Intereses extra científicos
Una de las características de la investigación científica
actual es la gran cantidad de recursos que necesita. Ciertas actividades - como
la investigación espacial, genética o de nuevos materiales - solamente pueden
ser solventadas por los gobiernos o por grandes empresas. En particular, cuando
la investigación científica está a cargo de universidades públicas y organismos
oficiales, la ciencia queda fuertemente subordinada a la política.
En cualquier caso, los gobiernos pueden influir - y de
hecho lo hacen - sobre la marcha de la actividad científica a través de la
asignación de recursos y mediante el dictado de leyes reguladoras.
El estímulo estatal a la investigación puede tener
orígenes y derivaciones complejas.
En 1941 el presidente norteamericano Franklin D.
Roosevelt firmó un decreto que proporcionó los fondos necesarios para las
investigaciones sobre la bomba atómica. Pero la iniciativa partió de los
científicos. El inmigrante húngaro Leo Szilard comprendió la importancia que
tendría la bomba en el desarrollo de la guerra e inició una campaña que terminó
con la famosa carta de Einstein a Roosevelt.
La firma de Einstein al pie de esa carta convenció al presidente.
Otro caso interesante fue el del programa espacial Apolo
que en los años 60 culminó con la llegada a la Luna de astronautas
norteamericanos. Este programa surgió a partir de la necesidad política, en
plena guerra fría, de poner a los Estados Unidos a la cabeza de la carrera
espacial. Alcanzada la meta, el interés de la opinión pública decayó y el
programa Apolo fue abandonado aunque la guerra fría continuó.