La ciudad de los pozos
Enviado por Sonia Mansilla
Esto es la
comunicación profunda, que sólo consiguen entre sí, aquellos que tienen el
coraje de vaciarse de contenidos, y buscan en lo profundo de su ser lo que
tienen para dar...
Esa ciudad no estaba habitada por personas, como todas
las demás ciudades del planeta. Esa ciudad estaba habitada por pozos. Pozos
vivientes... pero pozos al fin. Los pozos se diferenciaban entre sí, no sólo
por el lugar que estaban excavados sino también por el brocal (la abertura que
los conectaba por el exterior).
Había pozos pudientes y ostentosos con brocales de mármol
y de metales preciosos; pozos humildes de ladrillo y madera y algunos otros más
pobres, con simples agujeros pelados que se abrían en la tierra.
La comunicación entre los habitantes de la ciudad era de
brocal a brocal y las noticias cundían rápidamente, de punta a punta del
poblado. Un día llegó a la ciudad una "moda" que seguramente había
nacido en algún pueblito humano: La nueva idea señalaba que todo ser viviente
que se precie debería cuidar mucho más lo interior que lo exterior. Lo
importante no es lo superficial sino el contenido.
Así fue como los pozos empezaron a llenarse de cosas.
Algunos se llenaban de joyas, monedas de oro y piedras preciosas. Otros, más
prácticos, se llenaron de electrodomésticos y aparatos mecánicos. Algunos más,
optaron por el arte, y fueron llenándose de pinturas, pianos de cola y
sofisticadas Esculturas posmodernas. Finalmente los intelectuales se llenaron
de libros, de manifiestos ideológicos y de revistas especializadas.
Pasó el tiempo.
La mayoría de los pozos se llenaron a tal punto que ya no
pudieron incorporar nada más. Los pozos no eran todos iguales, así que, si bien
algunos se conformaron, hubo otros que pensaron que debían hacer algo para
seguir metiendo cosas en su interior...
Alguno de ellos fue el primero: en lugar de apretar el
contenido, se le ocurrió aumentar su capacidad ensanchándose. No pasó mucho
tiempo antes de que la idea fuera imitada, todos los pozos gastaban gran parte
de sus energías en ensancharse para poder hacer más espacio en su interior. Un
pozo, pequeño y alejado del centro de la ciudad, empezó a ver a sus camaradas
ensanchándose. Él pensó que si seguían hinchándose de tal manera, pronto se
confundirían los bordes y cada uno perdería su identidad...
Quizás a partir de esta idea se le ocurrió que otra
manera de aumentar su capacidad era crecer, pero no a lo ancho sino hacia lo
profundo. Hacerse más hondo en lugar de más ancho. Pronto se dio cuenta de que
todo lo que tenía dentro de él le imposibilitaba la tarea de profundizar. Si quería ser más profundo
debía vaciarse de todo contenido... Al principio tuvo miedo al vacío, pero
luego, cuando vio que no había otra posibilidad, lo hizo.
Vacío de posesiones, el pozo empezó a volverse profundo,
mientras los demás se apoderaban de las cosas de las que él se había desecho...
Un día, sorpresivamente el pozo que crecía hacia adentro tuvo una sorpresa:
Adentro, muy adentro, y muy en el fondo ¡¡encontró agua!!. Nunca antes otro
pozo había encontrado agua... El pozo superó la sorpresa y empezó a jugar con
el agua del fondo, humedeciendo las paredes, salpicando los bordes y por último
sacando agua hacia afuera.
La ciudad nunca había sido regada más que por la lluvia,
que de hecho era bastante escasa, así que la tierra alrededor del pozo,
revitalizada por el agua, empezó a despertar. Las semillas de sus entrañas,
brotaron en pasto, en tréboles, en flores, y en tronquitos endebles que se
volvieron árboles después... La vida explotó en colores alrededor del alejado
pozo al que empezaron a llamar "El Vergel".
Todos le preguntaban como había conseguido el milagro.
- Ningún
milagro - contestaba el Vergel - hay que buscar en el interior, hacia lo
profundo... Muchos quisieron seguir el ejemplo del Vergel, pero desandaron la
idea cuando se dieron cuenta de que para ir más profundo debían vaciarse.
Siguieron ensanchándose cada vez más para llenarse de más y más cosas...
En la otra punta de la ciudad otro pozo, decidió correr
también el riesgo del vacío...
Y también empezó a profundizar...
Y también llegó al agua...
Y también salpicó hacia fuera creando un segundo oasis
verde en el pueblo...
¿Qué harás cuando se termine el agua? - le
preguntaban.
No sé lo que pasará - contestaba - pero cuando
más agua saco, más agua hay.
Pasaron unos cuantos meses antes del gran descubrimiento.
Un día, casi por casualidad los dos pozos se
dieron cuenta de que el agua que habían encontrado en el fondo de sí mismos era
la misma...
Que el mismo río subterráneo que pasaba por
uno inundaba la profundidad del otro.
Se dieron cuenta de que se abría para ellos
una nueva vida.
No sólo podían comunicarse, de brocal a
brocal, superficialmente, como todos los demás, sino que la búsqueda les había
deparado un nuevo y secreto punto de contacto:
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