El Islam y la Ciencia
Artículo de Dennis Overbye, Director Asistente de
Ciencia del New York Times, 31 Oct. 2001,
Autor de “Corazones solitarios del cosmos” y “Einstein
enamorado”.
Traducción y
comentarios del equipo editorial de aunmas.com

Observatorio
de Samarcanda – año circa 1420
Islam y ciencia en la Edad Media
Nasir al-Din al-Tusi era
muy joven cuando recibió una propuesta de los “Asesinos” que no podía
rehusar. Su ciudad natal había sido desbastada por los Mongoles y fue
invitado a vivir en la legendaria
ciudad fortaleza de Alamut, en las montañas del norte de Persia. Vivió por lo
tanto entre la secta herética y secreta de Musulmanes Shiítas, cuyos miembros
practicaban el asesinato político como una táctica.
N de la R: la palabra asesino deriva
del nombre de una secta secreta musulmana que en tiempos de las Cruzadas
aterrorizaba a los cristianos y a otros enemigos los mataban bajo la
influencia del Hashish, derivada a su vez de la palabra árabe hashshAshIn,
plural por “los que fuman hashish”.
Aunque luego dijera que
había sido retenido en Alamut contra su voluntad, su biblioteca era de gran
renombre por su excelencia y fue allí donde al-Tusi publicó trabajos sobre
astronomía, ética, matemáticas y filosofía, lo que lo convirtió en unos de
los grandes intelectuales de su época.
Cuando las hordas de
Halagu, el nieto de Gengis Kan, sitió la ciudad en 1256, al-Tusi no tuvo
mucho problema en decidir a quién ser leal. Se unió a Halagu y lo acompañó a
Bagdad, la cual cayó en 1258. Agradecido, Halagu le obsequió un observatorio
en Maragha, en lo que es ahora el noroeste de Irán.
Su astucia y “flexibilidad
ideológica” le rindieron frutos en aras de la ciencia. Con sus
seguidores en Alamut y en Maragha,
en los siglos 13 y 14, crearon los pilares de la astronomía moderna, marcando
la secuencia civilizadora Atenas, Alejandría, Bagdad, Damasco y Córdoba,
a través de los palacios de los
califas y los laboratorios de los alquimistas.
Guiados por el Corán en la
búsqueda de conocimiento y lectura de la naturaleza, tratando de encontrar
los mensajes del Creador, e inspirados por el conocimiento griego, los
Musulmanes crearon en la Edad Media una sociedad que fue el centro científico
del mundo. Durante más de 500 años, el árabe fue sinónimo de ciencia y
conocimiento, una edad dorada que cuenta entre sus logros la creación de las
universidades modernas, el álgebra, los nombres de las estrellas e incluso la
noción de ciencia como una actitud inquisitiva empírica.
Al respecto, el Dr. Jamil
Ragep, Profesor de Historia de la Ciencia de la Universidad de Oklahoma dice:
nada en Europa podía iluminar lo que iluminaba el Islam hasta el año 1.600.
Para los historiadores, fue éste conocimiento el que luego dio pie al
Renacimiento y a la Revolución Científica.
“Las civilizaciones no
chocan”, declara el Dr. Abdelhamid Sabra, Profesor retirado de Historia de la
Ciencia Árabe que enseñó en Harvard, sino que pueden aprender una de la otra.
“El Islam es un buen ejemplo de eso. El encuentro entre Arabia y Grecia
constituye uno de los grandes eventos de la historia, con consecuencias
enormes no solo para Europa sino para el mundo.”
No obstante se conoce poco
de esa época de oro, pues poco ha sido traducido del árabe y miles de
manuscritos ni siquiera han sido aún leídos por los estudiosos. Para el Dr. Sabra,
la Historia de la Ciencia Islámica aún no ha comenzado.
Con referencia a los
recientes acontecimientos, el Dr. Osman Bakar, del Centro para el
Entendimiento entre Musulmanes y Cristianos de la Universidad de Georgetown,
expresa que no existe conflicto entre Islam y ciencia y que tradicionalmente
el Islam ha animado siempre la ciencia y el aprendizaje. “El conocimiento es
parte del credo, agrega el Drt. Farouk El-Baz un geólogo de la Universidad de
Boston, que fue asesor científico del Presidente de Egipto Anwar El-Sadat:
“Cuanto más se sabe más evidencia se tiene de Dios”.
Abdus Salam, el primer
Musulmán en ganar un Premio Nóbel en Física, dice que considerar a la ciencia
moderna Islámica como “abismal” consterna a los estudiosos Occidentales. Lo
que ocurre es que los Musulmanes tienen una especie de nostalgia por el
pasado, cuando eran los cultivadores dominantes de la ciencia. La relación
entre ciencia y religión ha generado mucho debate en el mundo Islámico y al
respecto, muchos creen que el concepto ciencia Islámica significa ciencia
informada por valores espirituales que el Occidente ignora, mientras que
otros arguyen que el conservadorismo religioso en el Oriente ha inhibido el
escepticismo necesario para una Buena ciencia.
La edad dorada
Cuando los ejércitos Mahometanos extendieron su acción desde la
península Arábiga en los siglos séptimo y octavo, anexando territorios desde
España a Persia, con ello anexaron también las obras de Platón, Aristóteles,
Demócrito, Pitágoras, Arquímides, Hipócrates y a otros pensadores Griegos
relevantes.
Según el Dr. Davis
Lindberg, Historiador de Ciencia Medieval de la Universidad de
Wisconsin, la cultura Helena en su
momento se extendió hacia el Oriente bajo el Griego Alejandro Magno y merced
a minorías religiosas, incluyendo varias sectas cristianas.
Los conquistadores
Musulmanes iliteratos recurrieron a la Inteligencia local para ayudarse a un
buen gobernar dice Lindberg, y en ese proceso absorbieron el conocimiento
griego que había sido transmitido a Occidente y luego traducido al Latín. Por
ello Occidente tuvo una versión reducida del conocimiento griego mientras que
el Oriente tuvo su versión completa.
En el siglo noveno, el
Califa Abu al-Abbas al-Mamun, creo en Bagdad La Casa de la Sabiduría, para
traducir manuscritos. Entre las primeras traducciones estaba La Gran Obra del
astrónomo Ptolomeo de Alejandría, que describía un universo en el cual el
Sol, La Luna, los planetas y las estrellas, giraban alrededor de la Tierra;
esa traducción, conocida como al-Magest fue la obra conocida por los
estudiosos árabes durante los próximos 500 años.
Judíos, Cristianos y
Musulmanes participaron en el florecimiento de la ciencia, del arte, de la
medicina y de la filosofía, que duró y se extendió a lo largo de cinco siglos
desde España a Persia. Su cúspide estuvo entre los siglos décimo y undécimo
cuando tres grandes pensadores iluminaron Oriente: Abu Ali al- Hasan ibn
al-Haytham, también conocido como Alhazen; Abu Rayham Muhammad al-Biruni; y
Abu Ali al-Hussein Ibn Sina, también conocido como Avicena.
Al-Haytham, nació en Irak
en el año 965, experimentó con la luz y la visión. Estableció las bases de la
óptica moderna y la noción de que la ciencia debía estar basada tanto en
experimentos como en argumentos filosóficos. Para el Dr. Lindberg, está a la
altura de Arquímedes, Kepler y Newton, como gran científico matemático.
Al-Biruni, matemático y astrónomo, nació en
lo que hoy es Uzbekistán en el año 973 y escribió 146 obras con un total de
13.000 páginas, incluyendo un vasto estudio sociológico y geográfico de La
India.
Ibn Sina fue un medico y filósofo nacido
cerca de Bukara en el año 981. Compiló una enciclopedia médica de un millón
de palabras, El Canon de Medicina, que fue usado como libro de texto en
partes de Occidente hasta el siglo decimoséptimo.
Los estudiosos dicen que
la ciencia encontró un ambiente propicio en el Islam por varias razones. En
parte por el misticismo y en parte por experimentar la unidad de la creación
que es el mensaje central del Islam.
"Cualquiera que
estudie anatomía crecerá en su fe sobre la omnipotencia y unidad de Dios el
Todopoderoso”, dicho atribuido a Abul-Walid Muhammad Ibn Rushd, también
conocido como Averroes, anatomista y filósofo del siglo 13.
Golpeando sobre la puerta del Paraíso
Otra razón es que el Islam
es una de las pocas religiones en la historia de la humanidad en la cual los
procedimientos científicos se necesitan para el ritual religioso, acota el
Dr. David King, historiador de la ciencia de la Universidad Johann Wolfgang
Goethe en Francfort, en su libro “La Astronomía al servicio del Islam”,
publicado en el año 1993. Los árabes han sido siempre conocidos por su
conocimiento de las estrellas, las que usan para orientarse en el desierto.
El requerimiento que
obliga a los Musulmanes a orientarse hacia La Meca en sus oraciones, requiere
el conocimiento del tamaño y forma de la Tierra. Las mejores mentes
astronómicas del mundo Musulmán resolvieron el problema logrando que la
“qibla” o direcciones sagradas, podían ser localizadas desde cualquier punto
del mundo Islámico, con una notable precisión, más allá de las necesidades de
los que las usaban, acota el Dr. King.
Los astrónomos del
observatorio de Samarcanda, que fue fundado alrededor del año 1420 por el
gobernante Ulugh Beg, media las posiciones de las estrellas con una precisión
de fracción de un grado, dice el Dr. El-Baz. Los astrónomos Islámicos
alcanzaron su punto más alto, al menos desde la perspectiva Occidental, en
los siglos 13 y 14, cuando al-Tusi y sus sucesores fueron un paso más
adelante del mundo Ptoloméico.
De acuerdo a los
filósofos, los cuerpos celestes se movían en círculos a velocidades
uniformes. No obstante, la belleza del modelo de Ptolomeo explicaba los
movimientos, que aparecían como no-uniformes de los planetas y del Sol,
mediante correcciones como órbitas dentro de órbitas, conocidas como
epiciclos, y mediante modificaciones geométricas.
Al-Tusi encontró una forma
para corregir a mayor parte de las asimetrías del modelo de Ptolomeo
agregando pares de epiciclos inteligentemente diseñados para cada órbita.
Siguiendo los pasos de al-Tusi, el astrónomo del siglo 14, Ala al-Din
Abul-Hasan ibn al-Shatir, se las compuso para ir aún más lejos y construir un
modelo absolutamente simétrico.
Copérnico, quien dio
vuelta por completo al modelo Ptoloméico, postulando que eran los planetas
los que giraban alrededor del sol, expresó ideas similares a las de los
astrónomos Musulmanes en sus primeros escritos. Esto ha hecho pensar a
algunos historiadores que bebe haber existido algún vínculo no conocido entre
Copérnico y los astrónomos Islámicos, aunque no se tiene conocimiento de que
alguno de los trabajos de ibn al-
Shatir's o de al-Tusi's hayan sido traducidos al Latín y por lo tanto serían
desconocidos en Occidente.
El Dr. Owen Gingerich,
astrónomo e historiador de astronomía de la Universidad de Harvard, opina que
Copérnico pudo haber desarrollado las ideas independientemente, pero la idea
de criticar al modelo de Ptolomeo y reformarlo, era parte del “clima de opinión
heredado del Islam por el Latín de Occidente”.
La declinación de Oriente
A pesar de ser conscientes
de las fallas del modelo de Ptolomeo, los astrónomos Islámicos estaban lejos
de desecharlo pues hacerlo hubiera requerido de una revolución cosmológica y
filosófica. Oriente no tenía necesidad de modelos heliocéntricos del
universo, acota el Dr. King: todo movimiento es relativo y era irrelevante
para los propósitos del ritualismo Musulmán si se giraba alrededor de la
Tierra o del Sol.
Desde el siglo décimo al
decimotercero los europeos, principalmente en España, traducían trabajos
árabes en Hebreo y en Latín y ello fue como un renacimiento del aprendizaje
que transformó la civilización de Occidente.
¿Porqué la ciencia del
Oriente no avanzó como era de esperar?. “Nadie puede dar respuesta a esa
pregunta satisfactoriamente”, dice el Dr. Sabra. Presionados, los
historiadores ofrecen una constelación de razones: el imperio Islámico
comenzó a declinar en el siglo decimotercero por las Cruzadas desde el Oeste
y por los Mongoles desde el Este. Los Cristianos reconquistaron España y las
magníficas bibliotecas de Córdoba y de Toledo, llenas de conocimiento árabe.
Como resultado de eso, los centros Islámicos del aprendizaje comenzaron a
perder contacto entre si y con Occidente, conduciendo a una erosión gradual
de dos de los principales pilares de la ciencia: las comunicaciones y el
apoyo financiero.
En Occidente, la ciencia
fue capaz de sostenerse a si misma con nuevas tecnologías tales como la
máquina a vapor y atraer financiamiento de parte de la industria mientras que
en Oriente permaneció dependiente del favor de los sultanes y los califas.
Además, los Otomanos, quienes ocuparon las tierras árabes en el siglo
decimosexto, eran constructores y
conquistadores no pensadores, reflexiona el Dr. El Baz, con lo cual poco a
poco fue extinguiéndose el apoyo. “No se puede esperar excelencia de la
ciencia cuando la sociedad no la cultiva”.
Según King otros arguyen
que la ciencia en el Islam comenzó a
ser vista por Occidente como decayendo pero “con ojos seculares”,
mientras que para el mundo árabe se puede vivir sin revolución industrial si
se dispone de suficiente cantidad de camellos y de comida. Por otra parte,
esa pregunta es típicamente Occidental. Después de todo, floreció durante mil
años, ¡no estuvo tan mal!.
Guerras de Ciencia
Encuentros humillantes con
las potencias coloniales europeas en el siglo 19 desencadenaron hambre de
ciencia y tecnología Occidental, o al menos el poder económico y militar que
ese cultivo de talento producía. Los reformadores que se propusieron
modernizar la educación Oriental, incluyendo ciencia Occidental, podían
argüir con razón que estaban tomando algo propio puesto que la ciencia
Occidental había heredado los conocimientos del Oriente. Hay países
Musulmanes en los que los programas científicos son muy modernos, caso de
Malasia, Jordania y Pakistán y en países especialmente conservadores, como
Arabia Saudita, las clases de ciencia se imparten en Inglés.
No obstante, para el Dr.
Pervez Hoodbhoy, físico Pakistaní y Profesor en la Universidad Quaid-e-Azam
en Islamabad, y que ha escrito de la ciencia y el Islam, la ciencia está en
retraso en el mundo Islámico. De acuerdo a sus encuestas personales, declara
en su libro “El Islam y la Ciencia -
Ortodoxia Religiosa y la Batalla por la Racionalidad”, escrito en el
año 1991, los Musulmanes no están representados en el mundo científico, menos
del 1% con una población cercana a un quinto de la población mundial,
mientras que Israel cuenta con el doble de científicos que todo el mundo
Musulmán.
Entre otros factores
sociológicos y económicos, tales como la ausencia de clase media, Hoodbhoy
atribuye la enfermedad de la ciencia Musulmana al énfasis dado durante el
ultimo milenio al aprendizaje basado en la memorización del Corán.
“La noción de que todo
está contenido en el Gran Texto es un incentivo para el no-aprendizaje”,
dice. “Eso es destructivo si queremos crear una persona pensante, alguien que
pueda analizar, preguntarse y crear a su vez”. El Dr. Dr. Bruno Guideroni, un
Musulmán que es astrofísico del Centro Nacional para la Investigación
Científica de París, dijo: “Los Fundamentalistas critican a la ciencia
simplemente porque es de Occidente."
Otros estudiosos (Bakar)
dicen que la actitud de los Musulmanes conservadores hacia la ciencia no es
más que esquizofrenia, quieren sus beneficios pero no su cosmovisión”. Al
respecto, una respuesta a la invasión de la ciencia de Occidente, sería para
los estudiosos, el esfuerzo de “Islamizarla”, describiendo al Corán como la
fuente del conocimiento científico.
Hoodbhoy agrega que tales
grupos han criticado incluso el concepto de causalidad. Por ejemplo, el
Instituto de Estudios de Políticas de Pakistán postula que los efectos
físicos pueden no estar relacionados a causas. Por ejemplo, no sería Islámico
decir que combinado el Hidrógeno con el Oxígeno se obtiene agua, sino se debe
decir: “cuando se combinan el hidrógeno con el oxígeno, por la voluntad de
Allah, se crea el agua”.
Incluso los Musulmanes que
rechazan el Fundamentalismo, han expresados sus dudas acerca de la
conveniencia de seguir el estilo Occidental de la ciencia, diciendo que ello
subvierte los valores espirituales tradicionales y promueve el materialismo y
la alienación.
“ No se puede crear
ciencia en el vacío”, expresó el Dr. Seyyed Hossein Nasr, historiador de la
ciencia, autor, filósofo y Profesor de estudios Islámicos de la Universidad
George Washington, durante una charla dada en el MIT hace unos años: “la
ciencia aparece bajo ciertas circunstancias en Occidente con ciertas
presunciones filosóficas acerca de la naturaleza de la realidad”.
El Dr Muzaffar Iqbal,
químico y presidente y fundador del Centro para Islam y Ciencia en Alberta,
Canadá, expresa: "La ciencia moderna no pretende definir el propósito de
la vida, eso está fuera de su dominio. En el mundo Islámico, en cambio, el
propósito es integral, parte de la vida misma."
La mayor parte de los
científicos rechazan la idea de una ciencia que puede ser dividida en sabores
étnicos, religiosos u otros. El universo es solo uno y el proceso de
preguntarse y dar respuesta acerca de la naturaleza, eventualmente borran las
circunstancias a partir de las cuales se originaron los cuestionamientos.
Hoodbhoy, en su libro, cuenta como los Dres. Salam, y Steven Weinberg, ahora
en la Universidad de Texas, y el Dr. Sheldon Glashow de Harvard, compartieron
el Premio Nóbel por demostrar que el electromagnetismo y la denominada fuerza
nuclear débil son manifestaciones de una misma fuerza.
Los Dres. Salam y Weinberg
realizaron sus contribuciones en forma independiente, a despecho que el Dr.
Weinberg es un ateo mientras el Dr. Salam un Musulmán que ora y lee
regularmente el Corán y que en la introducción de su libro se describe a si
mismo como “geográficamente e ideológicamente remoto” del Dr. Weinberg.
“La ciencia es internacional”, dice El-Baz:
“No existe tal cosa como ciencia Islámica. La ciencia es como construir un
gran edificio, una pirámide, cada persona agrega un bloque y estos bloques
nunca tuvieron una religión. Es absolutamente irrelevante el color del
individuo que puso el bloque”.
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