Un Viaje en Tren
Enviado por Martin
Guizado , el
31/05/01 15:19
Un día leí un libro que comparaba la vida con un viaje en
tren. Una comparación extremadamente interesante cuando es bien interpretada.
Interesante, porque nuestra vida es como un viaje en tren, llena de embarques y
desembarques, de pequeños accidentes en el camino, de sorpresas agradables, con
algunas subidas y bajadas tristes. Cuando nacemos y subimos al tren,
encontramos dos personas queridas que nos harán conocer el viaje hasta el fin:
nuestros padres.
Lamentablemente, ellos en alguna estación se bajarán para
no volver a subir más. Quedaremos huérfanos de su cariño, protección y afecto.
Pero a pesar de esto, nuestro viaje debe continuar; conoceremos otras
interesantes personas, durante la larga travesía, subirán nuestros hermanos,
amigos y amores. Muchos de ellos sólo
realizarán un corto paseo, otros estarán siempre a nuestro lado compartiendo
alegrías y tristezas.
En el tren también viajaran personas que andarán de vagón
en vagón para ayudar a quien lo necesite. Muchos se bajarán y dejarán recuerdos
imborrables. Otros en cambio viajarán ocupando asientos, sin que nadie perciba
que están allí sentados. Es curioso ver como algunos pasajeros a los que
queremos, prefieren sentarse alejados de nosotros, en otros vagones. Eso nos
obliga a realizar el viaje separados de ellos. Pero eso no nos impedirá, con
alguna dificultad, acercarnos a ellos.
Lo difícil es aceptar que a pesar de estar cerca... no podremos
sentarnos juntos, pues muchas veces otras son las personas que los acompañan.
Este viaje es así, lleno de atropellos, sueños, fantasías, esperas, llegadas y
partidas. Sabemos que este tren sólo realiza un viaje: el de ida.
Tratemos, entonces de viajar lo mejor posible, intentando
tener una buena relación con todos los pasajeros, procurando lo mejor de cada
uno de ellos, recordando siempre que, en algún momento del viaje, alguien puede
perder sus fuerzas y deberemos entender eso. A nosotros también nos ocurrirá lo
mismo seguramente Alguien nos entenderá y ayudará.
El gran misterio de este viaje es que no sabemos en cual
estación nos tocará descender. Pienso: Cuándo tenga que bajarme del tren,
¿Sentiré añoranzas?.
Mi respuesta es sÍ; dejar a mis hijos
viajando solos será muy triste.
Separarme de los amores de mi vida será
doloroso.
Pero tengo la esperanza de que en algún momento nos
volveremos a encontrar en la estación principal y tendré la emoción de verlos
llegar con mucha más experiencia de la que tenían al iniciar el viaje. Seré
feliz al pensar que en algo pude colaborar para que ellos hayan crecido como
buenas personas.
Ahora, en éste momento, el tren disminuye la velocidad
para que suban y bajen personas. Mi emoción aumenta a medida que el tren va
parando... ¿Quién subirá?, ¿Quién será?. Me gustaría que USTED pensase que,
desembarcar del tren, no es sólo una representación de la muerte o el término
de una historia que dos personas construyeron y que por motivos íntimos dejaron
desmoronar.
Estoy feliz de ver como ciertas personas, como nosotros,
tienen la capacidad de reconstruir para volver a empezar, eso es señal de lucha
y garra y saber vivir es poder obtener lo mejor de todos los pasajeros.
Agradezco a DIOS porque estemos realizando este viaje
juntos y a pesar de que nuestros asientos no estén juntos, con seguridad el
vagón es el mismo.
¡Que dios nos permita viajar en este tren y estar siempre unidos!
¡Que dios los bendiga!
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