Cartas de Lectores de aunmas
Carta del Lector Número 1
Número: 001
Fecha: 10 09 2002
Lector: Agu

E-mail: agustin@aunmas.com


Fobias

El Porqué del Antiamericanismo

Nota de la Editorial
Es un reenvío de nuestro Agustín, extraído de un artículo del Miami Herald, en su versión en Español. Agustín nos dice: creo que éste artículo de OSCAR ARIAS SÁNCHEZ, ex presidente de Costa Rica, y Premio Nobel de la Paz por su participación en la pacificación de Centroamérica, que adjunto, resume a mi entender el porqué del creciente Antiamericanismo en el mundo. Sus conceptos deberían ser muy tenidos en cuenta dado su perfil francamente pacifista y americanista.

Reportaje de DANIEL HULSHIZER / Associated Press

Al cumplirse el primer aniversario de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, en muchas partes del mundo existe un creciente antiamericanismo. Mucha gente siente envidia de los Estados Unidos. Las imágenes de ese gran país que pasan por las pantallas de televisión y de las computadoras presentan una sociedad adinerada y confortable, alejada de la miseria que es tan común en muchas otras naciones. Sin embargo, no es esa envidia, por sí sola, lo que incita el antiamericanismo. También existe un alto grado de resentimiento hacia los Estados Unidos por su unilateralismo. Es evidente la absoluta desatención que ha mostrado la Administración Bush en relación con iniciativas internacionales como el Protocolo de Kioto y el Tribunal Penal Internacional. También es notorio su actual interés en lanzar unilateralmente una guerra no provocada contra Irak, sin el respaldo de las Naciones Unidas o de sus aliados de la OTAN. Según algunos analistas, el apoyo incondicional que los Estados Unidos le brinda al gobierno de Israel ha comprometido su posición en las negociaciones de paz en el Medio Oriente y ha aumentado en el mundo árabe los sentimientos contra los estadounidenses.

Al terminar la Guerra Fría los Estados Unidos se convirtieron en un país en busca de un enemigo. A partir del 11 de septiembre del año pasado encontraron su enemigo: el terrorismo. Creo que el antiamericanismo es hoy más intenso que durante la Guerra de Vietnam. Las palabras y acciones de la campaña antiterrorista del presidente Bush en algunas ocasiones han ofendido tanto a sus enemigos como a sus amigos. ¿Por qué, por ejemplo, los Estados Unidos provocaron innecesariamente a Irán incluyéndolo en el "Axis of Evil"? ¿Por qué quieren ahora arriesgar su ya precaria posición ante los países árabes y poner en peligro su alianza con las naciones europeas invadiendo a Irak?

Octavio Paz dijo en una ocasión que la política exterior de los Estados Unidos se puede describir con dos palabras gemelas: arrogancia e ignorancia. No es una conclusión inevitable que el gobierno de Washington sea el blanco de sentimientos de ira y desconfianza. Sin embargo, muchas de sus acciones, tanto pasadas como presentes, han servido para estimular y agudizar esos sentimientos. La humildad y la cordura en la política exterior de los Estados Unidos contribuirían mucho en la creación de un mundo más pacífico. Si utilizaran el diálogo y la diplomacia más frecuentemente, en lugar de recurrir al uso de la fuerza militar, su liderazgo sería mayor.

Al igual que la mayoría de las personas civilizadas, condeno fuertemente el terrorismo y lo considero una amenaza muy peligrosa, no solo para los Estados Unidos, sino también para toda la humanidad. No obstante, el terrorismo no es la única amenaza existente. Mucho antes de que los Estados Unidos dirigieran su atención al terrorismo, otras amenazas, tales como el analfabetismo, la degradación ambiental y el hambre atormentaban a diferentes países en todo el orbe. Lamentablemente, estas amenazas no se han reducido. Más bien, han aumentado; y en ninguno de estos casos los Estados Unidos han asumido el liderazgo necesario para hacerles frente. Esto irrita a la gente. La gente se resiente de lo poco que los Estados Unidos dan en ayuda externa, en comparación con su producto interno bruto. También se resiente por su imposición de barreras proteccionistas que desalientan un comercio más libre.

Los Estados Unidos deben pensar larga e intensamente en la responsabilidad que envuelve el hecho de ser la única superpotencia mundial y convertir esos pensamientos en acciones tangibles y eficaces. ¿Por qué librar tan solo una guerra contra el terrorismo, cuando también se debe librar la guerra contra la pobreza y la enfermedad? Podrían lanzar su lucha a favor de los pobres del mundo aumentando sustancialmente la ayuda a Africa. En el año 2001 Estados Unidos aportó aproximadamente 800 millones de dólares en ayuda para el desarrollo a favor de los países del Africa subsahariana. En una región que tiene aproximadamente 700 millones de personas, eso equivale a un poco más de un dólar por persona al año, una suma insignificante para una parte del mundo en donde es abrumadora la necesidad de ayuda. El reciente anuncio de una mayor asistencia, hecho por el presidente Bush, significa un comienzo, pero tanto los Estados Unidos como otros países industrializados deben ir aún más lejos.

En realidad, lo que hoy se necesita es un nuevo Plan Marshall para los pobres del mundo. De 1948 a 1951, los Estados Unidos gastaron 13,000 millones de dólares para reconstruir Europa después de la guerra. ¿Qué haría falta para lograr que los gobiernos de las naciones prósperas e industrializadas se comprometieran hoy a realizar un plan similar, a fin de reconstruir los países más pobres del mundo, devastados por siglos de colonialismo, desastres naturales, conflictos armados y un deficiente ejercicio del poder? Pienso que los países que integran la OCDE o el G8, más algunos otros, deberían reasignar un pequeño porcentaje de sus gastos de defensa militar a la defensa humanitaria de las naciones en vías de desarrollo. Con sólo dedicar a tales fines el 5% de lo que el mundo gasta en armas y soldados a lo largo de diez años, habrían suficientes recursos para garantizar educación básica, nutrición y atención médica, higiene y agua potable a toda la población del mundo. Si se llevara a cabo un plan como éste, los Estados Unidos demostrarían una compasión y una solidaridad que serían, indudablemente, ejemplos dignos de emularse.


Ciertamente, como la nación más poderosa en el escenario internacional, los Estados Unidos deben llegar a ser una superpotencia no sólo en los campos económico y militar sino también en el campo moral. Iniciar un camino en esta dirección nos beneficiará a todos y reducirá el extendido antiamericanismo que existe en la actualidad.


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