| Historia del Fútbol |
Comienzo del Fútbol organizado: Mientras que en el continente europeo y en otras partes del mundo casi no se hablaba de fútbol organizado, en Gran Bretaña se organizaban ya partidos internacionales, siendo disputado el primero en 1872 entre Inglaterra y Escocia. Con el incremento del fútbol organizado y el ya sorprendente alto número de espectadores, se presentaron los problemas con los cuales tuvieron que enfrentarse lotros países mucho más tarde: por ejemplo, el asunto del profesionalismo. La primera referencia al respecto data del año 1879, cuando un pequeño club de Lancashire, Darwen, alcanzó dos veces un empate sensacional contra el imbatible Old Etonians, antes de que los famosos aficionados londinenses pudieran asegurarse la victoria. Dos jugadores del equipo de Darwen, los escoceses John Love y Fergus Suter, parecen haber sido los primeros en haber recibido dinero por su arte futbolístico. Estos casos se multiplicaron y ya en 1885, la F.A. estuvo obligada a legalizar oficialmente el profesionalismo. Esto fue cuatro años antes de que se fundaran las primeras asociaciones nacionales fuera del sector británico, la de Holanda y la de Dinamarca.
El Fútbol organizado se expande: Después de la Asociación Inglesa de Fútbol siguieron como asociaciones más antiguas del mundo la Asociación Escocesa de Fútbol (1873), la Asociación del País de Gales (1875) y la Asociación Irlandesa, Belfast (1880). Considerando estrictamente el asunto, cuando se jugó el primer partido internacional en la historia del fútbol, los ingleses no tenían ninguna asociación análoga con la que pudieran haber competido. Escocia e Inglaterra se enfrentaron el 30 de noviembre de 1872 en Glasgow, cuando todavía no existía una Asociación Escocesa, la cual se fundó recién tres años más tarde. Contra Inglaterra jugó el equipo de club escocés más antiguo, el Queen's Park FC.
Fuera de Inglaterra, el fútbol fue expandiéndose, principalmente a causa de la influencia británica, primero lentamente y luego cada vez más rápidamente en todo el mundo. Después de la fundación de las asociaciones de
Holanda y Dinamarca (1889),
Nueva Zelanda (1891), Argentina (1893), Chile, Suiza y Bélgica (1895),
Italia (1898),
Alemania y Uruguay (1900),
Hungría (1901),
Noruega (1902),
Suecia (1904),
España (1905),
Paraguay (1906) y
Finlandia (1907).
Cuando en mayo de 1904 se fundó la FIFA, siete países hicieron de padrinos: Francia, Bélgica, Dinamarca, Holanda, España (representada por el Madrid FC), Suecia y Suiza. La Asociación Alemana declaró, el mismo día por telegrama, su afiliación.
La comunidad internacional de fútbol fue creciendo continuamente, a veces con reveses y obstáculos. En 1912, la Federation Internationale de Football Association contaba ya con 21 asociaciones; en 1925 con 36; en 1930, año del primer Campeonato Mundial, con 41; en 1938 con 51; en 1950, cuando a causa de la interrupción ocasionada por la guerra se volvió a competir por tercera vez por un titulo mundial, la FIFA contaba con 73 asociaciones. Hoy tiene ya 146 asociaciones afiliadas en todo el mundo. En ellas se reúnen unos 300,000 clubes, de los cuales 200,000 son europeos, y juegan unos 600,000 equipos con 16 millones de jugadores que participan regularmente en todo tipo de partidos.
El Juego de Pelota en la América Precolombina
Fuentes: Universidad de Guadalajara, México, Bernardino de Sahagún, Universidad de Oklahoma, UNESCO (Xochcalco), Museo Popol Vuh
Los Mayas tenían una especie de juego ritual de pelota que tenía reglas muy distintas a nuestro fútbol. Se jugaba con una pelota de goma que medía unos doce centímetros de diámetro. Dice la tradición que los que perdían eran ritualmente ejecutados mientras que los ganadores peleaban entre ellos y a los que perdían les cortaban la cabeza la que solía servir de pelota.
Según algunos investigadores, los jugadores eran prisioneros de guerra y se decapitaba a los que perdían. En realidad era más que un simple juego, era un ceremonial religioso que representaba el paso de los astros y el sol, representado por la pelota era la fuente de la vida.
El juego, que se llamaba Tlachtli en Náhuatl, pokyab o pok-ta-pok en Maya y taladzi en Zapoteca) era una actividad sagrada y tenía un sentido de nuestras ordalías de la Edad Media, conocer el designio de los dioses y por ello quien perdía debía ser decapitado. Los españoles lo prohibieron por considerarlo un vehículo de adoración de las deidades indígenas.
Las canchas se construían dentro de los centros ceremoniales, en la proximidad de los templos más importantes, y a menudo incluyen santuarios y altares de sacrificio (Chichén Itzá, Xochicalco, Tula, Monte Albán, El Tajín).
El espacio de juego tiene planta en forma de doble T o de I, como las áreas delimitadas para combates simulados con varios adversarios en las Artes Marciales Orientales, limitado a los lados por muros verticales o en talud. Este diseño general ofrecía dos variantes:
a) con tlachtemalácatl o anillo por donde había que pasar la pelota y el cual servía también para dividir el campo, usual en Tula y Xochicalco y entre los mexicas y los mayas del periodo Clásico; y
b) sin ese aditamento (mayas tardíos y Monte Albán), en cuyo caso los marcadores eran altares de planta circular (estelas de Chincultik y Piedras Negras, Chis.).
A juzgar por las representaciones que se conservan en Copán, los jugadores portaban sobre el máztlatl (taparrabo) un cinturón de cuero de venado con prolongaciones para proteger las caderas, así como musleras, rodilleras y un guante en la mano izquierda. En otras versiones aparecen con lujosos atavíos (disco de Chincultik y relieves de la plataforma oriente de Chichén Itzá), cascos (figuras de Tlapacoya) y gruesos cinturones (esculturas de Jaina), lo cual ha hecho pensar a algunos investigadores que se trataba de "yugos", mientras las "palmas" serían la exaltación en piedra de sus suntuosos broches.
La pelota era de hule, extraído del látex de varias especies vegetales, y tenían un diámetro de 10 a 12 cm. Por las descripciones de Sahagún, Durán, Molina y Oviedo, se sabe que la noche anterior a la justa, quienes habrían de participar en ella hacían penitencia; al día siguiente, los espectadores se sentaban en lo alto de las murallas, y los jugadores, divididos en dos bandos, se colocaban frente a frente y a lo largo de las banquetas; se trataba de que la pelota estuviera en constante movimiento, sin rebasar ciertas marcas, pegándole exclusivamente con el codo y el cuadril(Clavijero), las rodillas y las asentaderas (Durán), la cadera (Paterson), la cabeza, los hombros, los brazos y las asentaderas ( Blom) o la espalda y las rodillas (Linne).
Quien hacía que un adversario tocara la pelota con otra parte del cuerpo, o la lanzaba hasta la pared opuesta o por encima de la muralla, ganaba un punto; pero la única manera de conseguir un triunfo definitivo, en cualquier momento, consistía en hacer pasar la pelota por el anillo. Antes de la Conquista, este juego tenía un carácter fundamentalmente religioso. En los relieves de las banquetas de Chichén Itzá aparecen dos grupos de jugadores rivales separados por un disco que lleva una cabeza de la muerte; el primer jugador de uno de los equipos tiene una rodilla en tierra y acaba de ser decapitado; el opuesto lleva en una mano un cuchillo y en la otra la cabeza del sacrificado; y del cuello de la víctima brota la sangre en forma de serpiente y de un tallo provisto de frutos, todo lo cual sugiere un acto de culto a la fertilidad de la tierra.
Otras significaciones igualmente esotéricas constan en el Popol Vuh, libro sagrado de los mayas en que se describe un torneo de ese tipo entre deidades; y en el Códice Borgia, que representa al Tezcatlipoca negro (Yayauhqui) y al Tezcatlipoca rojo (Tlatlauhqui) enfrentados en un juego de pelota. Sin embargo, este deporte era tan popular que se practicaba también para dirimir disputas y problemas de límites, para adivinar la suerte, para correr apuestas y aún por codicia de los jugadores, pues quien lograba hacer pasar la pelota por el anillo podía despojar de todas sus joyas y prendas a los concurrentes. Su práctica debió estar muy extendida, pues sólo los pueblos de Tochtepec y Otatitlán tributaban a Moctezuma 16 mil pelotas de hule.
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