Nota editorial
Todos
los frentes incluso el de Israel – Palestinos, están en un “status quo” y lo
único activo en la guerra es la cacería en Tora Bora, los preparativos
políticos, los preparativos internacionales para ocupar cada país de la
Coalición un lugarcito en Kabul y la llegada de las primeras misiones de
ayuda humanitaria coordinadas por las Naciones Unidas. En Estados Unidos se
ha valuado el impacto directo de los ataques en 100.000 millones de dólares,
groseramente 55.000 millones en seguros y unos 45.000 millones en operativos
de defensa y respuestas bélicas.
En
lo militar, la Coalición ha encontrado una metodología muy cara, muy
destructiva aunque aparentemente eficaz para luchar contra el terrorismo:
bombardeos intensivos y extensivos de alta precisión y poder de destrucción y
cercamiento del enemigo mediante tropas “paisanas”, rebeldes, mercenarias o
enemigas del enemigo. Decimos eficaz pues logra destruir la resistencia
enemiga en un tiempo mínimo pero agregamos aparentemente pues en el caso de
Afganistán se destruyó la resistencia pero no al enemigo y no decimos
eficiente por la desfavorable relación costo beneficio. Ha demostrado ser en
cambio muy segura en cuanto a pérdida de vidas de soldados invasores, las
fuerzas especiales y recientemente los “marines”.
A
diferencia de los rusos, que invadieron Afganistán para combatir con tropas propias,
la Coalición optó por enviar “al frente” a los rebeldes, reservándose tareas
de inteligencia, asesoramiento y coordinación, y llegado el momento de
combates “cara a cara”, abocar a las tropas propias a tareas de intercepción
y destrucción del enemigo que huye. Cada estrategia tiene su pro y su contra.
Si bien el gobierno Taliban ha sido destruido, con el ideal de “cero bajas”de
tropas propias, la delegación de la fase más importante de una batalla que es
el clásico “asalto final” en tropas no propias ha ocasionado la fuga de la
mayor parte de los Talibanes Afganos que muy probablemente pasen a la
clandestinidad.

Fuente: ACNUR, Campos de Refugiados
Afganos
Apéndices
Sobre
la extraña alianza de sangre entre Osma ben Laden y el mullah Omar
Las mesiánicas ambiciones del Mullah Omar
Asuntos Internacionales
Decenas de
miles de Afganos condenados a muerte por inanición
Hace ya más de dos meses que comenzó la
Guerra en Afganistán y hoy se cumplen tres meses del atentado a las Torres
Gemelas y al Pentágono. Es interesante constatar la situación antes y
después. La inversión de la Coalición y en especial de Estados Unidos en
términos materiales y emocionales ha sido enorme y va continuar el drenaje,
quizá en aumento si se inician, como seria la intención, operaciones en otros
países.
Nota: Sólo en seguros las compañías de
seguros van a tener que desembolsar 54.000 millones de dólares, el doble de
lo que tuvieron que pagar por el Huracán Andrews y el triple de los costos de
reconstrucción del último movimiento sísmico de California.
Un
Afganistán muy empobrecido. Gobernado por un grupo Islámico confesional,
duro, casi bárbaro. Afganistán estaba aislado de la comunidad internacional,
pero el país estaba medianamente estabilizado en cuanto a guerras intestinas.
No existían alternativas de cambio de de gobierno siendo la Alianza del Norte
la mayor “contra” que tenían los Talibanes. En términos de territorio los
Talibanes controlaban el 90% de Afganistán.
Afganistán
no se diferenciaba de una vieja nación en estado feudal y con ciertas similitudes
a la era previa al Shogunato de Japón: Señores de la Guerra en un mosaico
multiétnico a cargo de clanes que pasan su vida combatiendo o comerciando o
controlando el comercio que pasa por sus territorios. Los clanes cuentan su
importancia en función de la cantidad de combatientes activos, de 1.000 a
5.000, de sus armamentos y de sus alianzas entre sí y con potencias vecinas.
De todos estos clanes surgió una instancia
superadora, los Talibanes Pashtún, que se unen dando mayor prioridad a la
religión que a la etnia y a la aplicación de la religión a todos los
estamentos de la sociedad y del Estado. Entre los Señores de la Guerra los
hay cultos e incultos pero todos comparten en mayor o menor grado los hábitos
y los valores de los Talibanes. Es más, hasta casi podría decirse que los
Talibanes no eran históricamente los más sanguinarios. Otro detalle, tanto
los Talibanes como los Señores de la Guerra son o han sido -si son demasiado
jóvenes lo han sido sus padres-, mujaidines, es decir, combatientes por la
Gloria de Allah. Otra profunda característica de ésta nación de señores
feudales es que pese a sus continuas diferencias suelen estar muy emparentados entre si, sobre todo dentro de
una misma etnia.
Nota: Algunos grupos
son primitivamente pastoriles o recolectores, que reinan dentro de una
determinada zona inexpugnable de montaña o desierto, que nunca han salido de
esas zonas y que hasta podría decirse que ignoran qué es Afganistán, caso
algunas tribus que están participando en la cacería de Osama ben Laden y del
mullah Omar.
Entre
los Talibanes había algunos muy preparados. Esa característica, unida a su
austeridad, su inflexibilidad, su espíritu marcial y su extrema juventud
promedio les asignaba una mística medieval. Por sus características, el Afganistán
de los Talibanes prohijó además campos de entrenamiento miliciano de Osama
ben Laden, en la línea de lo ocurrido en la década de los 80 cuando los
mujaidines se entrenaban para una guerra de guerrilla contra los rusos, pero
ahora para combatir contra el Occidente capitalista.
En
el fenómeno Talibán surgen dos figuras que forjan su fisonomía definitiva:
Osama ben Laden y el mullah Omar. Osama ben Laden, es una especie de Gengis
Kan moderno, fanático, astuto, intelectual y místico mientras que Omar es un
hombre simple pero valeroso, honesto y de principios. La mezcla demostró ser
explosiva.
Estados
Unidos sabía muy bien quién es Osama ben Laden, un ex aliado peligroso que
“se dio vuelta” y que ahora los mira con odio. Lo sabía perfectamente el gobierno
de Clinton que por un lado quería exterminarlo pero por otro estaba dispuesto
a negociar con los Talibanes la explotación del petróleo y del gas que pasa y
rodea a Afganistán. Negocios y política es un lugar común en la historia de
la humanidad y la guerra es la continuación de la política pero por otros
medios.
Curiosamente,
Estados Unidos intenta negociar con los Talibanes ignorando tanto a Omar
cuanto a ben Laden, en una situación simétrica a la que ocurrió en estos dos
meses de guerra donde las negociaciones eran entre los Señores de la Guerra y
los Talibanes ignorando a los dos líderes. No se conocen los términos de las
negociaciones que seguramente comenzaron a fines de la era Clinton y a
caballo a principios de la era Bus hijo, pero es altamente probable que
además del petróleo y el gas haya estado en juego la entrega de Osama ben
Laden. En esos momentos, a Omar no se le prestaba demasiada atención. Omar es
realmente una figura religiosa, que se auto proclama seguidor del profeta
Mahoma y que tuvo y tiene predicamento dentro de los Talibanes e incluso
dentro de la etnia Pashtun. Lo concreto de las negociaciones anteriores a
Septiembre 11 es que los Talibanes dijeron NO y que luego, unos escasos dos
meses después, ocurrieron los sangrientos hechos del 11 de Septiembre.
Afganistán
mucho más pobre y destruido que antes, pérdidas de vidas en el orden de
decenas de miles, el gobierno Taliban a ser reemplazado a partir del día 22
de éste mes por un gobierno de coalición de Señores de la Guerra que ya
comienzan a pelear entre sí. Refugiados recientes aproximadamente 1.400.000
de un total de 3.500.000, distribuidos en bolsones a lo largo de las
fronteras vecinas, fundamentalmente de Pakistán. Esto no sería tan grave si
no fuera porque los
Talibanes continúan vivos y armados, ¡sí armados!.
Al respecto, la preocupación del
Secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald. H. Rumsfeld, es muy grande, preocupación no compartida
ni por el presidente Bush ni por el Vicepresidente Cheney ni por el Canciller
itinerante Colin Powell. La preocupación, es porque la guerra contra el
terrorismo en Afganistán no habría terminado sino todo lo contrario. Los
Talibanes han pasado a la clandestinidad con sus armas. Si bien es cierto que ya no tienen sus
armas pesadas por haber sido destruidas por los bombardeos o tomadas por los
rebeldes Señores de la Guerra, también es cierto que son obsoletas y poco
sirven para una eventual guerra de guerrillas.
Por
otra parte, mal que bien, los Talibanes han demostrado ser más coherentes y
unidos que los rebeldes y van a ser un problema muy serio para la estabilidad
del nuevo gobierno y un tremendo dolor de cabeza para las futuras fuerzas de
paz. Lo que a la Coalición le resulta extraño, tal como las negociaciones
entre Talibanes y rebeldes es cosa normal entre ellos. Los rebeldes temían a
los Talibanes y los respetaban siendo muy pocos los que estaban empeñados en
echarlos por las malas. Si hubo negociaciones “extrañas” en Kabul, entre
rebeldes no Pashtún y Talibanes Pashtun, ¡imaginemos las negociaciones que
pueden haber existido entre los sitiadores de Kandahar y los Talibanes, todos
de la etnia Pashtun!. Es
decir, que más allá de lo que ahora pueda decir el actual presidente
provisional de Afganistán, Hamid Karzai, a los Talibanes se les permitió
“irse a sus casas” con las armas de bolsillo y de hombros puestas.
A
todo esto, el problema se agravaría en extremo si Osama ben Laden y/o el
mullah Omar no aparecen.
Apéndices
Fuente:
El País
Francisco
Peregil, del diario El País de España, explica muy bien la ética Pashtun,
algo que deberían leer todos los que quieren hace algo con ellos, ya sea como
amigos o como enemigos. Los Pashtunes, para el profesor de relaciones internacionales
en la Universidad de Quetta, Mansur Kundi: “Son hospitalarios, bravos,
vengativos, conservadores, religiosos y demasiado amantes del dinero. Resulta
muy fácil sobornarlos. Y la historia está llena de ejemplos”.
Son tan complejos para
nuestra mentalidad, que Peregil, luego de extensivas consultas con expertos,
entre ellos el periodista Pashtun Malik Najbullah, llega a la siguiente
conclusión: “Si para formar
Gobierno en Afganistán no se tienen en cuenta las aspiraciones de esta etnia
de 35 tribus y 180 clanes, que constituye alrededor del 38% de los 25
millones de afganos y un 20% de los 140 millones de paquistaníes, no habrá
paz.”
Tienen, como la mafia
siciliana, su propio código de conducta en lo que hace al honor y a la
palabra, denominado el Patunwali. Dentro del Patunwali está la firmeza de
Omar y de los Talibanes en conbsiderar huésped de honor a Osama ben Laden y
con ello arriesgar absolutamente todo, hacienda, gobierno y hasta la
vida. Y agrega Kundi, hay que tener
en cuenta que pese a la intensa propaganda en contra, los Talibanes solo han
ejecutado a dos mujeres que atentaron contra el patunwali.
Son ellos, Hamid Karzai,
elegido presidente del Gobierno provisional afgano, Gul Agha y Abdul Jalik.
Karzai presionó por el Norte, Agha, por el Sur, y Jalik operaba desde la
ciudad de Quetta. Todos dicen luchar por el antiguo rey de Afganistán,
Mohamed Zahir Shah. Todos están peleados entre si y ni se hablan directamente
sino a través de parientes y voceros o voceros-parientes.
De Gul Agha, ex gobernador
de Kandahar, se dice que es corrupto e incompetente. Abdul Jalik, ha vivido
los últimos años en Estados Unidos y nunca se interesó demasiado por su país.
Karzai, el que ha sido recompensado en Bonn por haber sido el primero en
apoyar los bombardeos, habría conseguido apoyo monetario y político de
Washington aunque los militares no lo miran con simpatía por sus primeras
declaraciones referentes a dejar libre al mullah Omar y lo responsabilizan en
parte por la huida de los Talibanes con sus armas.
Otros líderes tribales son
Aurang Zeb Jogazai, jefe de la tribu kakar, que ha luchado muy poco pero
tiene a su favor que habla inglés muy bien.
Para todos ellos, el
enemigo no son los Talibanes ni Osama ben Laden sino la Alianza del Norte,
que representan las “etnias del norte”.
Sobre la extraña alianza
de sangre entre Osma ben Laden y el mullah Omar
Para algunos observadores,
ambos están huyendo juntos de la Coalición tal como les sucedió de 1996 a 1998
durante la conquista de Afganistán.
Omar nació en 1959 en
Nodeh, una aldea cercana de Kandahar, de familia pobre, fue mullah de pueblo
antes de enrolarse en contra de los soviéticos. Tiene pocos estudios salvo el
recibido en la escuela coránica o Madrassa de Singesal. De allí se convirtió
en líder de los Talibanes, alumnos a menudo analfabetos, y desde allí comenzó
la conquista de Afganistán. Es considerado un hombre muy valiente y honesto.
Recibió el apoyo de los servicios secretos paquistaníes, de militares y de
Benazir Bhutto, primera ministra de Pakistán en aquel entonces, que hablaba
de los Talibanes como de “mis hijos”. Los servicios de inteligencia de la
Coalición consideran que sigue recibiendo el apoyo de los servicios secretos
pakistaníes.
Omar nació en Arabia
Saudita en el año 1957, como hijo de una de las concubinas de su padre.
Estudió en buenas escuelas Occidentales y tuvo la vida de un joven rico.
Mientras estudiaba ingeniería o veraneaba en Europa, Omar se concentraba en
el aprendizaje estricto del Corán. Al morir su padre heredó gran parte de su
inmensa fortuna. Se convirtió en un Islamista acérrimo y receloso de los
ricos y corruptos que gobernaban su tierra. Como su familia pertenecía a esa
clase, decidieron enviar a la “oveja negra” de la familia a Afganistán, a ver
si luchando en contra de los soviéticos, dejaba de ser antimonárquico o
simplemente pasaba a mejor mundo como era bastante probable. Allí se
relaciona con los mujaidín, a los que comienza incluso a apoyar
financieramente y crea al Qaeda.
Luego de expulsados los
soviéticos, con la ayuda de la CIA, su objetivo (el de ben Laden) fue luchar
contra la monarquía de su tierra mientras que el de Omar fue luchar contra
los corruptos de Kabul. Osama ben Laden fue un guerrillero y se convierte en
entrenador de terroristas con un conocimiento profundo de las nuevas
tecnologías mientras que Omar no es un terrorista internacional e ignora y
desprecia a las nuevas tecnologías. Para Omar, el enemigo más lejano era la
India, sempiterno enemigo de Pakistán y de donde provenía el Budismo tan
ajeno al Islamismo.
¿Cuál de los dos ejercía
realmente el poder?. Creo que era un poder compartido sobre la base de una
extraña simbiosis. Sin embargo, cada uno tenía sus propios objetivos. Los
Talibanes negociaban con Estados Unidos la apertura de un oleoducto que
transportase el petróleo de Asia Central, cuando supuestamente Al Qaeda
estaba preparando los atentados contra las Embajadas de Estados Unidos en
Kenia y Tanzania.
Las mesiánicas ambiciones del Mullah Omar
Fuente: Tim Weiner del NYT
Herido en muchas
ocasiones, había quedado ciego de su ojo derecho combatiendo a los invasores
soviéticos en los años 80. Hace unos diez años llegó a creer que había sido
elegido por Dios para purgar el pecado y la violencia en Afganistán y
convertirlo así en un estado islámico puro. Esa visión, contó con el respaldo
de los académicos religiosos Talibán, que le confirieron el título de mullah,
aunque nunca completara su educación religiosa y lo convirtieron en su líder.
El 4 de abril de 1996, cuando los Talibán estaban cerca de asumir el control
total del país, la ambición hizo que el mullah Omar quisiera abrir un altar
en Kandahar y apropiarse de una capa que, según dicen, había pertenecido al
Profeta Mahoma, fundador del Islam.
Nadie había tocado esa capa en los últimos 70 años. Y Omar la alzó en el
aire, se la mostró a una multitud de seguidores y se la puso sobre los
hombros y se declaró comandante de los creyentes, líder de todo el Islam.
Nadie había reclamado ese título desde el Cuarto Califa, hace más de 1.000
años.
Nota: A partir de ésta
introducción el artículo sugiere que Osama ben Laden, expulsado de su país
natal, busca refugio en Afganistán y emplea la estrategia del elogio para
ganarse a Omar.
Una vez allí, elogió y
alabó a Omar. Y alentó su creencia de que Afganistán era el centro de un
nuevo imperio religioso que se extendería por todo el mundo. Hace poco, en
enero, en la boda de su hijo, Bin Laden pronunció un largo discurso sobre la
guerra santa en el que insinuó que el mullah Omar era “el nuevo califa”, el
gobernante supremo de todos los musulmanes y el sucesor del Profeta.
Según Anwar Sher, un general paquistaní retirado que colaboró con los
servicios de inteligencia de su país dijo que después de que en 1989 los mujaidines, o guerreros santos
derrotaron a los soviéticos, algunos de sus comandantes se auto proclamaron
emires y gobernaron desde pequeños pueblos hasta zonas enteras por la fuerza.
“Pensaban que eran semidioses y que podían hacer lo que quisieran, mataban
enemigos a su antojo, violaban mujeres y niños, saqueaban pueblos y robaban
camiones en forma aislada pero aterradora, tratando despóticamente a un país
que había perdido casi un millón de personas en una guerra contra una
superpotencia que había durado 9 años. La leyenda de que una pequeña banda de
académicos religiosos estaba depurando Kandahar convirtió a Omar en una
especie de Robin Hood dispuesto a ayudar a los pobres a defenderse de los
comandantes mujaidines. El grupo se hizo llamar Talibán. Y en noviembre de
1994 ya gobernaba Kandahar.
“El mullah Omar había sido
un comandante de baja jerarquía, pero era un hombre de carácter, con el Corán
en una mano y la ametralladora en la otra”, recordó el general Sher.
“Su gente iba a hablar con los comandantes y los líderes mayores y les
preguntaba: ‘¿Están con nosotros o contra nosotros?’ Levantaban sus banderas
blancas y recorrían cada provincia. Y, en general, cansado de la violencia,
el público los apoyó. Nadie los detuvo hasta que llegaron a los límites de
Kabul”.
Datos anecdóticos: se
alimenta sobre la base de té, fruta y nueces, solo lograron fotografiarlo
tres veces y fue a Kabul tal vez dos veces en toda su vida.
Asuntos Internacionales
Decenas de miles de Afganos condenados a muerte
por inanición
La OIM, Organización
Internacional de Migraciones, informó que al menos 177 personas,
en su mayoría niños, han muerto de hambre en Baghe Sherkat, en el norte de Afganistán, en las últimas
semanas. Esto es solo una pequeña muestra de lo que está sucediendo en dos
oleadas de desplazados. Aproximadamente 1.400.000 Personas Desplazadas
Internamente y los Refugiados Afganos en países vecinos, cuyo número se
estima en 3.500.000 de personas. A estos últimos, Peter Kessler, portavoz de ACNUR, Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (29 millones OIM y 140
ACNUR), les ha aconsejado esperar a que la situación se pacifique.
Fuente:
diario El País
La matanza de rehenes Talibanes Afganos y no
Afganos en Qila-i-Jhangi, en las afueras de Mazar-i-Sharif, fue ejecutada por
el general de la Alianza del Norte Abdul Rashid Dostum, uno de sus hombres
más duros, pero aparentemente habría sido coordinada y dirigida por tropas de
elite Americanas y Británicas. El diario El País, de España, reproduce un
diálogo telefónico satelital entre el enviado especial del semanario Time,
Alex Perry, con su jefe en Nueva York, John Flowers, horas después de
iniciarse los disparos dentro del fuerte y cuatro horas después de la llegada
a la zona del fuerte de los norteamericanos.
Pregunta. ¿A qué distancia de los combates estás
ahora?
Respuesta. A unos doscientos metros.
P. ¿Cuántos hombres están combatiendo?
R. Unos 800.
P. ¿Cuántos estadounidenses hay?
R. Hay británicos y estadounidenses. Un
puñado. Doce, diría yo. Llegaron con dos jeep. Los británicos van de
civil; los estadounidenses, de uniforme.
P. ¿No estarán combatiendo solos a esos 800
hombres?
R. Sí. Con el apoyo de la Alianza del Norte.
Pero son los estadounidenses los que llevan la batuta.
P. ¿Cómo que tienen la batuta?
R. Bueno, los estadounidenses y los británicos
son los que coordinan, desde el interior del fuerte, los bombardeos sobre una
parte del fuerte. También dan la señal de ataque a los combatientes de la
Alianza. Están aquí porque los Talibanes se apoderaron de varias armas y
empezaron a disparar, había dos soldados estadounidenses dentro del fuerte:
uno ha sido desarmado y muerto -se llamaba Mike- y otro se encontraba en
dificultades y sin municiones. Aún no se sabe si le ha pasado algo, pero ésta
es la razón de la operación de salvamento.
P. ¿Cómo empezó todo? ¿Llevaron a los
prisioneros en camiones y nadie les registró para asegurarse de que no
escondían armas?
R. Sí. Y uno de ellos sacó una granada, la
hizo explotar y se mató a sí mismo y a dos comandantes. También resultó
herida leve una periodista británica. Poco después, los Talibantes aprovecharon
que un periodista estaba entrevistando a un preso para apoderarse de las
armas de los militares de la Alianza del Norte y mataron al menos veinte de
ellos. La Alianza perdió el control del fuerte.
P. ¿Qué fue lo que les hizo empezar?
R. Pienso que todo fue por el periodista
británico, por el mero hecho de ver a un Occidental.
P. ¿El resultado?
R. Parece que, de momento, han muerto 300 o
400 Talibanes. La misión de los estadounidenses y de los británicos es,
ahora, matarles a todos.
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