón, incluso cuando tengamos las mejores intenciones, a menudo estamos más interesados en los intereses de una compañía petrolera multinacional, o de los remolacheros europeos, que de la suerte del pueblo de Ogoni en el delta del Níger, o los escasos ingresos de los trabajadores de las plantaciones de caña de azúcar en Costa Rica.A los antiglobalizadores:

Seattle, Göteborg, Génova... Miles de personas que salen a la calle a expresar su opinión. Un alivio en nuestra época postideológica. Si no fuera solamente violencia inútil, hasta darían ganas de aplaudir. La antiglobalización forma una resistencia bienvenida en una época en la que la política se ha vuelto estéril, aburrida y técnica. Esta resistencia es buena para nuestra democracia. Sin embargo, ¿Qué es lo que realmente quieren decirnos ustedes, los anti-globalizadores? ¿Desean reaccionar con violencia ante cualquier forma de propiedad privada, como el black bloc?, o bien, ¿son adeptos al movimiento slow food, un club mundano que edita lujosos folletos en donde siempre se pregona el consumo de alimentos correctos en los mejores restaurantes?

Opino que todas las violencias son retrógadas, tanto la rápida como la violencia “a fuego lento” que se ejerce contra la enorme masas de desprotegidos del mundo. Nuevamente NO, no es tan simple, los antiglobalizadores, supuestamente se den cuenta que están comprendidos en ese concepto, np desean reaccionar con violencia per se. Como Usted y como yo, se recurre a la violencia inútil y retrógada como un reflejo instintivo que nada resuelve pero al menos puede dar lugar a una nueva cosmovisión.

¿Qué hay repentinamente de malo en la globalización? Hasta hace poco, incluso los intelectuales progresistas alababan el comercio mundial, que va a llevar prosperidad y bienestar a países en los cuales antes sólo había pobreza y recesión. Y con razón. La práctica nos muestra que cada porcentaje de apertura extra en la economía de un país hace aumentar en un 1% el ingreso per cápita de su población. Esto explica la riqueza de los habitantes de Singapur, en agudo contraste con la pobreza en la economía cerrada de Myanmar.

Hasta la cumbre de Seattle, la mundialización no era un pecado, sino una bendición para la humanidad. Un enorme contraste con la extrema derecha que seguía insistiendo acerca de la pérdida de identidad. Sin embargo, desde entonces, ustedes reniegan de la globalización como una especie de peste bubónica que solamente siembra pobreza y ruinas.

Naturalmente que la globalización, el hecho de sobrepasar las fronteras puede decaer rápidamente en egoísmo sin fronteras. Para el occidente rico, el libre comercio es evidente, aunque de preferencia a productos que no afecten su propia economía. Nada de azúcar de países del Tercer Mundo. Nada de textiles o confecciones de África del Norte. Allí ustedes, los antiglobalizadores tienen razón. El comercio mundial anunciado a voces tan altas, por lo general se trata de un tráfico en un solo sentido: desde el norte rico hacia el sur pobre, y no a la inversa.

Aunque también veo contradicciones en vuestra manera de pensar. Ustedes están en contra de las hamburgueserías estadounidenses, contra la soja genéticamente manipulada por consorcios multinacionales, contra nombres de marcas mundiales que determinan el comportamiento de compra. Para algunos de vosotros, todo debe volver a la pequeña escala. Debemos volver a los mercados locales, a las comunidades locales. ¡Pero no cuando se trata de migración! Entonces la globalización se convierte en objetivo. Enormes masas de exiliados que deambulan por las fronteras de Europa y Norteamérica y que se quedan admirando los escaparates de la sociedad de consumo. Millones de ilegales que viven como parias exiliados en las condiciones más míseras esperando poder coger aunque sea unos granitos de la riqueza occidental. ¿No es precisamente la falta de libre comercio e inversiones lo que les obliga a huir hacia occidente?

Por otra parte, ustedes también son partidarios de la tolerancia con respecto a diferentes formas de sociedades y estilos de vida. ¿No creen que es gracias a la globalización que actualmente vivimos en una sociedad multicultural y tolerante, que hace posible todo esto? Yo pensaba que eran solamente los conservadores los que ensalzaban el pasado, o la extrema derecha que jura por su propia raza, o fanáticos religiosos que idolatran la Biblia o el Corán, los que sentían nostalgia de las intolerantes sociedades locales de antaño.

De esta manera, y aunque no lo experimenten así, muchos de los antiglobalizadores avanzan peligrosamente en la dirección de la extrema derecha o populista, con la diferencia de que los primeros están en contra de las multinacionales debido al presunto perjuicio que provocan al sur, mientras que la extrema derecha, como Le Pen en Francia, condena a las multinacionales porque desea que la economía nacional siga en manos nacionales.

A menudo, ustedes plantean las preguntas correctas. Sin embargo, ¿presentan ustedes las respuestas correctas? ¿Quién puede desmentir las modificaciones climáticas y el recalentamiento de la tierra? ¿Pero no es menos cierto que la única manera de hacer frente a ello es mediante acuerdos globales a escala mundial? ¿Quién no ve la utilidad del libre comercio mundial para los países pobres? ¿Pero esto no exige normas sociales y ecológicas globales? Veamos por ejemplo la inmoral especulación contra las monedas débiles, como ocurrió hace unos años con el peso mexicano, o el ringgit en Malaisia. ¿No es menos cierto que es gracias a las zonas monetarias más grandes, es decir, la globalización, que se puede hacer frente a la especulación? Porque especular contra el dólar o el euro, asusta a los especuladores más que cualquier impuesto.

Creo que no tiene sentido estar a favor o en contra de la globalización sin espíritu crítico. Sin embargo, la pregunta es más bien, ¿de qué manera todos, inclusive los pobres pueden gozar de los manifiestos beneficios que trae consigo la globalización sin experimentar sus perjuicios? ¿Cuándo podemos estar seguros de que la globalización no es solamente para unos cuantos privilegiados, sino que también ofrece beneficios para las grandes masas de pobres en el Tercer Mundo?

Una vez más, vuestras preocupaciones como antiglobalizadores son correctas. Aunque para encontrar también buenas soluciones a vuestras preguntas, no necesitamos menos, sino más globalización, como muy bien lo plantea James Tobin. Esta es la paradoja de la antiglobalización.

Además, la globalización [...] puede ser utilizada para bien o para mal. Por consiguiente, lo que realmente necesitamos es un enfoque ético mundial tanto para el medio ambiente, las relaciones laborales como para la política monetaria. En otras palabras, no frenar la globalización, sino rodearla de ética, este es el desafío al cual nos enfrentamos. Yo le llamaría globalización ética, un triángulo compuesto de libre comercio, conocimientos y democracia. O dicho en otras palabras: comercio, ayuda y prevención de conflictos.

La democracia y el respeto a los derechos humanos es la única manera durable para evitar violencia y guerras, para crear comercio y bienestar. Sin embargo, la comunidad internacional todavía no ha sido capaz de imponer una prohibición a nivel mundial de armas pequeñas, o de instalar un tribunal de justicia internacional permanente.

Además, es necesario contar con más ayuda del occidente rico. Por otra parte es un escándalo que más de 1,2 mil millones de personas todavía no dispongan de cuidados médicos y una sólida educación. El comercio solo, no va a sacar del subdesarrollo a los países menos desarrollados. También con un aumento del comercio sigue siendo necesaria la cooperación al desarrollo para la construcción de puertos y caminos, para la creación de escuelas y hospitales, para desarrollar un sistema jurídico estable.

Finalmente, seguir liberando el comercio mundial. 700 mil millones de dólares al año, catorce veces la cantidad total de ayuda al desarrollo que reciben actualmente: ese sería el aumento de los ingresos para los países en vías de desarrollo en caso de una liberalización total de todos los mercados.

Ya no más dumping del superávit agrícola occidental en los mercados del Tercer Mundo. Ya no más excepciones injustas para plátanos, arroz o azúcar. Unicamente para armas [...]. 'Everything but arms' (cualquier cosa menos armas) debe ser el lema para las siguientes rondas de negociaciones de la Organización Mundial del Comercio.

Más libre comercio, más democracia y respeto por los derechos humanos, más ayuda para el desarrollo. ¿Es de esta manera un hecho la globalización ética? ¡Por supuesto que no! Lo que falta es un arma política para su imposición. Una respuesta política mundial que sea tan poderosa como el mercado globalizado en el que vivimos. El G-8 de países ricos, debe ser reemplazado por un G-8 de las organizaciones de cooperación regionales existentes. Un G-8 en el cual el Sur reciba un lugar importante y justo, y que conduzca por buen camino la globalización de la economía. En otras palabras, un foro en el cual las importantes organizaciones de cooperación continental puedan hablar en igualdad de condiciones: la Unión Europea, la Unión Africana, Mercosur, Asean, el Acuerdo Norteamericano de Libre Comercio NAFTA (North American Free Trade Agreement),...

Este nuevo G-8 puede y debe convertirse en un lugar para realizar acuerdos obligatorios acerca de estándares éticos globales para condiciones laborales, propiedad intelectual, good governance (buena gestión). Y al mismo tiempo, desde este nuevo G-8 pueden salir las directivas e impulsos necesarios hacia las grandes instituciones internacionales y foros de negociaciones, como por ejemplo la Organización Mundial del Comercio, el Banco Mundial, Kioto. Un G-8 que ya no esté dominado exclusivamente por los países ricos, sino del que formen parte todos los integrantes de nuestra comunidad mundial, y en donde también se pueda dar una respuesta fuerte a los problemas mundiales, como por ejemplo el tráfico internacional de personas.

De manera embrionaria, hemos visto crecer un proceso de este tipo durante la ronda de negociaciones sobre el protocolo de Kyoto en Bonn, en donde finalmente se logró un adelanto mediante acuerdos entre el grupo Umbrella, la Unión Europea y el grupo de los países menos desarrollados, contra la potencia más grande del mundo, los Estados Unidos de América.

Naturalmente no tenemos que esperar a la primera reunión de este nuevo G-8 para iniciar la globalización ética. Podemos empezar en nuestro propio patio europeo. ¿Por qué no podríamos verificar cada vez el impacto que tendrían las decisiones que toma la Unión sobre los más débiles del planeta? ¿Aumenta la distancia entre el norte rico y el sur pobre? ¿Cuáles son las consecuencias de tal o cual decisión para los problemas ecológicos mundiales? ¿Y por qué no pedir la ayuda de personas inteligentes fuera de la UE?

Puesto que en este aspecto ustedes tienen razón, incluso cuando tengamos las mejores intenciones, a menudo estamos más interesados en los intereses de una compañía petrolera multinacional, o de los remolacheros europeos, que de la suerte del pueblo de Ogoni en el delta del Níger, o los escasos ingresos de los trabajadores de las plantaciones de caña de azúcar en Costa Rica.

 

 

 

Movimiento antiglobalización: la revolución que viene

Por Fernando Rojo, Columnista del diario ABC de Madrid

Nota de la Redacción

Tenemos aquí el otro extremo. Rojo plantea decididamente un movimiento “anti”, en el cual también pone en una bolsa a todo el que no está de acuerdo con la Globalización o con sus resultados a la fecha. La define como “La Revolución que viene”. Creemos más en un acercamiento inteligente entre las partes en conflicto en la medida que se demuestre que es posible un escenario “gana-gana” armonioso. Rojo menciona a Internet, que es un modelo libertario, anárquico pero democrático y que puede contribuir en forma catalítica a ese acercamiento. El mensaje del Presidente de la Unión Europea es un ejempolo de acercamiento. Sin renunciar abiertamente a su postura  admite que goza de una globalización ego’;ista y propone una Globalización Etica pues en su yo íntimo no desea la violencia generalizada.

 

Mensaje de Fernando Rojo

Desde Seattle hasta Génova, el movimiento antiglobalización ha conseguido en menos de dos años elevar sus mensajes y sus acciones hasta las primeras páginas de los medios de comunicación mundial. Y esto no ha hecho más que empezar. Las reuniones del Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, el G-8 o la Unión Europea se han topado, cada vez con más virulencia, con la oposición frontal de unos grupos que han multiplicado el número de militantes hasta convertirse en el primer germen revolucionario del siglo XXI. En Londres, Ginebra, Praga, Niza, Gotemburgo, Barcelona o Génova ya conocen la capacidad subversiva de los sectores más radicales de los "antiglobalización" o "antisistema".

Pero detrás de este reguero de destrucción se parapeta un amplio y heterogéneo abanico de organizaciones de izquierda, que van desde ONGs cristianas hasta los anarquistas, pasando por feministas o grupos en defensa de los derechos humanos, y que, perfectamente coordinados a través de Internet, defienden unos postulados que empiezan a ser aceptados incluso por quienes hasta hace muy poco eran sus principales enemigos. El frontal rechazo al neoliberalismo, la lucha contra el sistema capitalista, el odio a las multinacionales, la instauración de la denominada "tasa Tobin", la exigencia de la condonación de la deuda externa de los países subdesarrollados y la defensa a ultranza del medio ambiente son algunos de los mandamientos de un ideario tan amplio que igual caben los agricultores franceses como los empleados de Sintel acampados en la Castellana.

Cualquiera que tenga algo contra el sistema parece tener sitio últimamente dentro de los "antiglobalización", quienes satisfechos por su éxito, amenazan con estar presentes en cualquier reunión que organicen los que ellos denominan representantes de la opresión globalizadora. Es la revolución que viene.

 

 

 

Las palabras del Papa Juan Pablo II

Resumen extraído de un artículo de Elisabetta Piqué, Corresponsal del diario La Nación de Buenos Aires en Roma
Se reproduce también el texto original de la Homilía del Papa: Sínodo del Tercer Milenio, 30 Septiembre 2001

 

Finalmente tenemos la palabra del justo medio, la del Papa Juan Pablo II. Todo indicaría que la Iglesia Católica estaría dispuesta a cambiar significativamente en cuanto a su posición efectiva, “terrenal”, entre el lujo y la pobreza extrema y en cuanto a su democratización. Nunca se lo ha visto tan decidido en ésta justa al decirle a los obispos: ser "profetas que evidencien con coraje los pecados sociales vinculados con el consumismo, el hedonismo y una economía que produce una inaceptable diferencia entre lujo y miseria".

 

 

 

En oportunidad del Primer Sínodo del Tercer Milenio, el Papa pide a los Obispos ser “efectivamente pobres” para levantar con autoridad la voz en defensa de los marginados

En la reunión inaugural del Sínodo del Tercer Milenio  mundo actual, ante unos 280 Obispos, el Papa Juan Pablo II los instó a ser efectivamente pobres para ser creíbles y a estar al lado de los marginados. Dijo textualmente:

"Es la vía de la pobreza la que nos permitirá transmitir a nuestros contemporáneos los frutos de la salvación: como obispos, estamos llamados a ser pobres y al servicio del Evangelio", dijo Juan Pablo II en su fuerte homilía, que giró en torno del tema central de este importante sínodo: ¿cómo tiene que ser el obispo del tercer milenio?

El Papa enfatizó la labor de servicio del ministro y demostrar con el ejemplo la actitud que hay que tener ante los bienes terrenales y su uso individual y colectivo. .

"La pobreza es un rasgo esencial de la persona de Jesús y de su ministerio de salvación, y representa uno de los requisitos indispensables para que el anuncio evangélico sea escuchado por la humanidad de hoy", sostuvo el Santo Padre ante una multitud de 6000 personas reunidas en la imponente basílica de San Pedro.

Categórico, pese al cansancio acumulado en su gira de seis días, el Papa llamó a los obispos a "levantar su voz en defensa de los últimos". También les pidió ser "profetas que evidencien con coraje los pecados sociales vinculados con el consumismo, el hedonismo y una economía que produce una inaceptable diferencia entre lujo y miseria".

"Para que la voz de los pastores sea creíble -dijo-, es necesario que ellos mismos den prueba de una conducta desapegada de los intereses privados y solícita hacia los más débiles. Es necesario que sean el ejemplo para la comunidad a ellos asignada, enseñando y sosteniendo ese conjunto de principios de solidaridad y justicia social que forman la doctrina social de la Iglesia.

"Aunque se trata de una tarea ardua y fatigosa, que nadie pierda el ánimo", los exhortó el Pontífice.

El más numeroso

En medio de coros, el Papa utilizó el ya habitual “papamóvil” empujado por transportadores humanos para trasladarse en ocasión de la ceremonia, que concelebró junto a los participantes del Sínodo, es decir, junto a 55 cardenales, 7 patriarcas, 70 arzobispos, 106 obispos, 10 presbíteros, 5 auditores y 15 colaboradores.

La reunión, que durará hasta el 27 de este mes, tiene como lema "El obispo: servidor del Evangelio de Cristo para la esperanza del mundo", y apunta justamente a aggiornar la figura de los que pertenecen al purpurado.

Si bien la agenda de este sínodo es amplia, uno de los temas centrales será el rol de los obispos en la Iglesia universal, y su relación con la Curia de Roma. En los últimos años, en efecto, algunos obispos criticaron abiertamente a la Curia por ostentar demasiado poder y por actuar como un cuerpo aparte entre ellos y el Papa.

También se abordará el espinoso tema del primado papal, aunque el cardenal belga Jan Schotte manifestó anteayer en una conferencia de prensa que para ello haría falta llamar a un "sínodo extraordinario".

Los vientos de guerra que soplan en el mundo después de los ataques en los Estados Unidos también estarán presentes, y se espera que esta reunión concluya con un mensaje sobre el terrorismo. 

El sínodo de obispos es una institución permanente creada por el papa Pablo VI el 15 de septiembre de 1965, en respuesta a los deseos de los padres del Concilio Vaticano II, para mantener vivo el buen espíritu nacido de la experiencia conciliar. La palabra sínodo deriva de los términos griegos "syn" (que significa "juntos") y hodos (que significa "camino").

 

Analfabetismo

Durante el sínodo, los obispos debatirán lo que el cardenal belga Jan Schotte, a cargo del encuentro, definió como "analfabetismo religioso" de los fieles, es decir, la falta de conocimiento de muchos principios de fe. Según Schotte, los obispos indicaron que querían hablar de lo que el Vaticano llama "colegialidad", una manera de denominar la democracia en la Iglesia. A principios de este año, algunos cardenales plantearon la posibilidad de que las diócesis compartieran algunas facultades vaticanas, por ejemplo, en la selección de obispos.

 

 

 

 

SOLEMNE INAUGURACIÓN DE LA X ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL SÍNODO DE LOS OBISPOS , 30 Septiembre 2001

HOMILÍA DEL SANTO PADRE

A las 9:30 horas de esta mañana, domingo 30 de septiembre de 1999, en la Patriarcal Basílica Vaticana, junto a la tumba del apóstol san Pedro, el Papa Juan Pablo II ha presidido la Solemne Concelebración de la Eucaristía con los Padres Sinodales, con ocasión de la apertura de la X Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, que se celebrará en el Aula del Sínodo en el Vaticano dal 30 de septiembre al 27 de octubre de 2001, sobre el tema: El Obispo: Servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo.

Concelebraban con el Papa los Padres Sinodales y los Colaboradores (55 Cardenales, 7 Patriarcas, 70 Arzobispos, 106 Obispos, 10 Presbíteros, 5 Oyentes e 15 Colaboradores). Mientras el Santo Padre y los Concelebrantes se dirigían hacia el Altar, se cantaban las Laudes Regiae..

Durante el Sacro Rito, después de la proclamación del Evangelio, el Santo Padre ha pronunciado la siguiente homilía.

HOMILÍA DEL SANTO PADRE

"El Obispo servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo".

Sobre este tema se desarrollarán los trabajos de la X Asamblea General ordinaria del Sínodo de los Obispos, que estamos abriendo ahora en el nombre del Señor. Ésta es continuación de la serie de Asambleas especiales de carácter continental que tuvieron lugar en preparación del Gran Jubileo del Año 2000. Asambleas todas ellas reunidas por la perspectiva de la evangelización, como testimonian las Exhortaciones Apostólicas post-sinodales publicadas hasta ahora. En esta misma perspectiva se sitúa la actual Asamblea que se ubica en continuidad con las precedentes Asambleas ordinarias, dedicadas a las diversas vocaciones en el Pueblo de Dios: los laicos en 1987; los sacerdotes en 1990; la vida consagrada en 1994. La disertación sobre los obispos completa de este modo el cuadro de una eclesiología de comunión y de misión, que debemos siempre tener ante los ojos.

Con gran alegría os acojo, queridísimos y venerados Hermanos en el Episcopado, llegados de todas partes del mundo. Vuestro encontraros y trabajar juntos, bajo la guía del Sucesor de Pedro, manifiesta "que todos los Obispos en comunión jerárquica participan en la solicitud de toda la Iglesia" (Christus Dominus, 5). Extiendo mi cordial saludo a todos los otros miembros de la Asamblea y a cuantos en los próximos días cooperarán para su eficaz desarrollo. De modo particular expreso mi agradecimiento al Secretario General del Sínodo, el Cardenal Jan Pieter Schotte, junto con sus colaboradores, que han preparado activamente la presente reunión sinodal.

2.En la noche de Navidad de 1999, inaugurando el Gran Jubileo, después de haber abierto la Puerta Santa la he cruzado teniendo entre las manos el Libro de los Evangelios. Era un gesto altamente simbólico. En él podemos ver incluido, de algún modo, todo el contenido del Sínodo que hoy abrimos y que tendrá como tema: "El Obispo servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo".

El Obispo es "minister, servidor". La Iglesia está al servicio del Evangelio. "Ancilla Evangelii": así podría definirse evocando las palabras pronunciadas por la Virgen en el anuncio del Ángel. "Ecce ancilla Domini", dijo María; "Ecce ancilla Evangelii", continúa diciendo hoy la Iglesia.

"Propter spem mundi". La esperanza del mundo está en Cristo. En Él las esperanzas de la humanidad hallan un real y sólido fundamento. La esperanza de todo ser humano emana de la Cruz,

signo de la victoria del amor sobre el odio, del perdón sobre la venganza, de la verdad sobre la mentira, de la solidaridad sobre el egoísmo. Es nuestro deber comunicar este anuncio salvífico a los hombres y a las mujeres de nuestro tiempo.

3. "Bienaventurados los pobres de espíritu", hemos cantado en el estribillo del Salmo responsorial.

La bienaventuranza evangélica de la pobreza que hoy, domingo, la Palabra de Dios propone nuevamente, constituye un mensaje valioso para la Asamblea sinodal que estamos iniciando. La pobreza es, de hecho, un rasgo esencial de la persona de Jesús y de su ministerio de salvación, representando uno de los requisitos indispensables para que el anuncio evangélico sea escuchado y acogido por la humanidad de hoy.

A la luz de la primera Lectura, del profeta Amós, y aún más de la célebre parábola del "rico malo" y del pobre Lázaro, narrada por el evangelista Lucas, nosotros, venerados hermanos, estamos estimulados a examinarnos sobre nuestra actitud hacia los bienes terrenales y sobre el uso que de ellos se hace. Estamos invitados a verificar hasta dónde en la Iglesia ha llegado la conversión personal y comunitaria a una efectiva pobreza evangélica. Vuelven a la memoria las palabras del Concilio Vaticano II: "Mas como Cristo efectuó la redención en la pobreza y en la persecución, así la Iglesia está destinada a seguir ese mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvación" (Lumen gentium, 8).

4.Es el camino de la pobreza el que nos permitirá transmitir a nuestros contemporáneos "los frutos de la salvación". Como Obispos estamos llamados, por lo tanto, a ser pobres al servicio del Evangelio. Ser servidores de la palabra revelada que en caso necesario elevan la voz en defensa de los últimos, denunciando los abusos de aquellos a los que Amós llama "los que se sienten seguros" y los "sibaritas". Ser profetas que ponen de manifiesto con coraje los pecados sociales vinculados al consumismo, al hedonismo, a una economía que produce una inaceptable distancia entre lujo y miseria, entre pocos "malos" e innumerables "Lázaros" condenados a la miseria. En toda época, la Iglesia ha sido solidaria con estos últimos, y ha tenido Pastores santos que se han alineado, como apóstoles intrépidos de la caridad, con los pobres.

Mas para que la voz de los Pastores sea creíble, es necesario que ellos mismos den prueba de una conducta distanciada de intereses privados y solícita hacia los más débiles. Es necesario que sean ejemplo para la comunidad a ellos confiada, enseñando y sosteniendo ese conjunto de principios de solidaridad y de justicia social que forman la doctrina social de la Iglesia.

5."Tú ... hombre de Dios" (1Tm 6,11): con este título San Pablo califica a Timoteo en la segunda Lectura, proclamada hace poco. Es una página en la cual el Apóstol traza un programa de vida perennemente válido para el Obispo. El Pastor debe ser "hombre de Dios"; su existencia y su ministerio están completamente bajo el señorío divino y extrae del más que eminente misterio de Dios luz y vigor.

Continúa San Pablo: "Tú, ... hombre de Dios ... corre al alcance de la justicia, de la piedad, de la fe, de la caridad, de la paciencia en el sufrimiento, de la dulzura" (v. 11). ¡Cuánta sabiduría en ese "corre al alcance"! La Ordenación no infunde la perfección de las virtudes: el Obispo está llamado a proseguir su camino de santificación con mayor intensidad para alcanzar la estatura de Cristo, Hombre perfecto.

Añade el Apóstol: "combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna ..." (v. 12). Avanzando hacia el Reino de Dios nos enfrentamos, queridos Hermanos, a nuestra cotidiana fatiga por la fe, no buscando otra recompensa si no aquella que Dios nos dará al final. Estamos llamados a hacer esta "solemne profesión delante de muchos testigos" (vv. 12). El esplendor de la fe se hace, de este modo, testimonio: reflejo de la gloria de Cristo en las palabras y en los gestos de cada uno de sus fieles ministros.

Concluye San Pablo: "Te recomiendo ... que conserves el mandato sin tacha ni culpa hasta la Manifestación de nuestro Señor Jesucristo" (vv. 13-14). ¡"El mandato"! En esta palabra está Cristo todo: su Evangelio, su testamento de amor, el don de su Espíritu que cumple la ley. Los Apóstoles han recibido de Él esta herencia y nos la han confiado a nosotros para que sea conservada y transmitida intacta hasta el final de los tiempos.

6.¡Queridísimos Hermanos en el Episcopado! Cristo hoy nos repite: "Duc in altum - Boga mar adentro" (Lc 5,4). A la luz de esta invitación suya nosotros podemos leer de nuevo el triple munus que nos ha confiado la Iglesia: munus docendi, sanctificandi et regendi (Cf. Lumen gentium, 25-27; Christus Dominus, 12-16).

Duc in docendo! "Proclama la palabra -diremos con el Apóstol-, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina" (2 Tm 4,2).

Duc in sanctificando! Las "redes" que estamos llamados a echar entre los hombres son, sobre todo, los Sacramentos de los cuales somos los principales dispensadores, reguladores, custodios y promotores (Cf. Christus Dominus, 15). Ellos forman una especie de "red" salvífica que libera del mal y conduce a la plenitud de la vida.

Duc in regendo! Como Pastores y verdaderos Padres coadyuvados por los Sacerdotes y otros colaboradores, tenemos el deber de reunir la familia de los fieles y fomentar en ella la caridad y la comunión fraterna (Cf. ivi, 16).

Aunque se trate de una misión ardua y fatigosa, que nadie se pierda de ánimo. Con Pedro y con los primeros discípulos, también nosotros renovamos confiados nuestra sincera profesión de fe: Señor, ¡"por tu palabra, echaré las redes" (Lc 5,5)! ¡Sobre tu Palabra, oh Cristo, queremos servir a tu Evangelio para la esperanza del mundo!

Y también en tu materna asistencia nosotros confiamos, oh Virgen María. Tú, que has guiado los primeros pasos de la comunidad cristiana, sé también para nosotros apoyo y estímulo. Intercede por nosotros, María, que con las palabras del siervo de Dios Pablo VI invocamos "auxilio de los Obispos y Madre de los Pastores". Amén.

 

 

 

 

 



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