Llenando el vacío
Juan
Chamero, Editor Jefe de aunmas.com
Ante la tragedia reconforta ver la tremenda capacidad del
ser humano para superarla, A continuación se muestra un arreglo fotográfico
realizado por los equipos técnicos del New York Times ante una idea de los Artistas
Paul Myoda y Julián La Verdiere. Curiosamente, no sabemos si con un cierto
mensaje críptico, se publicó en el día de hoy, 20 de Septiembre, con fecha 23
de Septiembre 2001.
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Como la gente en todo el mundo, Paul Myoda y Julián La
Verdiere respondieron al ataque llamando a los amigos, ofreciendo su sangre,
tratando de imaginar cómo ayudar. Pasaron el día mirando al cielo que se mostraba como inusualmente en blanco.
Ellos conocían esos edificios, estuvieron trabajando seis meses allí, en un
estudio del piso 91 de la torre norte preparando una escultura que iba a ser
instalada el año próximo sobre la antena de radio.
Trabajando sobre ésta obra de arte que había sido
encargada por el grupo Tiempo Creativo, estudiaron las torres, las observaron
desde distintos puntos de la ciudad y estaban inmersos en su propia cultura.
Estuvieron en la “hora feliz” en “Ventanas al Mundo”, y bajaron desde el piso
91 que les tomó 45 minutos.
En los momentos posteriores a la caída de las torres Los
dos artistas concibieron un nuevo proyecto denominado “Las Torres Fantasmas”,
que se muestran sobre la cubierta de la revista (del New York Times). Imaginaron
dos poderosos haces de luz que se eleven desde una fuente de reflexión,
rellenado el vacío dejado por las torres con incandescencia.
“Es más que nada una respuesta emocional”, dijo La
Verdiere. “Esas torres son como miembros fantasmas, podemos sentirlas aún
cuando no estén más allí. Sin ser doctores u operadores de grúa, nos dimos
cuenta que la mayor cosa que podíamos hacer es realizar un gesto artístico que
pudiera ser de consuelo o una sensación de seguridad y esperanza.”
Los artistas intentaron esto como un
monumento efeméride, ocupando el agujero en el cielo hasta que se proceda a la reconstrucción.
“Es una ironía, una especie de ironía dolorosa, que miramos a las dos torres de
la misma manera en la que los terroristas las miraron, como un símbolo de las
comunicaciones, de fuerza y de poder”, dijo Myoda. “Yo quisiera ver nuevamente
edificios de oficinas en ese lugar. No un campo santo o un jardín o una pieza
de arte. Deberían haber grandes edificios. Debería volver a ser lo que fue”.