Intoxicación etílica
Por intoxicación etílica se entiende la originada por el consumo de bebidas alcohólicas. El mayor peligro está en la combinación de alcohol con medicamentos, sobre todo los que actúen en el sistema nervioso central, porque pueden acentuar sus efectos.
A corto plazo el consumo de alcohol produce neutralización de la sed, alivio en la tensión y disminución en la agudeza de los sentidos.
El grado de intoxicación depende fundamentalmente del volumen corporal y de que se ingieran o no alimentos a la vez pero en general podemos dar la siguiente descripción para un hombre de estatura y peso medios: Con tres tragos de whisky o 5 cervezas, se alcanza un nivel en sangre entre 50 y 80 mg por 100 ml. En los bebedores habituales esta cantidad no altera la conducta, pero se les observará reacciones más lentas y una menor capacidad para calcular distancias.
Con un nivel de 80 a 150 mg en 100 ml de sangre, la mayoría de las personas se vuelven muy extrovertidas, y pueden ponerse agresivas o desarrollar comportamientos "inusuales"
A partir de los 150 mg, ya empiezan a darse muestras de intoxicación, es difícil mantener el equilibrio y coordinar algunos movimientos.
Desde los 300 mg de alcohol por 100 ml. de sangre, la persona se siente realmente mal, puede que vomite, le cuesta mantenerse en pie y la respiración puede estar comprometida.
Si nos toca ayudar a una persona intoxicada gravemente, que vomita, sufre pérdida del conocimiento, temblores, deberemos llevarla a un centro de salud, allí procederán a hidratarlo e inyectarle medicamentos como Vitamina B6, para restablecer su equilibrio. Mientras tanto es importante: No permitir que el enfermo se enfríe, las personas con intoxicación etílica regulan muy mal la temperatura. Si vomita deberá mantenerse de costado para evitar el riesgo de que pueda ahogarse con su propio vómito, y sacarle de la boca, con el meñique, cualquier cosa que pudiera obstruirle el conducto respiratorio. Procurar mantenerle despierto.
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