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Estados Unidos y la guerra islamista

EU y la guerra islamista

 

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Alain Touraine

Publicado por El País (Madrid) 18 de Septiembre 2001

El ataque y la destrucción de los centros financieros y militares del poder estadounidense no son sólo un estallido de violencia y la expresión de un odio que se ha manifestado en algunas ciudades árabes; son una declaración de guerra, lanzada por unas redes islamistas en un momento en el que el islamismo político está en retroceso.

Los movimientos religiosos se habían ampliado primero como campaña nacionalista, después como movimiento político para el que la toma de poder era más importante que la afirmación religiosa, pero el éxito económico de Estados Unidos había debilitado esos movimientos, la ``burguesía árabe'' había pasado poco a poco al bando de la economía globalizada, dejando sin clase en la que apoyarse y sin dirigentes a las masas desarraigadas de las ciudades.

Al renunciar a tomar el poder en la mayor parte de los países musulmanes, el movimiento islamista no tiene, pues, otra elección que entre su auto descomposición y la violencia. Y la violencia ha ganado tanto contra la primera tendencia como contra el poder estadounidense, pues unifica a los que se dividen. No se trata de una guerrilla, ni siquiera de terrorismo, sino de guerra. Nadie espera ver flotas aéreas o marítimas enfrentarse masivamente; nadie puede localizar y describir con detalle la organización militar, los recursos económicos, el sistema de información que permiten al bando antiamericano llevar a cabo esta guerra. Pero existe una situación de guerra desde el momento en que las luchas por la toma de poder en el mundo árabe se ven sustituidas por la decisión de atacar directamente al adversario.

¿Es posible que se reproduzcan los ataques que acaban de sufrir Nueva York y Washington? Nada permite descartar esta hipótesis. Todo Estados Unidos está amenazado y siente los golpes con tanta mayor dureza cuanto descubre la incapacidad de sus servicios de seguridad cuyos mejores elementos deben haber estado destacados desde hace mucho tiempo en Hollywood.

Ampliemos ahora nuestro campo de visión: ¿Puede alguien hoy negarse a ver la extrema hegemonía ejercida por EU sobre el conjunto del mundo?. Desde los enemigos invadidos hasta unos aliados que marchan al paso que les marcan, el mundo entero es consciente de vivir bajo una hegemonía cuyos aspectos positivos no deben ser, ante todo, olvidados: Concentración de los medios de creación cultural, universidades que atraen a la elite del mundo entero, éxito del movimiento por el reconocimiento de los derechos culturales, etcétera.

Durante más de un cuarto de siglo y sobre todo desde 1989, esta hegemonía fue más absoluta que lo que Gran Bretaña y otras potencias capitalistas lo fueron entre 1870 y 1914. Ahora bien, ese medio siglo de triunfo ``imperialista'' como entonces se decía, ha dado lugar a un siglo de reacciones políticas e ideológicas muchas de las cuales han llevado a regímenes totalitarios o autoritarios de uno u otro signo. Y fue necesario casi todo un siglo para poner fin a esos regímenes tan antidemocráticos como anticapitalistas. ¿Hemos entrado ya en un siglo XXI que va a reproducir la historia del siglo XX pero con un dramatismo aún mayor? La diferencia principal será que en lugar de enfrentamientos entre naciones organizadas veremos, vemos ya, cómo en torno al imperio y a sus símbolos de poder se forman unas redes de sombra que encuentran los recursos necesarios en la industria petrolera y sobre todo en la voluntad de unos jóvenes de sacrificar su vida por sus convicciones religiosas y políticas. El mundo puede transformarse en un gigantesco País Vasco.

Pero que éstas visiones, quizá a demasiado largo plazo, no nos impidan definir con mayor precisión el momento presente. Hemos visto en Palestina cómo una Intifada se transforma en guerra, y a Sharon apartar todas las posibilidades, soluciones elaboradas por Barak dentro del espíritu de las conversaciones de Oslo. En EU, George Bush ha multiplicado la ostentación de poder y de dinero. En el momento mismo en el que los mejores analistas ven cómo se debilita el islamismo político en muchos países, pasamos de ese islamismo político a este islamismo guerrero que acaba de ponerse de manifiesto. El cambio principal de uno a otro es que los enemigos de EU son cada vez menos visibles al tiempo que se fortalecen las situaciones extremas o nacen las vocaciones de kamikazes.

EU ha recibido un duro golpe y es en primer lugar en las víctimas de los ataques aéreos en las que hay que pensar. Pero todos tenemos la responsabilidad de evitar un enfrentamiento cada vez más catastrófico entre un poder absoluto y unos desarraigados sin esperanza.

 

 



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