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Miercoles 20 de agosto del 2008
 
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Nacido en 1908, en Chanteloup, cerca de París, Henry Cartier-Bresson frecuentó la Escuela Fénelon y el Liceo Condorcet de París, antes de estudiar pintura junto a Cotener, de 1922 a 1923, y André Lhote, de 1927 a 1928. en 1931, se inscribió en la Universidad de Cambridge para perfeccionar sus estudios de pintura y filosofía. Comenzó su carrera de fotógrafo en 1931. Después de participar en una expedición etnológica a México, trabajó como fotógrafo independiente. En 1932, el galerista Julien Levy organizó su primera exposición individual. En 1935 adquirió sus primeros conocimientos sobre cinematografía junto a Paul Strand, y fue asistente operador de Jacques Becker, André Zvodoba y Jean Renoir. En 1937 filmó documentales sobre España y fue hecho prisionero por los alemanes en Baden-Wurtemberg, en 1940.

Después de su evasión, en 1943, Cartier-Bresson ingresó en el MNPGD, una organización clandestina francesa. Después de 1945 volvió a trabajar como fotógrafo independiente. Sus fotografías fueron publicadas en un gran número de obras, entre las que se cuentan "Imágenes precipitadas", "De una China a la otra", o "Delitos en flagrante". En 1970 contrajo matrimonio con la fotógrafa Martine Franck.

Cartier-Bresson es una leyenda viviente. No hay ningún otro fotógrafo que, como él, sea citado tan a menudo para ilustrar una de las grandes posibilidades de la fotografía: la de fijar el instante. Pero para Cartier-Bresson no se trata de cualquier instante, como es el caso de los autores del 99% de los millones de imágenes hechas todos los días. Para él sólo cuenta "el momento decisivo", aquel que lleva en sí mismo la esencia de una situación.

El fotógrafo trabajó para casi todos los grandes periódicos internacionales. Fundó con Robert Capa, David "Chim" Symour y George Rodger el grupo "Mágnum", y viajó por la India, Birmania, Pakistán, China, Indonesia, Cuba, México, Canadá, Japón y la ex Unión Soviética.

Hoy, Cartier-Bresson ha abandonado la fotografía para retornar a su primera pasión: la pintura y el dibujo. Aquellos que deploran su ausencia tal vez no tomaron suficientemente en serio sus declaraciones anteriores: "A fin de cuentas, la foto en sí misma no me interesa en absoluto. Lo único que quiero es retener la realidad, una fracción de segundo".

Cartier-Bresson insistió constantemente sobre el hecho de que es imposible aprender el arte de la fotografía. El tenía el talento de comprender rápidamente las cosas, al mismo tiempo que una extraordinaria capacidad de reacción. Poseía un instinto que le hacía encontrarse siempre - cuando la situación le interesaba - en el lugar apropiado y en el momento apropiado, para apretar el disparador cuando la situación alcanzaba el punto culminante. Así, logró siempre arrancar al pasado una fracción de realidad y hacerle una mueca burlona al tiempo. Para Cartier-Bresson, es muy importante la idea de que la fotografía está en condiciones de producir una imagen fiel de la realidad, que es capaz de decir la verdad. Su forma de fotografiar sólo se concibe a partir de ese postulado. Porque el instante del que hablamos, considerado "decisivo", lo es únicamente en el contexto de una situación vivida: para ser comprendido, debe tener una relación directa con la realidad. En ese sentido, Cartier-Bresson es un fino observador, un hombre con gran capacidad para ver que sabe lo que quiere y lo que le interesa. En cierta oportunidad, él mismo se comparó con un pescador que tiene un pez en el extremo de la caña: "de lo que se trata es de acercarse cautelosamente a la presa y asestarle el golpe fatal en el momento oportuno".



 
 








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