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Sabado 29 de abril del 2017
 
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El Testimonio Romano

No obstante, siempre hemos tenido la curiosidad de saber cómo era su aspecto físico. Al respecto, existe una descripción de Nuestro Salvador, en una carta cuyo original se encontraba en Roma. Era costumbre de los gobernadores romanos informar al Senado y al pueblo acerca de lo que sucedía en sus provincias. En tiempos de Tiberio César, Publius Tentullus, Presidente del Índice, escribió la siguiente carta al Senado, con respecto a Nuestro Señor Jesucristo:

" Aparece en estos días un hombre de gran virtud, que se llama Jesucristo, quien todavía está viviendo entre nosotros. Por los gentiles es aceptado como un profeta de la Verdad, pero sus propios discípulos lo llaman Hijo de Dios. Resucita a los muertos y cura toda clase de enfermedades.

Es un hombre de una estatura algo alta y garbosa, con un semblante muy venerable, el cual el espectador ama o teme. Sus cabellos son de color castaño; son lisos hasta los oídos, pero se vuelven más brillantes hacia abajo y caen en forma de rizos y ondas sobre sus hombros. En el centro de la cabeza trae un apartado, según el estilo de los nazaritos. Su frente es plana y muy delicada; su cara, sin ninguna mancha ni arruga,… Su nariz y su boca están formados de una manera que no se puede encontrar nada reprensible. Su barba es algo espesa y de color igual al de los cabellos; no es muy larga, pero es partida. Su mirada es inocente, pero dura, y sus ojos son de color gris claro y muy vivos.

Cuando censura es terrible; cuando te reprende es cortés y bien hablado. Su conversación es agradable, mezclada con seriedad. Nadie puede recordar si le ha visto riendo, pero muchos le han visto llorando. La proporción de su cuerpo es muy excelente,…Cuando habla es muy mesurado, modesto y sabio, y es una persona bella, superior a los hijos del hombre ".

Impresionado Tiberio César por la descripción que hizo Publius Tentullus de Jesús, envió un orfebre o escultor para que le trajera la efigie de Jesús cincelada en una esmeralda.

Más tarde, esta esmeralda le fue enviada al Papa Inocencio VIII desde Constantinopla. Mucho tiempo después, un pintor trazó el retrato de Jesús que ilustra esta página, copiándolo de la citada esmeralda.

Así es Jesús, a quien pronto veremos en su Segunda Venida a esta Tierra.



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