Es mejor decir que hacer
En el decenio transcurrido después de la Cumbre Mundial en favor de la Infancia y la aprobación de la Convención sobre los Derechos del Niño, se han logrado muchos adelantos. Para que ese progreso se plasme plenamente, el mundo debe ahora obligarse a enfrentar y cambiar el miserable destino de los niños para los cuales los adelantos fueron escasos o simplemente nulos. Un factor de importancia crucial es que la erradicación de las peores formas de trabajo y explotación infantil se convierta para todos nosotros en una cruzada con plazos muy definidos, pero no en palabras, sino en hechos; no en discursos, sino en políticas y asignación de recursos; una cruzada mundial compartida por todos, sean cuales fueren las regiones donde habitamos, las culturas, las tradiciones espirituales o los niveles de desarrollo.
Una cruzada a la que todos contribuyamos voluntariamente de manera práctica. En los últimos ocho años, unos 90 países han logrado adelantos en este importante frente, al unirse en torno al Programa Internacional de Eliminación del Trabajo Infantil, de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), para formar una potente alianza en virtud de la cual esta cuestión se ha transformado en una cruzada mundial.
El Programa, que en 1992 sólo contaba con un país donante y seis Estados participantes, ahora cuenta con casi 25 donantes y más de 65 países participantes. En esos países, varios proyectos están ayudando a prevenir que los niños estén sujetos al trabajo infantil, a rescatarlos de esas situaciones mediante la rehabilitación y la educación y a proporcionar mejores medios de vida a sus familias, mediante un trabajo decoroso.
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