Número: 023
Fecha:16 02 2003
Lector:Raúl Gonzales
La crisis de Irak, manos abiertas o cerradas.
No somos dueños, sino oyentes, testigos de la Palabra. Y sabemos
que la Palabra tiene la última palabra, también en la
crisis de Irak. Dijo Juan Pablo el 13-02-03: “L'ultima parola
è sempre di Dio”…. “La mano divina è
capace di tutelare chi è retto e fiducioso anche quando irrompono
avversari crudeli”.
Hoy hubo, entre tantos otros, dos acontecimientos
para tener presentes. Uno, la visita de Tareq Aziz a Asís,
luego de su entrevista con el Papa y el otro, la reunión
del Consejo de Seguridad de la ONU para tratar la crisis de Irak.
Allí los cancilleres de las naciones miembros fijaron sus
posiciones. El Secretario de estado de los EEUU, nación que
hace gala de creer en Dios como dice su constitución y pretende
ser líder en la defensa de los derechos humanos, defendió
la necesidad de la guerra ya. La mano cerrada. En cambio el canciller
de Rusia, una nación que no reconoce a Dios y es poscomunista,
afirmó la necesidad de avanzar con las negociaciones ya que
había señales positivas de parte de Irak. La guerra,
dijo, debe ser el último recurso, para concluir afirmando
que no era casualidad que la reunión se celebrase en el día
de San Valentín, el día del amor. La mano abierta.
Sorpresa general. Como hubo aplausos del resto de los presentes
en la sala del Consejo de Seguridad, el canciller alemán
que presidía la reunión recordó a los asistentes
que no deben realizar manifestaciones de ningún tipo, ni
aun el día de San Valentín. Podemos agregar otras
sorpresas, como la visita del enviado del Papa a Irak portador de
una carta a Saddam Husein, la reunión en el Vaticano con
el canciller alemán y con el representante de Irak. La “mano
divina” invita a abrir otras manos para sellar la paz. Siempre
esta tendida a la espera del “apretón”.
Cuando moría el feudalismo y
nacía una nueva época, también había
guerras y santos, manos abiertas y cerradas, como en todo cambio
de sistema, de época, como hoy. Es bueno recordar un diálogo
respetuoso en medio de una guerra de religión como el de
San Francisco con el sultán Malek Al-Kamil.
“El encuentro con el sultán
Malek Al-Kamil (1218-1223), en el año 1212, fue sin duda
el más importante de todos esos encuentros. Tan llamativo
fue que no sólo nos informan sobre él todas las fuentes
franciscanas, sino también varios cronistas de fuera de la
Orden e incluso una inscripción arábigo-musulmana.
El hecho de que Francisco cruzara el mar en un barco de los cruzados
y predicara al ejército cristiano, acampado ante los muros
de Damieta, no fue lo más extraordinario. La fiebre de la
cruzada había hecho presa en muchos, y el papa y sus aliados
políticos se habían propuesto reconquistar los Santos
Lugares. Lo más llamativo consistió en que el pequeño
y enjuto hombrecillo de Asís lograra llegar a la presencia
del sultán y pudiera predicarle - ¡y regresar sano
y salvo! -; de hecho los mahometanos habían puesto precio
a la cabeza de los cristianos. Aquel encuentro sólo fue posible
gracias a la forma, al método empleado por el misionero de
Asís, un método con el que logró superar las
barreras y que no es otro que el del diálogo y la renuncia
a la violencia.
Y, en efecto, durante varios días
el sultán y los suyos «le escucharon (a Francisco)
con mucha atención la predicación de la fe en Cristo.
Pero, finalmente, el sultán, temeroso de que algunos de su
ejército se convirtiesen al Señor por la eficacia
de las palabras del santo varón y se pasasen al ejército
de los cristianos, mandó que lo devolviesen a nuestros campamentos
con muestras de honor y garantías de seguridad, y al despedirse
le dijo: «Ruega por mí, para que Dios se digne revelarme
la ley y la fe que más le agrada.» Así describe
el encuentro Jacobo de Vitry, a la sazón obispo de San Juan
de Acre y presente en el campamento cristiano de Damieta (BAC 967b)”.
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