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Parte izquierda ó Parte derecha
Si le asignamos a la parte izquierda: la habilidad de la "estrategia humana", la que define la razón de ser de nuestra vida, la que nos permite definir, paso a paso racionalmente, programas y planes de vida, podríamos asignarle a nuestra parte derecha: el papel de lugar de residencia de las infinitas respuestas espontáneas de la "táctica humana", lugar que podemos educar para tener respuestas espontáneas y sabias a las exigencias que nos imponen la naturaleza y la sociedad.
Ante esta analogía, podemos decir que el Zen es una Tecnología de Potencial Humano, equilibradora de nuestra mente y educadora del lado derecho de nuestra mente. No obstante, el mismo Zen de algunas escuelas orientales busca el equilibrio mediante ejercicios de meditación que podríamos calificar como imaginerías, más cerca de lo racional que de lo intuitivo. Así, tendríamos en esa misma categoría a las distintas formas de meditación Occidental, las técnicas de Control Mental y los ejercicios de imaginería propuestos por el Zen, por el do-in, por el Chi Kun y por el Tai Chi.
La meditación racional y tecnologías de quiebre experimental de la racionalidad:
En las meditaciones "racionales" se suele emplear un objeto, concreto o abstracto, siendo nuestra mente el mediador entre nosotros y el objeto, hasta lograr un estado de confusión: ser uno el objeto o ser uno con el objeto. Un ejemplo, sería enfocar nuestra atención sobre la llama de una vela, introducirse en el proceso de generación de la llama, entrar por su intermedio en el lugar común de las llamas, por ejemplo, en las llamaradas del sol, y finalmente, ser uno llama.
El Zen mismo tiene ejercitaciones de este tipo con los "koan", especie de acertijos irracionales que el maestro presenta al estudiante para ayudarlo a quebrar la "dualidad sujeto - objeto" de su mente racional. El estudiante debe poner su vida en el koan que le han designado, todas sus energías mentales, pensando y no pensando en el koan, tratando incluso de olvidarlo, hasta que llega un momento que, generalmente con la ayuda de su maestro y del Zazen, logra "verlo" con los ojos de su intuición, de su parte derecha en la analogía de los dos neoencéfalos.
Esta experiencia de ver la realidad de las cosas sin intelectualizarlas, aún siendo muy inteligente en el sentido clásico del término, es el "satori", fin último de la práctica del Zen. Estos "estados" no siempre son duraderos sino que aparecen como chispazos en nuestra mente que ya, al menos durante la duración de ese chispazo, no se presenta como dual. Sería como si se viera la cosa, y todas las cosas por extensión, tal como son, sin la subjetividad del yo. La experiencia milenaria del Zen asegura que a partir de ese momento, si se persevera, se logran esos estados con mayor frecuencia y naturalidad, hasta llegar un momento en el cual, a partir de allí, la persona ve siempre y todo tal como es, pudiendo decirse de la misma que es un "iluminado" y si es budista que ha alcanzado el estado de Buda, la budeidad.
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