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Los terroristas no son tan
listos como se supone
En
éste momento que el terrorismo se ha anotado un resonante y macabro triunfo,
sus triunfos son siempre macabros, tenemos que ser más que nunca sensatos. En
primer lugar, recurrir a las estadísticas, en éste caso de ataques suicidas.
Cuando un ser humano se inmola, es de suponer que lo hace para dar un golpe
terrible al enemigo y para al mismo tiempo dejar un ejemplo trascendente a
los suyos.
Un kamikaze de la Segunda Guerra Mundial
soñaba con morir por Japón dejando un tendal de bajas a los aliados pero no
siempre era sí sino que un enorme porcentaje fallaba en su intento, es decir
moría si dar en el blanco o produciendo escasas bajas. Lo mismo ocurre ahora
y podemos recurrir a las crónicas de la guerra de ocho años entre Irak e Irán
y a la de los ataques suicidas de Palestinos contra Israel: lo normal son
pocas bajas y solo de tanto en tanto se produce una inmolación “exitosa”.
Destruir es mucho más fácil que construir
Otro
detalle a tener en cuenta es que el entrenamiento para destruir es mucho más
elemental que el entrenamiento para construir. Por ejemplo, para hacer chocar
a un avión, el suicida debe saber específicamente cómo conducirlo hacia el
blanco elegido ya en pleno vuelo, no cómo despegar, aterrizar o resolver un
complejo problema de navegación.
Ejemplo del terrorismo electrónico
Un
campo de acción moderno de los terroristas es en el Ciberespacio donde casi
se ha “endiosado” al “hackerismo”, en Internet y en las grandes redes
públicas y privadas. El hacker es una persona que dedica todo su tiempo no
para hacer programas constructivos sino tratando de encontrar “fallas” y
puertas abiertas en los programas de administración y control, lo que en la
jerga se conocen como “bugs” o “bichos”.
Los
sistemas hechos para producir determinados tipos de servicios, por ejemplo,
los de control y de autenticación, son enormes edificios de millones de
instrucciones de computadora y ya desde su lanzamiento los constructores
estiman la existencia de centenares de “bugs” que se van descubriendo sobre
la marcha y a lo largo de mucho tiempo con la buena fe de sus usuarios.
Para
la mayoría de los que usamos esos servicios, encontrar un “bug” es poco
probable pues simplemente no los buscamos, y es más, rabiamos a más no poder
cuando encontramos uno. Los hackers, por el contrario, se pasan 12 horas
diarias buscando esas fallas, probando a los programas, de seguridad sobre
todo, con mil y una maldades que a nosotros jamás se nos ocurrirían.
Todo sistema de seguridad tiene decenas de “puertas
traseras abiertas”
Algo
similar ocurre en nuestro mundo con nuestros sistemas de seguridad: están
llenos de fallas “menores”, puertas abiertas por las cuales filtrarse. Para
encontrarlas, simplemente hay que tener la actitud constante de buscarlas
dejando de lado todo pensamiento constructivo. Con respecto al ataque a las
Torres Gemelas y al Pentágono opino que fue efectivamente un ataque muy bien
planificado y creo que es casi obligada la participación de una
superestructura como las que puede tener un gobierno nacional o una poderosa
organización, pero creo que además de haber encontrado puertas traseras
abiertas en los sistemas de control, tuvieron una suerte increíble. Se dieron
una serie de circunstancias de muy baja probabilidad de ocurrencia y todo les
salió “bien”, como de relojería. Lo grave es llegar a pensar que los
terroristas son diabólicamente geniales.
Ejemplos de la Segunda Guerra Mundial
Echemos
una mirada a los museos online en Internet sobre espionaje y sobre las
actividades de los servicios secretos, de las más famosas operaciones de
inteligencia y de contrainteligencia. Muchas de ellas organizadas durante
años, por servicios nacionales de élite, con el concurso de técnicos y
científicos, salieron mal, como los ataques de pobre Coyote sobre el
Correcaminos o los ataques de Silvestre contra Tweety de los dibujos
animados.
Véase
al respecto, nuestra sección sobre Criptología y en particular la NSA: Recomendamos visitar su Museo de
Criptografía donde podrá echar un vistazo a una máquina Enigma, suerte de máquina
de escribir cifrada empleada por los alemanes en la última Guerra Mundial y
no deje de ver la sala del Proyecto Venona, nombre asignado a la labor de contrainteligencia
realizada por la NSA contra agentes de la KGB y GRU instalados en territorio
Norteamericano para conocer y supuestamente sabotear el Proyecto de la Bomba
Atómica durante los años 1943/6.
En
American History, de la Colección MicroPedia en referencia a la participación
de Indígenas Americanos en la Segunda Guerra Mundial, se cita un recurso muy
primitivo pero seguro: algunos trabajaban como “habladores en código”
trasmitiendo información vital en sus lenguas, que eran impenetrables para el
enemigo.
Generalmente
los terroristas tienen medios precarios pero infinita determinación y
perseverancia y no son sicópatas sino personas a las que su mente les funciona
bien. Una vez que esos grupos toman una decisión no se detienen ante nada y
eso les hace pasar con resolución y audacia por puertas descuidadamente abiertas, por algún “bug”del sistema.
Una persona temerosa, sorprendida o
vacilante, entrando en una situación peligrosa para su cometido, corre
peligro de ser detectada; un terrorista decidido a inmolarse no se amilana,
se comporta naturalmente.
Los terroristas no eran ni Chuck Norris ni Van Dame
He
leído al respecto, que dos o tres de ellos habrían sido reconocidos como
concurriendo a un gimnasio de La Florida para recibir un entrenamiento
especial para peleas callejeras. Invito a cualquier persona que haya tenido a
su cargo soldados para un operativo de guerra crucial, de todo o nada.
Recibir un entrenamiento de unas pocas horas en esas técnicas es lo pero que
se le ocurriría, es decir: o se cuenta con gente que sabe pelear en cualquier
condición o es mejor que esté anímicamente preparadas aun sin el conocimiento
de técnicas de combate. Si es cierto que esas personas fueron a ese gimnasio
para prepararse para supuestamente combatir con los pasajeros y la
tripulación del avión secuestrado, fue un error de ellos y de quién los
dirigía. Una probabilidad es que hayan concurrido a ese gimnasio simplemente
para mantenerse en forma simulando ser aprendices.
Un aviso a los entrenadores en Artes Marciales
Si
ese es el caso, hubo una falla en la gente del gimnasio y lo digo por
experiencia. Es común que en los gimnasios aparezca de tanto en tanto gente
de instintos violentos, lo cual es percibido al instante por un buen maestro
o practicante avanzado de Artes Marciales. En segundos, uno se da cuenta y
debe proceder de inmediato a invitarlos a hacer abandono del lugar intentando
previamente convencerlos de su equivocada y peligrosas actitud hacia sus
semejantes. Un procedimiento habitual es ir haciéndoles practicar con alumnos
y discípulos cada vez más fuertes
hasta que se dan cuenta que siempre hay alguien que los puede vencer y recién
a partir de allí intentar un diálogo.
Estar atentos y vivir como siempre
Finalmente,
la mejor defensa contra el terrorismo y la violencia está en todos y cada uno
de nosotros. En casos de peligro generalizado como la situación que se está
viviendo, hay que estar atentos, sin “stress” pero atentos. La violencia no
tiene arquetipos, caras violentas, ropaje violento o preñada de símbolos
agresivos. Caer en el stress es lo que busca cualquier terrorismo, que nos
pongamos todos histéricos y que cada uno denuncie cualquier cosa sospechosa
que encuentre. Eso es extremadamente peligroso y puede conducir a una
sociedad enferma, temerosa y delatora.
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