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Otros Documentos

 

El Folade, Fondo latinoamericano de Desarrollo de Costa Rica (http://www.folade.org/deuda.htm), publica un interesante artículo de Moreno Valderrama, mereciendo destacarse del mismo los siguientes párrafos:

 

Es hoy evidente que el Estado latinoamericano no ejerce una función de redistribución de riqueza. Los fondos de inversión social que comprometen recursos muy limitados y que debieron ser programas contingentes de emergencia se constituyen en paliativos cuyo funcionamiento se dilata frente a la dificultad para encontrar soluciones estructurales.

 

El Estado descarga responsabilidades en cuanto al acceso de los ciudadanos a servicios básicos de educación y salud, pero se aferra al pago sigiloso de los compromisos de la deuda. El servicio anual de la deuda en Latinoamérica representa una cuarta parte del presupuesto y supera en buena parte de los casos el gasto social de los diversos países. Un grupo de organizaciones eclesiásticas y organizaciones privadas de desarrollo en el Perú vienen llamando la atención como el Estado Peruano en una situación de catástrofe nacional por el Fenómeno del Niño insiste en no negociar el servicio anual de la deuda, aún cuando evidentemente carece de recursos suficientes para atender la emergencia que afrontan décadas de miles de personas que han perdido, cultivos, casas, pertenencias y empleos. El monto previsto para el pago anual de la deuda (1,700 millones de dólares) permitiría justo encarar esta emergencia.

 

 

 

Las iglesias han levantado su voz reclamando la reducción o condonación de la deuda. El Papa ha invitado a que, en el espíritu del libro del Levítico, se haga del Jubileo del año 2,000 un tiempo oportuno para pensar en una notable reducción, sino en una total condonación de la deuda. El Consejo Mundial de Iglesias ha acordado lanzar una campaña en ese mismo sentido. Los padres provinciales de la Compañía de Jesús en América Latina han relevado que la deuda externa constituye una limitación seria para el potencial desarrollo de América Latina y han llamado a condonar una parte de la deuda y velar porque su pago no perjudique el gasto social.

 

 

 

Carta de un Jefe Indio a los gobiernos de Europa

 

 

De Guaicaipuro Cuautémoc, un verdadero Jefe Indio, publicado por la revista Renacer Indianista N 7

http://www.geocities.com/Athens/Forum/2541/externa.htm, con fecha 14 de febrero de 1998. Este documento denominado La Verdadera Deuda Externa está lleno de un comprensible y justificado rencor que puede opacar su brillantez. Nos permitimos reproducir sus principales conceptos.

 

 

 

Aquí pues yo, Guaicaipuro Cuautémoc, he venido a encontrar a los que celebran el encuentro. Aquí pues yo, descendiente de los que poblaron la América hace cuarenta mil años, he venido a encontrar a los que se la encontraron hace quinientos años.

 

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También yo puedo reclamar pagos. También puedo reclamar intereses. Consta en el Archivo de Indias. Papel sobre papel, recibo sobre recibo, firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucar de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América. ¿Saqueo? ¡No lo creyera yo! Porque es pensar que los hermanos cristianos faltan a su séptimo mandamiento. ¿Expoliación? ¡Guárdeme Tanatzin de figurarme que los europeos, igual que Caín, matan y después niegan la sangre del hermano! ¿Genocidio? ¡Eso sería dar crédito a calumniadores como Bartolomé de las Casas que califican al encuentro de destrucción de Las Indias, o a ultrosos como el doctor Arturo Pietri, quien afirma que el arranque del capitalismo y de la actual civilización europea se debió a la inundación de metales preciosos!

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En lo financiero han sido incapaces - después de una moratoria de 500 años- tanto de cancelar capital e intereses, como independizarse de las rentas líquidas, las materias primas y la energía barata que les exporta el Tercer Mundo. Este deplorable cuadro corrobora la afirmación de Milton Friedman conforme a la cual una economía subsidiada jamás podrá funcionar. Y nos obliga a reclamarles - por su propio bien- el pago de capital e intereses que tan generosamente hemos demorado todos estos siglos.

 

Al decir esto, aclaramos que no nos rebajaremos a cobrarles a los hermanos europeos las viles y sanguinarias tasas flotantes de un 20 por ciento y hasta un 30 por ciento que los hermanos europeos le cobran a los pueblos del Tercer Mundo. Nos limitaremos a exigir la devolución de los metales preciosos adelantados, más el módico interés fijo de un 10 por ciento anual acumulado durante los últimos 300 años. Sobre esta base, aplicando la europea fórmula de interés compuesto, informamos a los descubridores que sólo nos deben, como primer pago de su deuda, una masa de 185.000 kilos de oro y 16 millones de kilos de plata, ambas elevadas a la potencia de trescientos. Es decir un número para cuya expresión total serían necesarias más de trescientas cifras, y que supera ampliamente el peso de la tierra.

 

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Dicen los pesimistas del Viejo Mundo que su civilización está en una bancarrota que les impide cumplir con sus compromisos financieros o morales. En tal caso nos contentaríamos con que nos pagaran entregándonos la bala con que mataron al poeta.

Pero no podrán. Porque esa bala es el corazón de Europa.

 

Guaicaipuro Cuautémoc