Las guerras no son parciales
Ya dijimos en nuestro artículo anterior
que Guerra es la continuación de la política por otros medios, básicamente
los más violentos que podamos imaginar. Cuando hablamos de guerra debe
entenderse como sinónimo de “Guerra Total”,
eufemismo para designar el estado al que llegan los combatientes en su
punto álgido, de escalada en escalada. Hay pueblos que están acostumbrados a
imaginar ese estado con mayor facilidad que otros, que se resisten siquiera a
pensarlo por las consecuencias sobre su psique.
Recordemos
la película Apocalipsis Ya, cuando el Coronel Americano se resiste a pensar
en el significado de guerra total, en cómo existían personas que podían
llegar a extremos propios de un dantesco infierno. En efecto, hay pueblos que
por su formación, a lo largo de miles de años, aprenden a mirar a la muerte
más sin temor que nosotros los Occidentales, un ejemplo el pueblo japonés. Eso
no los hace distintos humanamente o pertenecientes a otra rama de ser humano
sino culturalmente diferentes, con la misma inteligencia emotiva que nosotros
aunque con formas de pensar ligeramente diferentes. El samurai, por ejemplo,
amaba la vida, cultivaba la poesía, se extasiaba ante el amor y la naturaleza
como cualquiera pero pensaba diferente que nosotros respecto a la muerte y al
“ello” de la guerra y sus consecuencias.
Hoy
el mundo quiere una Gran Paz, todas las culturas la quieren. Estamos intercomunicados
e interdependientes como nunca, sabemos que nadie puede quedar afuera de los
efectos terribles de una guerra global, lo que frena nuestro potencial
sentimiento de egoísmo e invulnerabilidad. Estamos convencidos de que la
guerra es una maldición y que debe ser evitada a toda costa. Sólo pueden
hablar con euforia de guerra los que circunstancialmente han sufrido en carne
propia un ataque propio de una guerra pero gracias a Dios ese sentimiento se
amengua con el paso del tiempo. También pueden llegar a hablar con euforia de
la guerra jóvenes confundidos, adoctrinados por belicistas o por un contexto
cultural circunstancialmente belicista o por aquellos que creen que la guerra
es una aventura de escaso riesgo personal y que puede cubrirlos de gloria. En
la guerra no hay sino dolor.
El
pueblo de Estados Unidos, al menos en las primeras encuestas, quiere la
guerra y lo comprendemos: ha sido herido en sus sentimientos y creencias más
íntimas y clama venganza. Creemos también que el resto del mundo comprende
también al pueblo Americano en su dolor pero no creemos que justifique
cualquier tipo y forma de reacción de venganza.
Es
consenso que el terrorismo es un mal que nadie sensato quiere pero está
distribuido por todo el mundo, de hecho convivimos con terroristas, que son
una ínfima minoría pero de propósitos firmes y sin lugar a dudas
compenetrados del concepto mencionado de “guerra total”.
Por
todo ello, el asunto es cómo combatir al terrorismo, intentando primero
disuadirlo como por ejemplo se ha intentado en Colombia y en México, luego
enfrentarlo y en última instancia intentar destruirlo. Creemos que ese es el
camino, esa la secuencia del escalamiento. Las posibles estrategias se
estrechan como en un embudo trágico a medida que pasamos de las alternativas
pacíficas a las guerreras. El diálogo implica el conocerlos, cosa muy
importante para la prosecución de las otras etapas más drásticas y algo muy
importante, el conocer sus motivaciones pues podemos llegar a eliminar esas
motivaciones dejándolos sin sustento popular o disuadirlos a continuar la
lucha en la arena política dentro de la democracia.
Veamos
las opiniones mundiales sobre éste crucial tema. Estamos señalando en color
turquesa los párrafos que nos han parecido más destacados.
Reportaje a Henry Kissinger
Ex secretario de Estado de EE.UU.
Publicada en el diario El País de España el 16 de Septiembre 2001-09-16
Los
ataques terroristas de la envergadura de los lanzados contra Nueva York y
Washington no se pueden improvisar. Exigen organización, fondos importantes,
capacidad técnica, células de apoyo en el país víctima y, sobre todo, una
base desde la que coordinar estas actividades. Los fugitivos vagabundos no están en
condiciones de organizar ataques tan coordinados y bien concebidos. Debe ser
tarea de Estados Unidos y de todos aquellos que apoyan lo que se ha
convertido en una causa universal evitar más matanzas poniendo a la fuga a
los grupos terroristas y destruyéndolos después.
El
identificar las organizaciones capaces de tales esfuerzos globales no es
seguramente algo que exceda las posibilidades de los servicios de espionaje
de las democracias (y probablemente de Rusia). El número de países que los cobijan es lo
bastante limitado. El reto inmediato es advertir a estos países que quedarán
marginados si continúan ofreciendo asilo; que nos sentiremos libres de atacar
militarmente instalaciones que amenacen la seguridad de los pueblos libres;
que consideraremos a los países que proporcionan asilo responsables de los
ataques lanzados por las organizaciones con las que han cooperado. Más
concretamente: Estados Unidos debe solicitar a Afganistán la extradición de
Osama Bin Laden o su expulsión de territorio afgano. Tanto si su grupo ha
estado implicado en los ataques a Nueva York y Washington como si no, él sí
ha estado implicado en otros ataques a la propiedad y las vidas
estadounidenses. Y a menudo ha fomentado estos ataques. Si Afganistán se
niega, nos sentiremos libres de atacar las instalaciones de Bin Laden o
cualquier otra instalación afgana capaz de apoyarle. Si es expulsado,
cualquier Gobierno que le ofrezca asilo deberá estar informado de la
determinación de Estados Unidos (que esperamos que respalden sus aliados) de
tomar medidas militares para perseguirlo, contra su organización y las
instalaciones de apoyo en el país anfitrión.
Se
debe publicar una lista de grupos terroristas comparables. Los gobiernos deben ser advertidos de que
cualquier país que les proporcione refugio tendrá que hacer frente a un
boicot económico completo y puesto en práctica de forma estricta; la retirada
de visados estadounidenses (y esperamos que también de los aliados) para sus
ciudadanos; la negación de las instalaciones financieras estadounidenses a
sus ciudadanos; el riesgo de medidas militares contra los cuarteles generales
terroristas y las instalaciones de apoyo del país que los albergue.
Apología del Terrorismo
Todos los países deberán ser
advertidos de que la apología del terrorismo por los medios de comunicación
estatales será considerado un acto no amistoso. Los aliados de Estados Unidos
y otras naciones importantes deben ser invitadas a unirse a cualquier aspecto
de estas medidas que estén dispuestos a apoyar.
La intención es dejar de esperar
pasivamente el próximo golpe y pasar a extirpar la amenaza terrorista. Puede
que durante un breve tiempo estos grupos reaccionen incrementando su
violencia y sus ataques, aunque si se afrontan con auténtica determinación y
desde un frente unido, es probable que esta violencia amaine con bastante
rapidez. En cualquier caso, es preferible a una actitud pasiva que, por su
misma demostración de ansiedad, anima a recurrir al terrorismo.
Estados
Unidos y sus aliados deben tener cuidado de no presentar esta nueva política
como un choque de civilizaciones entre Occidente y el Islam. La batalla es
contra una minoría radical que deshonra los aspectos humanos que el Islam ha
mostrado en sus periodos de grandeza. Contribuirá a moderar los regímenes
árabes incluso si están bajo una amenaza demasiado grande como para reconocer
sus temores.
Algunos han planteado la pregunta de
si los ataques a Nueva York y Washington no han demostrado la inutilidad del
escudo antimisiles, en vista de la amplia gama de peligros posibles. Está
claro que el éxito del ataque terrorista demuestra que, aparte de los misiles
hostiles, hay otros medios de hacer daño a Estados Unidos. Pero también
muestra la naturaleza catastrófica de la amenaza potencial de los misiles.
Hasta la más pequeña arma nuclear produciría una devastación tal que
empequeñecería la catástrofe de los ataques al World Trade Center y el
Pentágono. Uno no rechaza la vacuna contra la polio porque no ofrece
protección contra la gripe. Lo que los ataques nos enseñan es que debemos
relacionar el escudo antimisiles con otros peligros previsibles.
Buenas Relaciones
Y
luego está el razonamiento de que Estados Unidos debe modificar su política
exterior para eliminar los resentimientos que dan origen al terrorismo. Por
supuesto que la política estadounidense debe estar sometida a una constante
revisión. Y las buenas relaciones con las naciones islámicas deben ser uno de
sus componentes principales. Sin embargo, la moderación es una virtud sólo en
aquellos que tienen una alternativa. La percepción de que la política
estadounidense u occidental se acobarda (o cede) ante la amenaza o la
realidad del terrorismo no hace ningún bien ni siquiera a las naciones
islámicas más moderadas.
Porque las primeras víctimas de este curso de acción serían los países
moderados del mundo islámico y, a la larga, todas las poblaciones de las
democracias. Estados Unidos y la democracia se enfrentan no sólo a un reto
sino a una oportunidad. Después de haber superado las grandes amenazas
militares y tecnológicas del último medio siglo, debemos ahora dominar este
peligro más indirecto, pero quizá más insidioso aún, y convertirlo en una
victoria igualmente decisiva.
Los europeos dan señales de empezar a echarse para atrás
Los aliados aparentemente quieren un plan más estudiado
Suzanne Daley / New York
Times, desde Bruselas
Después de ofrecer expresiones de apoyo a raíz de los
ataques terroristas del martes a los Estados Unidos, los aliados europeos
están mostrando señales de dar marcha atrás.
Los países de la Organización del Atlántico Norte
(OTAN) dijeron que apoyarían alguna acción militar. Pero ahora las
advertencias comienzan a llegar, mostrando que los ataques terroristas contra
el World Trade Center y el Pentágono no significan un decreto incondicional
para las represalias norteamericanas.
Especialmente ahora que las conversaciones en
Washington se han vuelto más difíciles, los aliados han comenzado a mostrar
cada vez más señales de que quieren un plan cuidadosamente estudiado para
combatir el terrorismo, no-uno que se apoye solamente en una explosión de
poder militar que resulte ser brutal e ineficaz.
En muchos casos los
políticos aquí han comenzado rápidamente a distanciarse del ruido bélico de
Washington. Aunque el presidente George W. Bush se ha referido repetidas
veces a los ataques terroristas como ``actos de guerra'', los europeos están
haciendo todo lo posible por evitar tal lenguaje.
Francia
Varios políticos,
incluyendo el primer ministro francés Lionel Jospin y el canciller belga
Louis Michel, han hecho esfuerzos específicos por distanciarse de esa frase.
En un programa radial, Michel dijo que la Unión Europea
estaba ``alerta'' y ``movilizada''. Pero agregó: ``No estamos en guerra''.
En Francia, Jospin
advirtió que no hay ``una guerra contra el Islam o el mundo árabe musulmán''.
Además, señaló que Francia no apoyaría automáticamente una acción militar.
``Nuestra solidaridad humana, política y funcional con Estados Unidos no nos
quita nuestra soberanía y libertad de tomar nuestras propias decisiones''.
El ministro del Exterior francés, Hubert Vedrine, pidió
un plan antiterrorista más amplio que incorpore la acción militar, pero no
descartó las redes financieras y logísticas, así como los esfuerzos
políticos.
Alemania
El ministro de
Defensa alemán, Rudolph Scharping también ha exhortado a una reacción
``medida'' a los ataques.
Incluso Rusia, que
tomó el inusual paso de emitir un comunicado conjunto con la OTAN expresando
su indignación por los ataques terroristas, dejó en claro que no desea tomar
parte en un ataque contra Osama bin Laden.
Rusia
El viernes, el
ministro de Defensa ruso, Sergei Ivanov, dijo durante una reunión en Armenia
que Estados Unidos y sus aliados no deberían depender del Asia Central para
sus golpes contra Afganistán.
Aseguró que no ve ``absolutamente ninguna base para las
suposiciones hipotéticas sobre operaciones de la OTAN desde territorio de las
naciones del Asia Central''.
De acuerdo a una agencia de prensa rusa, Anatoli
Kvashnin, jefe de personal de las Fuerzas Armadas Rusas, expresó lo mismo.
``Las fuerzas
estadounidenses son poderosas, los suficientemente poderosas como para lidiar
con esta tarea por sí mismas''.
Durante los últimos días, los aliados de Estados Unidos
en Europa han mostrado su solidaridad y han ofrecido de todo, desde envíos de
sangre hasta especialistas en terremotos para ayudar a limpiar el área
devastada en Nueva York y Washington.
Pero está claro que los aliados no están seguros de si
desean participar en una acción militar. A lo largo del continente, los
editoriales de los periódicos han pedido cautela, citando la compleja
naturaleza del terrorismo.
Inglaterra
Un editorial
publicado ayer en el diario británico The Guardian, pedía a Bush que se
detuviera y pensara antes de ``enviar sus enormes bombas''.
``Existe
otra forma. Es menos dramática, menos visceral, más de un estadista'', dijo
el diario, que pidió fuerte acción diplomática, una detallada investigación,
el incautamiento de los fondos que usan los terroristas, el aislamiento de
estos y las sanciones económicas, además de una revisión de la política exterior
de los Estados Unidos.
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