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Las culpas de Occidente,
el Reparto Colonial de Asia Central
Por Gema Martín Muñoz, profesora de
Sociología del Mundo Árabe e Islámico de la Universidad Autónoma de Madrid,
publicado por el diario El País, Madrid, el 9 de Octubre 2001.
El domingo por la tarde
comenzaron los ataques contra Afganistán, y unas horas más tarde la cadena de
televisión por satélite Al Yasira hacía público un mensaje de Osama Bin Laden
cuyo análisis no debemos escamotear por el hecho de que provenga de un
personaje detestado por su inaceptable acción terrorista. Como se ha dicho
sin cesar estos días, la lucha contra el terrorismo es muy compleja y, sobre
todo, muy difícil. No existe un remedio evidente, pero, junto con las
estrategias policiales y de fuerza, se debe también luchar contra sus causas,
y es ahí donde la política entra decididamente en juego. Y en Oriente Medio se han
acumulado multitud de problemas, conflictos y lamentables situaciones humanas
cuyas raíces son profundamente políticas. Ningún movimiento clandestino puede
operar sin apoyo popular y sin un entorno que esté dispuesto a aportar
reclutamientos, apoyos económicos y medios propagandísticos. Así
mismo, busca ganar popularidad y comete sus atentados en el momento en que
cree que se dan las condiciones para conseguir adhesión a su causa. Este es
también el caso del turbulento y turbio grupo de Bin Laden. La prueba está en
el contenido completamente político de su mensaje.
Bin Laden ha hecho una
declaración que, lejos de representar simplemente al 'loco de Alá' que casi
todos esperaban en el mundo occidental -reduciéndose a imprecaciones
culturalistas, fanatismo irracional y menciones ultrarreligiosas-, ha puesto
el dedo en la llaga de los conflictos y tragedias humanas que asolan la región
y que están diariamente presentes en el sentir de las poblaciones musulmanas.
No porque lo diga Bin Laden deja de ser una realidad que desde el reparto
colonial tras la Primera Guerra Mundial, Oriente Medio ha vivido una
desgracia tras otra, en muy buena parte consecuencia de la injerencia y los
intereses externos: la división artificial de Estados al servicio de las
potencias extranjeras, la manipulación de esas potencias de las minorías
cristianas orientales generando conflictos confesionales, la instalación de élites
gobernantes al servicio de las mismas potencias para desgracia de sus
poblaciones, la creación de Israel y el abandono de los derechos palestinos,
el derrocamiento de gobiernos nacionalistas a favor de dictaduras (como hizo
la Administración Eisenhower en 1953 en Irán contra Mosaddeq a favor del
posterior régimen del Shah), el apoyo y consolidación de sátrapas como Sadam
Husein que, antes de ser en 1991 el Hitler de Oriente Medio, fue durante una
década el hombre de Occidente frente al Irán de Jomeini (como ha ocurrido con
el propio Bin Laden en el marco afgano)...
Tampoco porque lo diga Bin
Laden deja de ser una realidad que la dependencia que Arabia Saudí tiene de
protección militar exterior le haya llevado a caer en la contradicción de permitir
que se instalen bases norteamericanas en un territorio que los propios saudíes
han convertido intensivamente en símbolo sagrado del islam, si bien al
servicio de su propia legitimidad para mantener un régimen despótico y tribal
que no tiene capacidad para alzar la voz y defender las injusticias que
castigan a las poblaciones del mundo musulmán, al que pretende representar en
exclusiva.
Y no porque lo diga Bin
Laden deja de ser cierto que existe un silencio culpable ante la muerte y
sufrimiento de los niños iraquíes sometidos a un embargo injusto y letal
cuyos objetivos políticos de derrocamiento del régimen iraquí han sido
probadamente ineficaces, y que existe una inaceptable insensibilidad ante la
violencia diaria que sufren los palestinos porque el apoyo incondicional de
EEUU a Israel ha prevalecido sobre el derecho internacional y el sufrimiento
humano.
Ningún movimiento clandestino puede operar sin apoyo
popular
Es decir, la política estadounidense no ha tenido en cuenta al ser humano
en esta parte del mundo (y no sólo aquí), y Bin Laden hace de la acumulación
histórica de sufrimiento y humillación que padecen las poblaciones musulmanas
el principal elemento de movilización a su favor.
La manipulación y
oportunismo de Bin Laden de ese sufrimiento en beneficio de su espúrea causa
no lo hace irreal. Existe, y es la raíz del problema, y en tanto que no se
resuelvan esos problemas con un cambio de la política internacional en esta
zona, no podremos luchar verdaderamente contra el terrorismo que representa
este personaje. Esa política internacional está principalmente liderada por
EE UU, y de ahí que en la declaración de Bin Laden sea éste el objetivo
sustancial de sus amenazas y no el mundo occidental en general. Y no se les
odia por su cultura, sino por su política exterior, y eso es algo que también
queda claro en el mensaje. No se trata de una lucha entre civilizaciones y
culturas, el contenido básicamente político de la declaración de Bin Laden lo
muestra sobradamente, porque si considerase que ésa es la clave para
movilizar al mundo musulmán a su favor, no hubiese dudado en recurrir a ello
con el mismo oportunismo. Esto es de una gran significación para todos
aquellos que también de manera oportunista quieren reducir la complejidad de
lo que está pasando a una lucha contra los valores occidentales para no tener
que afrontar la solución política de los problemas. Por tanto, si se quiere
acabar con los Bin Laden, además de perseguirlos y juzgarlos por sus crímenes
en tribunales internacionales, EE UU y sus aliados tendrán que modificar su
política en el Oriente Medio, y eso significa mucho más que sólo añadir en
cada discurso que no se trata de una guerra contra el islam o el mundo musulmán,
y mucho más que limitarse a generar más odio con escaladas militares que
producen más sufrimiento humano, como es el caso de la población afgana en la
actualidad (y tampoco caer en el cinismo de, primero, bombardear, y luego,
lanzar comida y medicamentos). De esa humillación y dolor seguro que Bin
Laden sacará también partido.
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